Bolivia cae a 1,56 hijos por mujer y ya nace por debajo de su propio tamaño
El Instituto Nacional de Estadística sitúa la Tasa Global de Fecundidad de Bolivia en
1,56 hijos por mujer para 2026. Es la cifra que el organismo publicó este año en sus Estimaciones y proyecciones de población, y deja al país muy por debajo del nivel de reemplazo, ese umbral que la demografía fija en torno a 2,1 hijos por mujer. La caída no es un ajuste fino: Bolivia estaba cerca de
4,8 hijos por mujer a mediados de los años noventa y cruzó el nivel de reemplazo alrededor de 2019. En poco más de tres décadas perdió dos tercios de su fecundidad.
El economista de la Universidad de Pensilvania Jesús Fernández-Villaverde, que sigue la caída global de la natalidad, lo resumió con una imagen difícil de olvidar: «Si me hubieran dicho hace 10 años que, para 2026, la tasa total de fecundidad de Bolivia estaría por debajo de la de EE. UU., no lo habría creído». Añadió que habría apostado un dólar contra un millón a que no sucedería. El dato, dice, le obliga a pellizcarse.
¿Qué significa una tasa de fecundidad de 1,56 hijos por mujer?
La Tasa Global de Fecundidad mide el número medio de hijos que nacerían de una mujer si viviera hasta el final de su edad fértil y, en cada año fértil, diera a luz según la fecundidad media de las mujeres de esa edad en el año analizado. Con 1,56, cada generación es aproximadamente un cuarto más pequeña que la anterior. La cifra no describe a una mujer concreta, sino el comportamiento reproductivo agregado de un país entero.
Para calibrar la magnitud, la tasa de reemplazo se sitúa en 2,1 en economías avanzadas. El cálculo es sencillo: nacen unos 105 niños por cada 100 niñas; en un país con alta esperanza de vida, unas 98 de cada 100 niñas llegan al final de su edad fértil. Si 1.000 mujeres tienen 2.100 hijos, nacen unas 1.024 niñas y unas 1.000 sobreviven para repetir el ciclo. En economías en desarrollo, el umbral puede ser algo mayor.
La regla de 85 y el pico de población boliviano
Fernández-Villaverde propone una regla de bolsillo para pensar el techo poblacional sin modelos: si un país tiene una esperanza de vida de 85 años y mantiene constante su número anual de nacimientos, su población de largo plazo es simplemente los nacimientos multiplicados por 85. Bolivia tiene una esperanza de vida de
73,2 años, así que el multiplicador es ese.
El INE proyecta
153.204 nacimientos para 2026. Sostenidos indefinidamente, darían una población de largo plazo de 11,2 millones de personas. Bolivia tiene hoy 11,98 millones. El país ya nace por debajo de su propio tamaño, antes de contar un solo emigrante. Dicho de otro modo: cuando la tasa bruta de natalidad cae por debajo de 1.000/73,2, es decir, 13,66 por mil, los nacimientos no alcanzan para mantener la población. La boliviana de 2026 es 12,77.
Emigración y comunidades con fecundidad alta: las dos particularidades bolivianas
Bolivia presenta dos elementos que no están presentes, o no con la misma magnitud, en muchas economías desarrolladas. El primero es una emigración neta: salen del país más personas de las que ingresan, lo que agrava el efecto de la baja natalidad. El segundo es la existencia, dentro del territorio nacional, de comunidades con tasas de fecundidad muy superiores al promedio.
El caso más visible es el de las familias menonitas. En las colas del carnet de identidad de Santa Cruz de la Sierra se las reconoce por la camisa a cuadros, el sombrero, el vestido floreado y el pañuelo, y por un idioma que no es castellano ni ninguna lengua originaria: el plautdietsch, un bajo alemán que sus bisabuelos trajeron de Canadá, de México o de Paraguay. Cada pareja suele venir acompañada de bastantes hijos: tres en una familia joven, siete cuando los padres rondan los 50.
Esas comunidades no son un ejemplo típico de la familia boliviana, pero sirven para medir el contraste. Mientras el promedio nacional se hunde, hay grupos que mantienen fecundidades muy por encima del reemplazo. La pregunta que sobrevuela el análisis es qué pasa cuando una parte de la sociedad se reproduce a ritmos del siglo XX y la mayoría ya está en cifras de economía avanzada.
Qué cambios demográficos se esperan si la tendencia sigue
Si las bajas tasas de fecundidad se sostienen, Bolivia afronta un escenario de población estancada o decreciente, con emigración neta como factor agravante. El pico de población llegaría antes de lo que sugeriría la inercia demográfica, y a partir de ahí la estructura por edades se inclinaría hacia los tramos altos.
La caída boliviana no es un caso aislado en la región. Otros países latinoamericanos registran descensos acusados de natalidad, aunque el ritmo boliviano sorprendió incluso a los especialistas que llevan años documentando el fenómeno. El cambio de magnitud, señalan, era muy poco previsible para demógrafos y economistas.
El análisis se atasca justo aquí: se sabe que la fecundidad cae, se sabe que Bolivia ya nace por debajo de su tamaño, se sabe que la emigración resta y que hay comunidades que escapan a la media. Lo que no está resuelto es cuánto tarda ese cóctel en reordenar la sociedad boliviana, ni si alguna de las dos particularidades —la emigración o las bolsas de alta fecundidad— puede compensar lo que la mayoría deja de tener.