Huelga general, elecciones y Puigdemont: la tormenta perfecta
Un tuit de Feijóo con los logos de Telefónica, Banco Santander y KPMG de fondo. Un juez que deja sin efecto la orden de detención de Puigdemont minutos después de que el TC amnistíe la malversación. Una huelga general que se convoca contra la oposición. Y unas elecciones generales en el horizonte. Todo en dos meses. La sensación que recorre el análisis económico y político es que el país ha entrado en una fase de
pandereta agrandada, donde cada semana se rompe un tablero distinto y nadie sabe cuál es el siguiente.
El efecto dominó de los decretos y la amnistía
El detonante fue la caída de los decretos de vivienda. A partir de ahí, el calendario se descontroló. La amnistía de la malversación por parte del Tribunal Constitucional —seguida de la decisión del juez Llarena de dejar sin efecto la orden de detención de Puigdemont— ha reabierto la puerta a un escenario que muchos daban por enterrado. La pregunta ya no es si Puigdemont vuelve, sino cuándo y para qué.
Hay quien sostiene que el PSOE y Junts están pactando bajo mano forzar elecciones usando los decretos como palanca. La lógica es retorcida pero encaja: si el independentismo vota contra el Gobierno en el Parlamento, el Gobierno cae; si cae, hay elecciones; y si hay elecciones, Puigdemont necesita estar amnistiado para presentarse. El círculo se cierra.
Nadie está por encima de la ley, decía el tuit de Sánchez sobre Puigdemont. La frase ha envejecido mal.
La huelga general que se convoca contra la oposición
La vicepresidenta María Jesús Montero ha debutado como jefa de estrategia con una declaración que ha dejado a más de uno con la boca abierta:
la huelga general se convoca contra la oposición. La frase, difundida por medios, resume el nivel de surrealismo al que ha llegado el debate. UGT, CCOO y otros sindicatos han convocado una huelga general por la vivienda y barajan una fecha que caería a dos días de las elecciones.
El movimiento tiene una lectura económica clara. Una huelga general en plena campaña electoral no es una protesta laboral al uso; es un acto político. Y si se convoca contra la oposición, el mensaje es que el adversario no es el Gobierno que no ha construido vivienda pública, sino el que bloqueó los decretos. La vivienda, que pasó de 2.000 a 6.000 euros el metro cuadrado en ocho años, es el grifo que nadie cierra.
El nuevo 15-M y el psyop de Mari Carmen
En paralelo, ha emergido un fenómeno que algunos ya llaman el nuevo 15-M. La etiqueta
psyop Mari Carmen circula como descripción de una operación de movilización social con fecha de caducidad electoral. La tesis que se maneja es que hay una coreografía entre las convocatorias ciudadanas, la huelga general y el adelanto electoral. Nada de esto está confirmado, pero la coincidencia temporal es difícil de ignorar.
La lectura geopolítica que se hace desde algunos análisis es que Estados Unidos elige los gobiernos de sus aliados y que lleva tiempo preparando el retorno de un gobierno de coalición de derechas o de izquierdas para meter al país en sus guerras. Se menciona a Merz, ex-CEO de BlackRock, preparando a Alemania para una guerra europea. El objetivo, según esta corriente, sería sacar del gobierno a los partidos que votaron no al rearme: Sumar, Podemos, BNG, ERC y Compromís. Es una hipótesis, no un hecho probado, pero circula con fuerza.
El calendario que viene: 29N y después
El 29 de noviembre es la fecha que se repite. Si se confirma el adelanto electoral, el calendario queda comprimido: huelga general, campaña, elecciones y, en paralelo, la posible vuelta de Puigdemont al Congreso. Junts tiene la opción de presentarlo como diputado, y algunos análisis sostienen que debería hacerlo. La amnistía de la malversación le abre la puerta. Rufián no estará, lo que deja un hueco en el grupo parlamentario que Puigdemont podría ocupar.
La incógnita es qué harán Llarena y Marchena. Hay quien especula con que se hagan los despistados hasta que gobierne la derecha y anule la amnistía. Otros creen que el Tribunal Supremo se revelará e imputará a los jueces del Constitucional por prevaricación. Sería un hecho histórico. Y mientras tanto, Ceuta sigue esperando que alguien se acuerde de ella.
El dato que descoloca: en dos meses, el país puede haber vivido una huelga general, un nuevo movimiento social, un adelanto electoral y la vuelta de un prófugo. Todo con la misma bandera: el interés general.