El madmax y los pisos regalados: la promesa que no llega
Hay una generación a la que se le prometió, con la insistencia de un mantra, que los pisos acabarían regalándose con tapas de yogur y que acumular latunes mientras se vivía de alquiler era la jugada maestra. Años después, la pregunta sigue sin respuesta: ¿cuándo llega el paraíso? ¿2027? ¿O hay que esperar algo más? El reproche no es menor: quienes sostenían ese relato a diario, con decenas de aplaudidores, habrían arruinado la vida de quienes les leían, que no eran pocos.
La discusión no tarda en girar hacia el coste real que dejó la anterior crisis. Entre 2008 y 2018 se registraron
415.117 procedimientos de embargo de vivienda en España, según una cifra que circula en el debate. Casi medio millón de personas arruinadas, una suerte de muerte civil: no solo se las echó a la calle, en muchos casos también arrastraron los inmuebles de sus padres y quedaron con deudas eternas. Ver a tus progenitores en la indigencia, viene a decirse, no es algo que se encaje con facilidad.
¿Dónde sí se regalan los pisos con tapas de yogur?
La respuesta geográfica aparece pronto: en la España vaciada. Allí, según un testimonio, una casa para renovar puede costar
6.000 euros y una vivable,
20.000. Un alquiler de 300 euros completa el cuadro. El inconveniente, se argumenta, es otro: que esas viviendas acaben en manos de un colectivo que las usa para vivir de ayudas públicas. Es una tesis que circula sin prueba alguna y que conviene dejar donde está, en el terreno de la opinión.
El contraste con los grandes núcleos es brutal. En un municipio catalán se cita una casa antigua del casco antiguo comprada por
75.000 euros más gastos para rehacerla entera. La horquilla entre 6.000 y 75.000 euros no la explica el mercado, sino la despoblación.
La inteligencia artificial como nuevo petardazo
El foco se desplaza después hacia otro supuesto apocalipsis. La inteligencia artificial, se sostiene, va a reventar la sociedad más que una bomba atómica: trabajos que antes llevaban un mes se despachan en cinco minutos, y la consecuencia lógica es que para el trabajo de 500 empleados se ponga a uno. El pronóstico incluye una advertencia sobre el consumo: cuando llegue el paro, la capacidad de compra se evapora.
Frente a los que esperan el colapso, hay quien recuerda que la ventana de oportunidad ya se cerró. Cuando muchos se registraron en estos espacios, había capacidad de compra real; las predicciones eran justas, pero la banca juega con las cartas marcadas y siempre gana. Otros sitúan el desenlace en octubre, sin más precisión. Y una corriente más terrenal apunta a los pueblos pequeños: ayudas de material escolar, por recién nacidos, para comida. Tener hijos, se dice, sale casi gratis.
El punto exacto donde el análisis se atasca es este: nadie sabe si el madmax llega en 2027, en octubre o nunca, y mientras tanto el único paraíso confirmado sigue estando en la España vaciada, a 6.000 euros la casa y con la vecindad por decidir.