El hilo del tabaco se llena de insultos y de teorías sobre la ley real
La conversación sobre el cartel de prohibido fumar en la terraza de Almería se ha desbordado. Lo que empezó como una anécdota de bar se ha convertido en una discusión sobre si las normas escritas valen algo en España. Varios participantes sostienen que existen
dos leyes: la que se imprime y la que se aplica de verdad. Un forero lo resume así: «Están las explícitas, que son los pretextos para crujirte cuando no eres de La Casta; y las reales, que en ningún lado están escritas, pero son las que tienen validez consuetudinaria». La frase resume el tono general: desconfianza hacia la norma y hacia quien la invoca.
Qué se ha sabido
En este tramo no hay enlaces, tuits ni vídeos. Los mensajes son opiniones y alguna experiencia personal. Un participante cuenta que vivió varios años en Almería y describe la zona como «la máxima expresión del catetismo, la gañaneria, el paletismo, la zafiedad y la palurdez». Otro aporta un dato que no se discute: el cartel sigue en la pared. Y hay quien recuerda que las terrazas al aire libre han vivido en una zona gris que cada establecimiento interpreta a su manera. Nadie cita la normativa andaluza concreta, pero varios dan por hecho que fumar al aire libre no es ilegal. Uno de ellos lo dice con claridad: «Fumar al aire libre no es como Chernobil».
Dónde está la bronca
El hilo se parte en dos. Por un lado, los que creen que el cliente hizo bien en marcharse sin pagar: «es una escusa tan buena como cualquier otra para irte sin pagar», escribe uno. Por otro, los que ven en esa huida una excusa para no rascarse el bolsillo: «Paga primero que es tu deber y después te quejas o pones una reclamación», responde otra. La discusión deriva hacia la convivencia. Un forero defiende que si no quieres humo te quedes en casa; otro le contesta que se quede en casa el que fuma, «con las ventanas cerradas, eh, que también dan por saco asomándose a los patios de vecinos para fumar». La ironía sube de tono cuando alguien pregunta si también molesta un perro ladrando al lado de una terraza. Y aparece la tentación de la respuesta física: un participante propone quitarle el cigarrillo al fumador de un manotazo y señalarle luego el cartel. No es una receta, es catarsis verbal, pero marca el clima.
Qué cambia respecto a antes
Lo que antes era una discusión sobre el cartel y la norma se convierte ahora en un debate sobre la ley real frente a la escrita. La predicción de que el asunto se resolvería con una reclamación no se cumple: nadie propone reclamar, sino llamar al dueño o a la policía municipal. Un forero lo dice: «Hay que joderlos a ellos. ¿Cómo? Al camarero diciéndole que venga el jefe o el dueño y hablándole. Si eso no funciona, llamando a la poli municipal». El foco se desplaza del fumador al camarero y al establecimiento. Y aparece un asunto nuevo: la sensación de que en los pueblos se vive como se ha vivido siempre, «sans souci», y que quien se queja es un aguafiestas. Varios mensajes van por ahí, con insultos incluidos que no se reproducen aquí. La conversación no se cierra: sigue abierta entre los que defienden la queja y los que defienden la manga ancha.