La Séptima estrena emisión con Santaolalla al frente
La nueva cadena La Séptima ha comenzado hoy sus emisiones, y lo hace con una parrilla en la que Sara Santaolalla ocupa un programa propio de 15:00 a 17:00 todos los días. El canal, que según los primeros comentarios se incorpora automáticamente a la parrilla de algunos operadores de pago, nace con una estructura de costes que ya genera dudas entre los analistas: ¿quién financia una
televisión generalista en 2025 y con qué retorno?
La parrilla inicial incluye nombres como Merchera Santaolalla, Quequé, Alba A 2 Carrillos, Javierito, La Marquesita o Caramierda Nebot. Un cartel que, a juicio de varios observadores, parece diseñado más para captar atención en redes que para competir por audiencia convencional. El presentador Javier Ruiz aparece mencionado como referencia del proyecto, y la propia Santaolalla ha protagonizado ya su primera polémica al leer el teleprompter con dificultades, según recogen algunos tuits.
¿Quién paga La Séptima y cuánto cuesta el experimento?
La pregunta sobre la financiación recorre toda la conversación. Hay quien sostiene que la cadena debe estar regada con kilotones de dinero público, porque no se explica de otro modo la apertura de un canal que no es rentable. El argumento se apoya en la presencia del canal en operadores de pago como Movistar, donde se ha ubicado en el dial 7, lo que garantiza visibilidad sin necesidad de resintonizar. Otros apuntan a que La Séptima se incorpora ella sola a la parrilla, lo que reduce costes de distribución pero también limita el control del usuario sobre lo que ve.
El cálculo más pesimista sugiere que el canal podría cerrar antes de Nochebuena. El más optimista confía en que el ruido mediático inicial baste para sostener una audiencia mínima. Lo que nadie discute es que la estructura de personal es exigua: se duda de que Santaolalla tenga capacidad para presentar sola más de dos programas, y la parrilla parece depender en exceso de su figura.
La parrilla: nombres que suenan a déjà vu
El cartel de colaboradores ha sido recibido con escepticismo. La presencia de Quequé, Javierito o La Marquesita se lee como un intento de replicar el formato de otros canales de nicho, pero sin el presupuesto ni la audiencia de aquellos. La incorporación de Alba A 2 Carrillos y Caramierda Nebot completa un elenco que, según algunas voces, parece salido de un gulag televisivo. La expresión, aunque exagerada, resume la percepción de que el proyecto carece de una línea editorial clara más allá de la provocación.
El propio nombre de la cadena, La Séptima, ha generado confusión: varios espectadores se preguntan qué es exactamente la séptima y si se refiere a una frecuencia, a un canal autonómico o a una plataforma de streaming. La respuesta no está clara en los primeros compases de la emisión.
El primer tropiezo de Santaolalla y la guerra contra la derecha
La presentadora ha debutado con un discurso en el que culpaba a la derecha de los males del país, pero lo ha hecho con dificultades para leer el teleprompter, según algunos tuits que circulan. La anécdota, menor en apariencia, ha servido para alimentar la desconfianza sobre la preparación del equipo. También se ha señalado que en su biografía figura como jurista y graduada en derecho, extremo que algunas fuentes consideran falso.
La estrategia de confrontación parece clara: La Séptima ha nacido con la intención de hacer señalamientos a otros periodistas y de marcar perfil propio frente al PP y a
Ayuso. Esa línea, sin embargo, puede tener un coste: parte de la audiencia potencial se siente alienada antes de darle una oportunidad.
El dato que descoloca no es la audiencia, ni la financiación, ni siquiera la calidad de la parrilla. Es que, en plena era del streaming bajo demanda, alguien haya decidido que la mejor forma de competir es emitir dos horas diarias de Santaolalla en horario de sobremesa. Con estos mimbres, el cierre antes de Nochebuena no parece una profecía, sino una hoja de ruta.