Los dos errores del preparacionismo: planes genéricos y falta de práctica
¿Alguna vez has visto a alguien llenar el trastero de latas y linternas sin saber ni cómo se enciende un fogón de campaña? El preparacionismo, esa corriente que gana adeptos con cada crisis, tropieza una y otra vez con dos fallos básicos: confundir acumulación con preparación y diseñar planes que no se ajustan a la realidad de cada uno.
El primer error: un plan que sirve para todos no sirve para nadie
Quien vive en un piso en el centro de Madrid no tiene las mismas necesidades que el propietario de una casa con huerto en una aldea. Sin embargo, muchos replican listas genéricas de emergencia sin adaptarlas a su contexto. El resultado: recursos que no se pueden usar o soluciones que fallan en el momento clave. Un apagón en la ciudad exige tener linternas, baterías externas y un plan para bajar escaleras; en el campo, además, hace falta saber gestionar el agua del pozo y conservar alimentos sin nevera. El preparacionismo efectivo empieza por un diagnóstico realista de las propias condiciones.
El segundo error: el divorcio entre teoría y práctica
Se acumulan manuales, se ven cientos de tutoriales y se compran kits de supervivencia, pero pocos dedican tiempo a practicar. Un simulacro de fin de semana sin electricidad –cortar el general el viernes y recuperarlo el lunes– revela carencias que ningún vídeo corrige. La experiencia con un apagón real sirvió para detectar fallos en sistemas que parecían perfectos sobre el papel. Habilidades como hacer fuego con ferrocerio, potabilizar agua, vendar una herida o cambiar una rueda de noche se aprenden haciendo, no viendo.
Hay quien defiende que el preparacionismo es, en el fondo, un acto irracional movido por el miedo a lo improbable. Y quizá tengan razón. Lo que no es discutible es que, si uno va a prepararse, que sea para algo más que para hacer bonito en Instagram. Ironías del destino: el que más trastos acumula suele ser el primero en quedarse en la cuneta cuando el sistema falla de verdad.