Farol o no: el hilo espera al lunes y se pelea por Junts
La duda del lunes ya casi no se discute: se da por hecha. Lo que se pelea ahora es si todo esto es un farol. Un participante lo tiene claro: es una jugada para doblar a Junts y que apruebe el decreto de vivienda. Otro se juega que en noviembre no hay elecciones y que aquí no se mueve nadie. Y mientras, el hilo pega tuits de Óscar Puente sobre la comparecencia de Feijóo y espera.
Qué se ha sabido
Aparece un tuit de David S. Iglesias que fija el calendario: el presidente observará durante el fin de semana la reacción al tablero de la vivienda y tomará la decisión el lunes. Es lo único que suena a fecha en todo el tramo.
También cae un enlace:
habrá adelanto de elecciones generales si el Congreso rechaza el decreto.
Y una cifra sin fuente. Un participante suelta que hay
2,6 millones de perceptores del ingreso mínimo vital y que cada uno de ellos es un voto. Lo presenta como dato electoral, y nadie le pide de dónde sale.
En el plano de las quinielas, otro participante asegura que no existe ningún político liberal en España y que lo más cercano sería una socialdemocracia moderada, tipo Vox, o un socialismo tibio, tipo el PP. Dice que votará a Vox como opción «menos mala». Hay también quien recuerda que el contexto judicial sigue vivo y que eso pesa en el ambiente, sin entrar en detalle.
La teoría del montaje
La predicción más elaborada del tramo es también la más oscura. Un participante sostiene que el caso de la mujer desahuciada se ha montado para fingir un decreto que ya sabían que iba a ser rechazado, ganar popularidad y correr hacia unas elecciones mientras aún se pueden ganar. No aporta ninguna prueba. Se queda ahí, como hipótesis, y nadie la desmonta.
Dónde está la bronca
Aquí hay dos peleas. Una es de tono: alguien escribe en mayúsculas sin argumento y se lleva de vuelta la etiqueta de «word salad», ese blablablá que no va a ningún lado. La otra es personal y fea: a quien dice que ganará la derecha le responden con descalificaciones, y a quien pregunta a quién votar le contestan señalando al que pregunta. En medio, un participante sentencia que los falangistas son comunistas y que él vota a Vox como mal menor.
El segundo choque es de fondo. Un participante afirma, sin pruebas, que si gana la izquierda habrá violencia en la calle. Otro reprocha al Ejecutivo una lista de catástrofes y muertes, también sin aportar nada. Y un tercero responde que se puede opinar de todo menos dar lecciones: si no hay solución factible para un problema, mejor callarse. Ahí se cruzan el «a mí me da igual» y el «pues por eso mismo sobras».
También hay ruido de siglas y de sospecha electoral: alguien suelta una lista de asuntos pendientes y añade que habrá un nuevo fraude, que el presidente aguantará hasta el final. Es opinión repetida, no dato.
Qué cambia respecto a antes
Poco a poco se deja de preguntar cuándo se vota y se pasa a discutir por qué. Entra con fuerza la tesis del farol: varios dan por hecho que todo esto es presión sobre Junts y nada más. Entra también el cálculo del ingreso mínimo vital como bolsa de votos, la sospecha del montaje y el ruido judicial. La hora de la votación, que antes se preguntaba, ya no interesa a nadie: se da por descontada.