El hilo se parte en dos: bandera imperial, acampada y urnas
El hilo sobre el hombre de la bandera imperial en Sol se ha partido en dos. Por un lado, los que discuten si la escena es una provocación calculada o un síntoma del desgaste de la acampada. Por otro, los que han pasado a discutir entre ellos: si la derecha moderada debe apoyar al protagonista o si eso es alimentar a los radicales. En medio, un puñado de enlaces a celebraciones de independencias latinoamericanas en Madrid y un tuit que resume la perplejidad:
«celebran en España, viven en España, comen de España, gastan recursos de España, pero celebran que se independizaron de España».
Qué se ha sabido
El tramo arranca con un tuit incrustado que se comenta solo:
. A partir de ahí, alguien suelta el enlace a la noticia de que la Cibeles se iluminó de blanco y rojo por el día de la independencia de Perú, y otro añade que los bolivianos en España celebran su independencia con gastronomía, cine y música. Siguen dos enlaces más: la fiesta de la independencia de Ecuador en Madrid con música y pasacalles, y un evento por el 20 de julio colombiano. No hay cifras de asistencia ni fechas de este año: son enlaces a convocatorias de años anteriores que se usan como munición en la discusión. Alguien menciona el 29N como fecha electoral y otro responde que el CNI también contrata mano de obra barata, sin aportar ninguna fuente. La única cifra concreta que aparece es la de seis personas ingresadas por intoxicación al beber anticongelante por error, metida como ejemplo de conducta temeraria y sin relación con el resto.
Dónde está la bronca
La bronca tiene tres frentes. El primero es táctico: un participante sostiene que la elección de la bandera es una buena táctica porque los progres no pueden atacarle sin ser acusados de racismo o xenofobia. Frente a eso, otro responde que no hay una derecha con cerebro en este país y que el espectáculo es bochornoso. El segundo frente es de identidad: hay quien defiende que el protagonista lleva la bandera del Imperio que dio a su pueblo una cultura y la fe de Cristo, y que no hay contradicción salvo la que ven los racistas. La réplica es que resulta confuso querer ser un patriota hispano y a la vez adoptar símbolos de una derecha que muchos consideran marranizada. El tercer frente es el más áspero: se discute si los latinos de segunda o tercera generación son tan españoles como cualquiera según la ley, y alguien responde que luego no les dejan votar. Ahí se cruzan acusaciones de ser peperro o voxeta de bellota, de ser un engendro, de haber pasado una meningitis. El tono se rompe del todo cuando un participante llama racista a otro por no apoyar al hombre de la bandera y otro le responde con una descalificación personal. Varios mensajes se limitan a pedir que la acampada se traslade frente al Ministerio de Vivienda y de Defensa, sin más desarrollo.
Qué cambia respecto a antes
Lo que antes era una discusión sobre el significado de la bandera y el origen del protagonista ahora es una pelea entre derechas. La pregunta ya no es qué representa el símbolo, sino quién tiene derecho a usarlo dentro del propio campo. Un participante se define como
«más de derecha moderada» y dice que no le mola la kale borroka hispanista; otro le contesta que entonces es peperro, no voxeta. La predicción que se lanzó en el tramo anterior —que la escena incomodaría a la izquierda— se ha cumplido, pero el efecto real ha sido otro: la incomodidad ha saltado dentro del bloque que se supone que apoya al hombre de la bandera. El asunto nuevo que entra con fuerza es el de las celebraciones de independencias latinoamericanas en Madrid, que se usan como prueba de una supuesta contradicción. Y aparece un cálculo que circula sin fuente: que el 29N hay que votar para que vengan más, en referencia a la reagrupación familiar. Nadie lo respalda con datos.
Lo que se dice de la acampada
La acampada sigue de fondo, pero ya casi nadie habla de ella. Se la menciona para decir que los vídeos no muestran nada radical, o para responder que el desgaste viene de antes. Un participante ironiza con que si no hay muertos no ha pasado nada. Otro sentencia que el país es un psiquiátrico a cielo abierto y que no ve más lectura. La discusión sobre la protesta se ha convertido en una discusión sobre quién la usa y para qué.
El cruce de acusaciones
El tramo acaba sin acuerdo. Unos sostienen que el protagonista es un patriota que defiende España y que hay que apoyarlo. Otros responden que defiende España llenándola de gente como él mismo. Alguien pregunta por qué se llama hispanos o latinos a los que considera indios americanos. Y un último mensaje zanja que es todo una opereta patética. No hay rectificación ni cambio de tono: el hilo sigue partido y nadie cede.