Muere en León el padre de Zapatero a los 100 años
¿Qué se puede decir de un hombre que murió a los 100 años y cuyo hijo fue presidente del Gobierno? Un tuit de
Mediterráneo Digital anunciaba el fallecimiento en León del padre de José Luis Rodríguez Zapatero. A partir de ahí, la conversación derivó hacia lo que suele derivar: el hijo, las joyas y la herencia. Porque el difunto, en realidad, era lo de menos.
El fallecimiento y la edad como dato
El dato objetivo es escueto:
100 años y León como lugar del deceso. La noticia, tal cual, es una esquela. Pero en cuanto se cruza con el apellido Zapatero, deja de ser una esquela y se convierte en un acto político. La edad, que en cualquier otro contexto sería motivo de respeto, aquí sirvió para todo lo contrario: para ironizar sobre la supuesta longevidad de los malos, para especular con vacunas y para recordar que el hijo sigue vivo y coleando.
Hay quien sostiene que
morir a los 100 años es una desgracia para los que se quedan, no para el que se va. Y hay quien, directamente, escribió que «cuando no te quieren ni en el infierno, tienes una vida larga». La frase no la firma ningún editorial, pero resume el tono general.
Las joyas, la herencia y el saqueo imaginario
El asunto de las joyas apareció pronto. Al parecer, existe una historia recurrente sobre unas joyas familiares que el expresidente habría recibido y guardado, o que le habrían sido sustraídas, según la versión. Un comentario lo resumía así: «Seguramente ha muerto orgulloso de lo ahorrador que es su hijo, que le dan unas joyas y las guarda para los tiempos malos». Otro añadía: «O del disgusto que le han quitado las joyas de la familia».
No hay confirmación de nada. Ni falta que hace. La herencia, en el imaginario colectivo, ya está repartida: «A ver qué hereda ahora ZP», «La de joyas que va a pillar ahora». La ironía es que nadie sabe si esas joyas existen, pero todos hablan de ellas como si las hubieran visto.
El hijo, la política y el voto por correo
El fallecido era el padre de Zapatero, y eso convierte cualquier comentario en un comentario político. «De tanto disgusto que le ha dado últimamente el hijo que le salió tonto», escribió alguien. «POBRE HOMBRE...NO SABE LO QUE HA CRIADO», añadió otro. La figura del expresidente sigue generando rechazo en ciertos sectores, y la muerte de su padre fue la excusa para recordarlo.
Hubo quien llevó el asunto al terreno electoral: «Pero afortunadamente podrá seguir votando por correo. Él lo quería así, hay que respetar su derecho al voto si queremos ser demócratas». La referencia al voto por correo es un clásico en cualquier conversación sobre Zapatero, aunque el difunto no votara.
Teorías conspirativas y despedidas tibias
No faltó la mención a los masones, a los Rothschild y a los Rockefeller. «Larga vida como todo masón satánico», escribió alguien, sin aportar pruebas. Es el precio de morir a los 100 años en una España donde todo se explica por conspiraciones.
Y luego están los que pasaron directamente: «No me alegro, pero tampoco me importa una puta mierda». La indiferencia también es una postura. «DEP», escribieron otros, más por educación que por convicción.
Lo que queda de un hombre de 100 años
Al final, el padre de Zapatero murió a los 100 años y lo único que quedó fue el apellido del hijo. La noticia es la muerte, pero el tema es otro. Siempre es otro. Y así se despide a un hombre que, probablemente, no hizo nada para merecer el circo.