Debate sobre una reclamación de perdón por el saqueo de Amberes
En un foro de debate se ha discutido una reclamación, atribuida a Bélgica, para que España pida perdón por la conocida como «furia española» de 1576, cuando tropas amotinadas por las pagas atrasadas saquearon Amberes. Según los participantes, el episodio dejó miles de muertos y una herida profunda en la
memoria histórica europea, y la petición se considera anacrónica.
Varios intervinientes señalan la paradoja de que un país que apenas existía como tal en el siglo XVI reclame responsabilidades a un Estado que tampoco era el actual. También se menciona que la sede principal del Parlamento Europeo está en Bruselas, no en Estrasburgo, como algunos confunden, y que la Comisión Europea tiene su sede en la capital belga.
Qué pasó realmente en Amberes en 1576
Según se expone en el hilo, en noviembre de 1576 los tercios españoles desplegados en Flandes llevaban meses sin cobrar. La corona de Felipe II había declarado una de sus bancarrotas —la de 1575— y la soldada no llegaba. El resultado fue un motín: los soldados se lanzaron al saqueo de Amberes para cobrarse a la fuerza lo que se les debía. La ciudad quedó arrasada.
Se apunta que aquel ejército no era exclusivamente español. Como en todos los ejércitos de la época, las tropas eran plurinacionales. Flamencos, alemanes, italianos y valones engrosaban las filas de los tercios. La responsabilidad del mando era española; la composición, europea. Un detalle que, según los participantes, desmonta la lectura simplista de «los españoles arrasaron Flandes».
El problema de fondo: ¿quién pide perdón a quién?
La reclamación abre un debate sobre si tiene sentido exigir disculpas por agravios de hace cinco siglos. Se menciona que los franceses bombardearon e incendiaron Bruselas en 1695, y que romanos, vikingos y pueblos germánicos arrasaron media
Europa antes de que existiera la palabra «Bélgica». Varios foreros se preguntan dónde se pone el límite y critican criterios selectivos.
Se recuerda que Bélgica como Estado nación no se independizó hasta 1830. En 1576, Amberes era una ciudad de los Países Bajos bajo soberanía de la corona hispánica. Exigir a España que pida perdón por lo que ocurrió en su propio territorio —con un ejército que incluía a flamencos y valones— se considera un absurdo lógico por algunos participantes. La discusión, más que histórica, se ve como política.
La sombra del Congo y el doble rasero
Varios mensajes mencionan el Congo y reprochan a Bélgica que no haya pedido perdón por su pasado colonial. Se afirma que la colonización belga del Congo, bajo el reinado de Leopoldo II, dejó un reguero de muerte y explotación que la historiografía sitúa entre los episodios más oscuros del colonialismo europeo, y que Bélgica nunca ha pedido perdón formalmente por ello. La paradoja que se señala es que un país que reclama disculpas por un saqueo del siglo XVI no ha cerrado cuentas con su propio pasado colonial.
La petición también ha servido para reabrir el debate sobre la «leyenda negra» y su uso político. Durante siglos, según se comenta, la propaganda de las potencias rivales de España construyó un relato en el que la «furia española» era la prueba de una crueldad inherente. La historiografía moderna ha desmontado buena parte de ese relato, pero su eco sigue vivo en el imaginario europeo. Y reclamaciones como esta lo alimentan.
El contexto europeo: Bruselas, Estrasburgo y el reparto de poder
Mientras tanto, la
Unión Europea sigue su curso. El Parlamento Europeo tiene su sede oficial en Estrasburgo, aunque la mayor parte de su actividad administrativa y política se concentra en Bruselas. La Comisión Europea, el ejecutivo comunitario, tiene su sede en la capital belga. Es allí donde se reparten los fondos y se toman las decisiones que afectan a los Veintisiete. La confusión entre sedes es habitual, y no solo entre el público general.
Algunos participantes consideran que Bélgica, como sede de las instituciones europeas, tiene una visibilidad que no corresponde a su peso político. Esa centralidad le da una plataforma que a veces utiliza con más ruido que fundamento, según estas opiniones. La reclamación sobre Amberes encajaría en esa lógica: un gesto simbólico con más carga mediática que histórica.
Qué se puede esperar de la reclamación
Nada. O casi nada. España no va a pedir perdón por un saqueo ocurrido hace 450 años, con un ejército plurinacional y en un territorio que entonces no era Bélgica, según coinciden los participantes. La petición morirá en el terreno de lo simbólico, como tantas otras. Pero deja un poso: la sensación de que el debate sobre la memoria histórica europea sigue atrapado en un doble rasero que conviene a unos y molesta a otros.
La pregunta que queda flotando no es si España debe pedir perdón. Es si tiene algún sentido seguir midiendo el pasado con la vara del presente. Y, sobre todo, quién tiene autoridad moral para exigir disculpas cuando su propio historial está sin cerrar.