El coche eléctrico hunde la demanda de petróleo, pero el surtidor no lo nota
La tesis es tajante: la energía solar y eólica ya son las fuentes más baratas en la mayor parte del mundo, el almacenamiento se abarata y los vehículos eléctricos están arrasando con la demanda de petróleo. La arquitectura energética cambia rápido. Y sin embargo, quien reposta cada semana no ve nada de eso en el precio. El barril se mantiene bajo, según el planteamiento inicial, gracias al boom renovable y al coche eléctrico, no pese a las tensiones geopolíticas. La pregunta incómoda es por qué ese ahorro macro no llega al bolsillo ni a la red.
El litro a 1,30 y la factura que no baja
El primer choque es de percepción. Mientras se celebra el desplome de la demanda, en el surtidor el gasoil se paga a
1,30 euros el litro y hay quien recuerda que, en términos reales, sigue más barato que hace años. El argumento que circula es que la devaluación monetaria se ha comido la bajada y que el precio nominal se mantiene contenido por motivos políticos. Cuando eso reviente, avisan, se notará.
En electricidad pasa algo parecido. Hay quien sostiene que la solar produce muchísimo —con unos pocos paneles se genera más de lo que se consume— y hay facturas de
26 euros con excedentes de casi cuatro veces el consumo. Pero la popularización no llega: los puntos de recarga en la calle siguen siendo anecdóticos, en garajes comunitarios casi inexistentes y en gasolineras, igual. Sin infraestructura, dicen, la moto no se vende.
¿Por qué no se ven cargadores en la calle?
Porque el despliegue va por detrás del discurso. La crítica más repetida no niega la electrificación, niega su peso real: habrá una cierta cantidad de eléctricos en el parque móvil, pero a este ritmo tardará mucho en mover el porcentaje. Y mientras, se recuerda que algunos fabricantes están volviendo al diésel y que otros apuestan por el hidrógeno. El consumidor que no puede enchufar en casa no compra.
La otra pata es la estabilidad. El episodio del apagón peninsular se usó como arma arrojadiza: unos lo atribuyen a las renovables, otros recuerdan que en países sin renovables hay más apagones. La posición más matizada es que las renovables no fueron el detonante, pero su alto peso condiciona cómo se comporta el sistema y qué necesidades de estabilidad tiene. Negar cualquier relación técnica, sostienen, también es desinformar.
La cuenta que no sale: fabricar placas gasta hidrocarburos
El argumento más duro contra el relato verde es el energético. Las placas y los aerogeneradores requieren ingentes cantidades de energía en su fabricación, y esa energía sale hoy de los hidrocarburos. Si tuvieran que fabricarse con electricidad de otras placas, la transición duraría milenios. La respuesta estándar es que la tasa de retorno energético va de
10:1 a 25:1: a lo largo de su vida, un panel produce mucha más electricidad que la que costó fabricarlo.
El problema es que ese cálculo no incluye el sistema completo. Un sistema aislado con baterías y almacenamiento serio no baja de
80.000 euros, y para alimentar a una familia con agricultura de subsistencia real hacen falta media hectárea en condiciones óptimas. Multiplicado por millones de familias, no hay país. La autosuficiencia individual suena bien hasta que se hacen las cuentas.
China fabrica, el mundo consume (y el precio no se mueve)
El dato que ordena todo el tablero es industrial. China concentra alrededor del
70% de los paneles solares, el 60% de los coches eléctricos y el 80% de las baterías del mundo. Fabrica para inundar el mercado y matar competencia, con apoyo estatal. Que su consumo de hidrocarburos se estanque puede deberse a la sobrecapacidad, a la desaceleración de su construcción o a ambas cosas. El efecto sobre el precio del crudo es real, pero no equivale a que la transición esté resuelta.
El helio, el origen del petróleo y otras teorías del café
El hilo deriva hacia terrenos menos convencionales. Se argumenta que el petróleo siempre aparece acompañado de helio y que, al ser un gas inerte, su presencia sistemática no puede explicarse solo por química: sería huella de procesos nucleares en el manto. La geología convencional lo atribuye a la desintegración de uranio y torio en la corteza, que migra y se acumula en las mismas trampas. Hay quien recuerda que el helio, como el nitrógeno, se disuelve en agua y en hidrocarburos a presión, y que encontrar petróleo, helio y agua juntos solo indica que comparten zona de menor compresión. La discusión no se cierra.
Con estos mimbres, la predicción razonable es que el petróleo siga contenido un tiempo por la sobrecapacidad china y el avance del eléctrico, y que el surtidor siga sin reflejarlo. Si el desplome de la demanda es estructural o solo un artefacto de la guerra comercial, nadie lo firma todavía.