Malinois: del metro a la perrera, debate en el foro
Un vídeo sobre malinois abre el hilo y lo parte en dos. Para unos, la moda llena las perreras; para otros, el problema es el dueño. En medio, anécdotas de metro, vecinos y pastores que guían a ciegos.
Qué se ha sabido
El hilo arranca el 5 de noviembre con un enlace a un vídeo que, según un forero, explica por qué hay tantos malinois en las perreras. A partir de ahí llueven los testimonios. Uno cuenta que tuvo un groenendael y un cruce de malinois con pastor alemán:
«Unos animales geniales, pero agotadores». Otro describe un episodio en el metro de
Barcelona: un vigilante de baja estatura sujetaba con un brazo a su malinois, que estaba a dos patas intentando atacar a un joven al que mantenía separado con el otro brazo, y así recorrieron el andén de la línea verde. Un tercero asegura que los suyos se habrían merendado al chico. La conversación salta a los pisos: una
familia tiene un malinois en un bloque y los vecinos están hasta arriba, con el perro agresivo en la escalera, sacándolo a mear a la una y a las seis, y ladrando en la calle. Alguien sentencia que debería ser ilegal que una
pareja en un piso tenga un perro así. La réplica no tarda:
«Sabes lo que hace un perro en un piso? Dormir», y añade que el perro se mueve con el dueño, que da igual vivir en un chalet que en un zulo. Otro forero recuerda que tuvo un cruce con labrador, mucho más tranquilo, obsesionado con que le tiraran cosas. También aparece la historia del pastor belga cruzado con pastor alemán que, tras quedarse ciega su dueña, se convirtió en sus ojos: la guiaba, la paraba ante los coches y le recogía objetos. El 7 de noviembre se suman más casos: dos malinois en una finca rústica que se escapaban, se comían gallinas y gatos, y un día rodearon a un vecino en su patio y le propinaron tres mordiscos. Otro vecino tiene dos que son escapistas natos y saltan setos de arizónicas. Y alguien suelta que conoce a uno que tiene dos y cada dos por tres le llaman porque están sueltos.
Dónde está la bronca
La discusión se encona cuando se cruza el tipo de vivienda con la raza. Un bando sostiene que un malinois en un piso es carne de peligro y debería estar prohibido. El otro responde que el problema no es el metro cuadrado sino el dueño: si el perro no se mueve, da igual vivir en un chalet que en un piso. La ironía sube de tono cuando un forero espeta que reconoce a los «barrigas cerveceras de sofá» en cuanto ladran ese tipo de comentarios, y el otro le devuelve que reconoce a los gilipuertas en cuanto sueltan la primera frase. El intercambio sigue con pullas sobre quién empieza las frases con «yo». También hay choque a cuenta de la educación: unos dicen que la gente no sabe educar a un perro y le falta constancia; otros replican que el malinois es una raza seleccionada para trabajo y que un paseo de veinte minutos no le hace ni cosquillas. La cosa se calma cuando alguien rectifica y matiza que el perro es maravilloso para gente deportista, pero que quien no tenga ese perfil mejor que busque otra raza.
Qué cambia respecto a antes
Hasta ahora el hilo iba de modas y perreras. En este tramo entra con fuerza el debate sobre el piso y el vecindario, con anécdotas concretas de mordiscos y escapes. También se cuela el episodio del metro, que nadie había mencionado, y la historia del perro guía, que sirve de contrapunto. La predicción de que la moda llena las perreras se ve reforzada por los casos de abandono que se cuentan, pero nadie aporta cifras oficiales. El asunto de la raza queda zanjado con una aclaración técnica: para la FCI es una sola raza con cuatro variedades, y en EE. UU. se consideran razas separadas.
El cálculo del paseo
Un forero cuenta que a su salchicha lo putea bastante: cada mañana 6 km en una hora, por la tarde una hora jugando con la pelota, y cuando le dice «vamos a la calle» el perro se esconde. Concluye que hay perros que necesitan poco y otros demasiado, y que los grandes y activos en un piso son carne de peligro. La anécdota sirve para ilustrar que la cantidad de ejercicio no es lo mismo para todas las razas, y que un malinois no se conforma con menos.