Debate sobre el voto por correo y la abstención el 29-N
La convocatoria de elecciones generales para el 29 de noviembre ha reabierto un debate sobre el voto por correo. En un contexto de desgaste económico —con la luz por encima de los 200 euros/MWh— y una inflación que ha reducido el poder adquisitivo, algunos participantes en un foro sostienen que el PSOE no sería la fuerza más votada sin manipular el voto por correo. Esta tesis circula sin pruebas.
El argumento central es que el PSOE ha perdido la calle. Quienes defienden esta posición aseguran que en el trato diario la gente está harta de las políticas del Ejecutivo y que el presidente no puede ni salir a la calle sin incidentes. Frente a esto, la respuesta oficial insiste en que el voto por correo es un derecho ejercido durante años y que cuestionarlo ahora es una maniobra de quienes dicen tener garantías de ganar. El choque entre ambas narrativas define el tono de la precampaña.
El voto por correo como epicentro de la sospecha
La polémica se ha intensificado tras las declaraciones de un trabajador de Correos, difundidas por
La Gaceta, quien afirma que el sistema es vulnerable: «Conocen los datos del censo y pueden emitir votos de quienes no acuden nunca a las urnas». Esta acusación, que no ha sido probada judicialmente, ha sido amplificada por sectores que exigen votar presencialmente. El líder de Vox, Santiago Abascal, ha pedido acudir a las urnas en persona y ha expresado su desconfianza hacia el Ejecutivo de Pedro Sánchez.
El debate sobre el voto por correo no es nuevo. En 2004, tras los atentados del 11-M, ya se especuló con que el resultado estaba decidido de antemano. Quienes sostienen la tesis del fraude recuerdan aquel episodio como precedente de que las encuestas y la realidad pueden divergir. La diferencia ahora es que la sospecha se ha instalado en el discurso de parte del electorado, que ve en cada elección un posible amaño.
Los números que no cuadran según los críticos
El análisis más repetido es que el PSOE tiene un techo bajo. Un cálculo que circula entre los críticos sostiene que todo lo que saque más de 95 o 100 escaños sería «fraude electoral puro y duro», porque su base real se limita a las redes clientelares: funcionarios, familiares y afines. Según esta visión, el partido no tiene vida más allá de esas estructuras y, por tanto, cualquier resultado superior al centenar de diputados sería anómalo.
Frente a esto, hay quien recuerda que en las elecciones autonómicas recientes el PSOE no ha logrado imponerse en feudos clave como Madrid o el País Vasco, lo que reforzaría la idea de que su suelo está sobreestimado. La abstención, que ha ganado en la mayoría de los comicios autonómicos, se perfila como el principal adversario de todos los partidos. Si la participación se mantiene baja, el PSOE podría verse beneficiado por un electorado más movilizado, pero los críticos insisten en que eso no le alcanzaría para ganar sin manipulación.
La inmigración y el voto cautivo
Otro de los ejes del debate es el voto migrante. Una parte de los participantes sostiene que el PSOE capitaliza el voto africano, especialmente marroquí, mientras que el PP haría lo propio con el latino, y que ambos partidos estarían sustituyendo el voto nacional perdido por el inmigrante. Esta tesis, que no está respaldada por datos oficiales, se presenta como una realidad incuestionable en ciertos círculos.
Se argumenta que los inmigrantes viven peor que nunca en España, hacinados y con dificultades de vivienda, y que la izquierda no va a rascar votos de ellos porque sus condiciones no han mejorado. Sin embargo, otros señalan que la realidad es más compleja y que el voto migrante no es monolítico. Lo que sí parece claro es que la inmigración se ha convertido en un arma arrojadiza en el discurso político, con propuestas de recortar ayudas y poner «palos en las ruedas» a los recién llegados.
La abstención, el verdadero ganador
En la mayoría de las elecciones autonómicas, la abstención ha superado a cualquier partido. Ese es el dato que ningún análisis serio puede ignorar. Si la tendencia se repite el 29-N, el resultado dependerá de la capacidad de movilización de cada bando. Los críticos con el Gobierno sostienen que la gente está harta de la política del PSOE, pero también reconocen que la alternativa —PP y Vox— genera rechazo en amplios sectores.
El descontento es transversal: afecta a jubilados, trabajadores y autónomos. La subida de la luz por encima de los 200 euros/MWh es solo un ejemplo del deterioro económico. En ese caldo de cultivo, la tesis del pucherazo encuentra terreno fértil. No importa que no haya pruebas: la percepción de que el sistema está amañado se ha instalado en una parte del electorado que ya no cree en las instituciones.
¿Qué pasará el 29-N? Si el PSOE gana, muchos no lo aceptarán como legítimo. Si pierde, la abstención se llevará la culpa. En cualquier caso, la sombra de la manipulación planeará sobre el resultado, gane quien gane.