El hilo del yate deriva en anécdotas sexuales y burlas
El yate desaparece del hilo a la mitad de la página. Lo que iba de un perfil de suscripción, de un barco y de quién lo paga se va a otra cosa: relatos personales de los participantes, discusión sobre la orientación de las dos y comentarios sobre su cuerpo. La única frase que devuelve el asunto al terreno del dinero llega al final y no trae ninguna cifra: un participante sostiene que dentro de
diez años los patrocinadores habrán huido y que entonces estas dos, con alguna copa de más, igual
sí están disponibles. Pide gratitud por lo que hay ahora. Nadie pide pruebas.
Qué se ha sabido
Poco y todo de segunda mano. Un participante cuenta que ha tenido que buscar la edad de las dos porque pensaba que eran menores, y que
las dos pasan los 30. Otro asegura que Jenny es bisexual y que ha tenido novio, y que de la otra no sabe si es lesbiana, heterosexual o bisexual. Un tercero responde a las críticas al físico recordando que ninguna de las dos se ha operado el pecho, y lo lanza contra quienes las critican. Hay quien especula con una operación de pecho y lo enlaza con un cambio de género. Todo eso son afirmaciones de foreros y ninguna lleva fuente.
En el hilo se pega un tuit incrustado —
— que se comenta y se pasa de largo. También aparece
una imagen de una publicación de moda que se usa para hablar del físico. Ni una captura de la plataforma, ni un precio, ni un enlace a un perfil. El único plazo nuevo es el de los diez años.
Dónde está la bronca
No hay dos bandos. Hay tres conversaciones a la vez y ninguna se cruza con las otras.
El físico se lleva la mayor parte. Un participante recuerda que son de las pocas que no han pasado por el quirófano y lo suelta justo como respuesta a los que se meten con su cuerpo. Enfrente, otro escribe que no haría falta ni difuminarlas. Un tercero les pone fecha de caducidad y dice que ya pasó. Y hay quien afirma que una de ellas se ha quitado pecho, especulación sin nada detrás.
La orientación sexual es el segundo frente. Un participante sostiene que no son lesbianas por elección, sino por obligación. Otro lo atribuye a la ideología y cuenta los tatuajes como prueba. Le responden que Jenny es bisexual y que ha tenido novio. Ahí se acaba.
El tercero es el de las anécdotas personales, y se come media página. Una participante cuenta los meses que tuvo a una mujer viviendo en su casa y las visitas que recibía de su ex, y remata con que lo que vende la pornografía no se parece a lo que ella vio. Le preguntan por qué no llamó a la puerta para ofrecerse. Contesta que a una le habría dado y que a la otra, ni de lejos. Es la misma persona que antes había pedido ser prácticos con el dinero: que nadie va a llegar a la futbolista famosa, pero que a estas dos, con los años, la copa y los patrocinadores de vuelta, quizá sí. Ese es todo el cálculo del tramo.
Un mensaje cierra esa parte con desprecio hacia las dos y hacia el colectivo. Se le contesta con sorna: que no se lo tengan en cuenta, que a lo mejor están en estado de shock. Y en medio, una comparación que aparece de la nada con una mujer a la que se atribuye un episodio con gallinas y un pasado de prostitución. Nadie la desarrolla.
Qué cambia respecto a antes
Fuera el yate. Fuera quién paga el barco. Fuera la comparación con los futbolistas hombres, que aguantaba medio hilo. Nadie vuelve sobre el beso ni sobre el escándalo. Lo que entra es la edad, el cuerpo, la orientación sexual y las historias de cama de los propios participantes. El tramo no trae ni una cifra y sí muchas certezas sobre el cuerpo ajeno.
Lo nuevo, y es lo único que toca el negocio, es el plazo. Alguien pone fecha al final del tinglado: diez años de patrocinadores y después nada. Antes se discutía si el patrocinador se iba. Aquí se da por hecho y solo se le pone año. También entra una idea distinta del mismo asunto: que hay que dar las gracias por lo que hay mientras hay, en vez de preguntar cuánto dura y quién cobra. El hilo sigue y no hay un solo enlace a la plataforma.