El hilo se parte entre culpar al sueldo o al enchufismo
La conversación sobre los ingenieros del Estado se ha partido en dos. Unos sostienen que sin subir sueldos y quitar los puestos directivos a los políticos no habrá forma de retener talento. Otros responden que más dinero solo hará rotar a los mismos arribistas. En medio, un enlace sobre Países Bajos y una discusión sobre si Adif es o no funcionarial.
Qué se ha sabido
El hilo arranca con una noticia que se comparte:
Países Bajos prepara el despido de hasta el 60% de sus empleados públicos en algunos departamentos. La fecha que se maneja es el **29 de octubre de 2026**. A partir de ahí, los mensajes se centran en el caso español.
Un forero asegura que el sueldo de un nivel 24 o 26 rara vez supera los **2.700 euros netos al mes**, con trienios y complementos incluidos. Otro responde que las oposiciones de los cuerpos de ingenieros de la AGE son «puras o casi puras» y con temarios «técnicos y legales kilométricos». Se menciona que los asesores eventuales no funcionarios alcanzan el nivel 30 sin oposición.
Sobre Adif, un participante insiste en que su plantilla tiene contrato laboral, no es funcionaria. Se matiza que la situación es parecida: los trabajadores de base no acceden con facilidad a dirección ni a asesorías.
Dónde está la bronca
El choque es claro. Por un lado, se defiende que el problema es de incentivos: si un ingeniero sabe que los puestos directivos de Renfe, Adif o los ministerios técnicos caerán en manos de políticos y allegados, se refugia en una demarcación tranquila. Se cita el modelo francés como ejemplo de lo contrario. Por otro, se responde que un funcionario «es un ruin esté donde esté» y que cambiar los pesos de los puestos solo consigue «una rotación de mangantes, no una rotación de gente válida».
La discusión deriva hacia la selección. Un forero sostiene que los ingenieros que se ha cruzado en su vida laboral han dado «vergüenza ajena» y que tener el título no convierte a nadie en un titán de la optimización. Se le responde que eso no justifica poner a licenciados en filosofía o periodismo a llevar cuestiones técnicas de trenes y aviones.
El tono sube cuando se habla de enchufismo. Se afirma que los puestos directivos se ocupan por familiares de políticos o personas de confianza, no necesariamente afiliadas. Un participante lo resume: «La cuestión es la confianza. Es decir, tienes que ser “conocido” o “amigo de”». Otro añade que el problema es que los técnicos preparados dependen de «un mastuerzo con carnet de partido».
La burocracia de las licitaciones también entra en la refriega: meses de papeleo para contratar cualquier cosa y sin posibilidad de elegir proveedor por «transparencia». Se menciona el caso de Ábalos como ejemplo de que mientras tanto se roba a manos llenas.
Qué cambia respecto a antes
Lo que antes era una tesis sobre sueldos topados ahora se convierte en un debate sobre la composición de las plantillas. Entra con fuerza la distinción entre funcionarios y personal laboral en Adif. También aparece la noticia de Países Bajos como espejo de lo que podría pasar aquí. Y se cuela una discusión sobre si el problema es la selección o la retribución: unos creen que más dinero solo cambia de manos; otros, que sin zanahoria no hay carrera.
La experiencia personal que aviva el fuego
Un forero cuenta que en su trayectoria laboral se ha encontrado con ingenieros que le han dado «vergüenza ajena». No lo dice por el título, sino por el desempeño. Otro responde con ironía que si ponemos a filósofos a llevar los trenes, apaga y vámonos. La anécdota sirve para reabrir la pregunta de si el problema es el sistema o la materia prima.
El cálculo que circula
Se repite la cifra de **2.700 euros netos** para un nivel 24 o 26. Un participante duda de que se llegue a esa cantidad y otro recuerda que los asesores eventuales con nivel 30 superan esas retribuciones sin oposición. La comparación con el sector privado queda en el aire: no se aporta una cifra concreta de lo que gana un cargo equivalente fuera de la Administración.
Lo que queda por ver
El hilo no cierra la pregunta de si subir sueldos bastaría para que los mejores dejen el puerto tranquilo. Tampoco se resuelve si el problema es la selección política o la falta de incentivos. Lo que sí queda claro es que la conversación ha pasado de la nómina a la estructura: quién ocupa los puestos, cómo se accede y qué se hace con los que ya están dentro.