Cuando el bitcoin baja, el fortasec vuela: la estampida de los 'hodlers'
La criptomoneda reina vuelve a sufrir un correctivo y, como de costumbre, el ecosistema se polariza entre los que ven el fin del experimento y los que recomiendan «comprar la caída». Pero el postrero consejo de «untarse el ojal con vaselina» y abastecerse de fortasec revela hasta qué punto la volatilidad de Bitcoin sigue siendo su santo y seña. Mientras unos aluden a la supuesta venta de Michael Saylor como señal de que «la estafa se acaba», otros insisten en que esto ya ha pasado «muuuchas veces» y que siempre rebota con más fuerza.
La discursiva, sin embargo, trasciende el mero cripto-pánico. Un clásico texto que circula en grupos de Telegram de inversión y value investing compara la riqueza virtual de Bitcoin con la riqueza tangible de antaño: «Han perdido la esperanza de que otro hombre pagara mañana más por lo que ellos compraron ayer». La crítica apunta a que Bitcoin apenas se usa como medio de pago, unidad de cuenta o depósito de valor, y que estadísticamente solo tiene dos usos relevantes, uno de ellos ilegal. Frente a esto, los defensores contraatacan con el ejemplo de pagar una cena con tarjeta cripto el fin de semana pasado, o que la «certeza matemática» de Bitcoin es la mayor realidad tangible frente a la inflación fiduciaria.
La ironía del asunto es que, mientras unos se burlan de la fragilidad estomacal de los inversores novatos, otros recuerdan que el decreto de Satoshi no contemplaba antidiarreicos. Pero el dato incómodo es que, tras más de una década, la adopción como moneda sigue siendo anecdótica y la narrativa de «reserva de valor» se tambalea cada vez que el precio cae un 20%. El debate, como el bitcoin, no se cierra: los optimistas miran a 10 años vista; los escépticos ven un casino que se encamina al hundimiento final. Y en medio, los que se rasgan las vestiduras o compran más paquetes de fortasec.