Las cotizadas que el mercado ve en el disparadero
La próxima crisis ya tiene lista de sospechosos. No la firma ningún banco de inversión: la ha ido cosiendo un puñado de cuentas que, entre 2027 y 2033, sitúan a varias compañías cotizadas españolas y europeas al borde del precipicio si el ciclo se tuerce. La lista mezcla
banca, constructoras, aerolíneas y tecnológicas, y arranca con un nombre que estos días cotiza más alto que nunca:
Banco Santander.
El punto de partida es una sospecha incómoda: que el dinero fácil de los últimos años ha maquillado balances que no resistirían una subida sostenida del coste de la deuda. La discusión no se queda en la teoría. Hay quien sostiene que el Santander sería «la primerísima» a la que un gobierno de signo distinto debería meter mano, y quien responde que ese escenario es más un deseo político que un análisis.
Del Santander a Solaria: la lista de sospechosos
Los nombres van cayendo sin mucho orden.
Banco Santander,
Solaria,
Airbus,
Nike,
El Corte Inglés,
United Wholesale Mortgage,
Take Two Interactive. La mezcla es reveladora: no hay un sector concreto, hay una intuición de que el problema es transversal. Y en el fondo, un patrón que se repite: empresas que crecieron a base de deuda barata y que ahora se enfrentan a un coste de financiación que no habían previsto.
El caso de
Airbus merece un apartado propio. La tesis que circula no es que la compañía esté mal gestionada, sino que
los materiales van a escasear y a encarecerse hasta hacer inviable parte de su producción. Una lectura que, si se cumpliera, arrastraría a toda la cadena de proveedores. El paralelismo con Boeing que se lanza en la conversación —«¿son la próxima Boeing?»— no es casual: Boeing no cayó por un solo golpe, cayó por un desastre detrás de otro.
Por qué el ladrillo vuelve a estar en todas las quinielas
Hay un sector que aparece por alusión y por nombre: la construcción. Entre los sospechosos se cuela una sociedad de
Obras Nuevas de Edificación 2000, un nombre que suena a promotora de ciclo corto y que resume el problema del ladrillo español: empresas que nacieron en una burbuja y que no han conocido otra cosa. Si el crédito se cierra, no hay plan B.
La otra pata es la financiera.
United Wholesale Mortgage aparece como ejemplo de un modelo hipotecario que solo funciona con tipos bajos. Y
Solaria, en el lado energético, representa a todas esas compañías que se apalancaron para construir capacidad renovable confiando en que el precio de la luz y el coste del dinero se mantendrían. Ninguna de las dos cosas está garantizada.
El Estado también entra en la ecuación
Hay una derivada que casi nadie discute: si la crisis llega, el sector público no tendrá margen para rescatar a nadie. La frase que resume el ambiente es que
España ya está quebrada, porque gasta más de lo que ingresa. Con ese punto de partida, cualquier rescate empresarial sería políticamente tóxico y financieramente imposible. Es la diferencia fundamental con 2008: entonces había margen; ahora, sobre el papel, no.
La discusión deriva hacia el mercado laboral. Se habla de
ingenieros a la calle y de jubilaciones al 70% a los 55 años como escenario plausible si el ajuste llega por el lado industrial. No es una predicción, es un temor que se repite con la misma estructura que hace quince años. Y esa repetición, más que el dato concreto, es lo que debería preocupar.
Lo que nadie sabe responder
La pregunta que queda flotando es sencilla y no tiene respuesta: ¿por qué estas y no otras? La lista de sospechosos podría ser el doble de larga. Lo que revela no es tanto un análisis riguroso como un estado de ánimo: la sensación de que el ciclo actual es insostenible y de que el ajuste, cuando llegue, pillará a las empresas más apalancadas con el paso cambiado.
La predicción, con todas las reservas del mundo, es que la próxima crisis no se llevará por delante a las más grandes. Se llevará a las que crecieron demasiado rápido con dinero demasiado barato. Y esas, en España, tienen nombre y apellidos.