ATA y UPTA callan ante la pasarela al RETA de los mutualistas
La reforma que permite a los mutualistas —médicos, ingenieros, químicos— integrarse en el Régimen Especial de Trabajadores Autónomos (RETA) avanza sin que las dos principales asociaciones de autónomos, ATA y UPTA, hayan alzado la voz de forma clara. Mientras ellas debaten entre neutralidad financiera y proporcionalidad contributiva, los autónomos de a pie se preguntan por qué nadie defiende la igualdad de trato.
El origen del agravio está en el pasado. Los mutualistas podían elegir entre cotizar como autónomos corrientes —con cuotas más altas— o permanecer en su mutualidad con aportaciones mínimas y la opción de recuperar el ahorro de golpe. Ahora, con la pasarela al RETA, se les abre la puerta a pensiones públicas sin haber cumplido los 15 años de cotización que la ley exige al resto. Como señala un análisis, si un autónomo del RETA no alcanza ese mínimo, se queda sin pensión contributiva. ¿Por qué ellos sí?
Detrás del silencio de ATA y UPTA hay dos visiones contrapuestas. La primera reclama que el sistema sea financieramente neutro: que no se generen desequilibrios. La segunda exige proporcionalidad: que el esfuerzo contributivo sea similar. Ambas apuntan a lo mismo —que no puede haber mismos derechos con exigencias distintas—, pero ninguna ha traducido esas palabras en una movilización real. Y los autónomos lo notan.
La frustración se palpa. Mientras las asociaciones callan, los autónomos comunes cargan con cuotas crecientes, multas del 20% por retraso en el pago, y una burocracia que les come el tiempo. Algunos incluso proponen una huelga de impuestos y cuotas para forzar al Estado a negociar. La idea suena radical, pero revela hasta qué punto el colectivo se siente abandonado por sus propios representantes.
El dilema de fondo no es técnico, es político. Aceptar la pasarela sin condiciones consagra un sistema de dos velocidades, donde unos entran con ventajas y otros siguen atrapados en reglas que nadie revisa. Hasta ahora, ATA y UPTA prefieren no mojarse. Y eso, para los autónomos, es una respuesta en sí misma.