El BCE estudia reactivar el TPI para comprar deuda francesa
La deuda pública francesa supera el 120% del PIB y el déficit se dispara al 5%, según los datos manejados en el debate. Los mercados ya exigen un sobreprecio grotesco por el bono galo a diez años, y en Fráncfort se especula con la reactivación del TPI, el instrumento diseñado para comprar deuda por la puerta de atrás. Mientras tanto, los ahorradores europeos miran con recelo una posible nueva ronda de impresión monetaria que diluiría su poder de compra.
El bono francés y la desconfianza de los mercados
El rendimiento del bono francés a diez años refleja un sobreprecio que, según los analistas más críticos, equivale a un tipo de interés de bono basura. La cifra clave es el déficit del 5% del PIB, que se suma a una deuda que cabalga holgadamente por encima del 120%. Para los mercados, no hay relato oficial que tape la realidad: Francia está más quebrada que un pepito que firmó una hipoteca a tipo variable en 2007. La pregunta ya no es si habrá rescate, sino cuándo y en qué forma.
¿Qué es el TPI y por qué se reactiva ahora?
El TPI, o Instrumento para la Protección de la Transmisión, es la herramienta que el BCE diseñó para comprar deuda de países en apuros sin pasar por los mecanismos de rescate tradicionales. En la práctica, es la excusa burocrática para financiar a Francia por la puerta de atrás. La presidenta del BCE, Christine Lagarde, ya ha insinuado que no se exigirá austeridad a París, a diferencia de lo que se hizo con los países del sur durante la crisis anterior. La impresora de billetes, ese recurso que parecía enterrado, vuelve a estar en el candelero.
El dilema del BCE: colapso o inflación
El BCE se enfrenta a una elección que muchos consideran un callejón sin salida. Por un lado, dejar que Francia colapse fiscalmente podría desencadenar un espectáculo madmaxista sin precedentes en la eurozona. Por otro, la opción habitual —imprimir billetes a paladas y socializar las pérdidas— metería otro chute de inflación en la cesta de la compra del ciudadano medio. Los críticos sostienen que esta segunda vía es la que se elegirá, con el consiguiente licuado de ahorros y una patada adelante hasta la próxima curva.
El impacto en el ahorro y la inflación
La posibilidad de una nueva ronda de expansión monetaria ha reavivado el temor a una inflación persistente. Algunos análisis apuntan a que los precios podrían escalar hasta un 10% anual, una cifra que ya se ha visto en los últimos años y que golpea con especial dureza a los salarios y las pensiones. La comparación con Japón, cuya deuda supera el 248% del PIB, se usa como argumento para justificar el endeudamiento, pero los críticos recuerdan que la situación japonesa dista de ser un modelo de éxito.
Reacciones divididas: entre el cierre del grifo y la huida hacia adelante
Una parte del análisis económico sostiene que el BCE debe cerrar el grifo y obligar a los Estados a apretarse el cinturón, incluso si eso provoca tensiones sociales. Otra corriente advierte de que un cierre abrupto podría generar un golpe de ariete, como ocurrió en España con los recortes de 2010. La discusión también deriva hacia el papel del oro como árbitro ante la pérdida de confianza en las monedas fiduciarias, y hacia la posibilidad de que China o India ganen terreno mientras Europa se enreda en su propia crisis.
El precedente de la disciplina fiscal alemana
Alemania ha sido la única gran economía de la eurozona que ha mantenido una disciplina fiscal estricta, pero su margen se agota. Con una economía estancada y necesidades crecientes de inversión en defensa e infraestructuras, Berlín también empieza a endeudarse. Si desaparece la disciplina fiscal de quienes sostenían el tinglado, el edificio entero se tambalea. La pregunta que sobrevuela Fráncfort no es si habrá rescate, sino quién pagará la factura cuando la impresora vuelva a rugir.