Autodefensa en Ceuta: del tirachinas al fusil de impresora 3D
¿De verdad sirve un tirachinas con puntas de flecha para defenderse en un contexto de inseguridad? La pregunta no es retórica en Ceuta, donde circula un recetario de autodefensa casera que combina ingenio, desesperación y una buena dosis de escepticismo.
El arsenal de bolsillo que se recomienda en Ceuta
La lista es variada: el tirachinas indio con puntas untadas en savia de cactus, cuya infección, según se asegura, no tiene cura hospitalaria; el cóctel molotov de fabricación doméstica; el spray antimosquitos lanzado a los ojos; un calcetín con una piedra; una cuerda con una tuerca; incluso un puñado de arena para ganar segundos. Todo vale, siempre que quepa en el bolsillo. La ironía también tiene hueco: hay quien recomienda nunchakus de chorizo o sugiere ir alicatado para no sufrir daños.
Resistencia pasiva y fusiles de impresora 3D
Junto al arsenal individual, se perfila una estrategia de “resistencia pasiva” con carteles en árabe, altavoces en furgonetas, drones domésticos vigilando la ciudad y grupos de WhatsApp para movilizar vecinos con el rostro cubierto. El último escalón es la impresión 3D de armas: fusiles liberator, songbird, deer gun o fgc9 v2, aunque se confía en no llegar a ese punto. La pregunta de fondo no es tanto la eficacia de cada artilugio como la desconfianza hacia las instituciones: ante un panorama que algunos ven como amenaza, la autodefensa se convierte en un tema incómodo.
En cualquier caso, el mensaje más sensato quizá sea el que recuerda que, contra una ráfaga de fusil, un tirachinas es poco más que un gesto. Pero si uno insiste en la autodefensa, conviene practicar antes: apuntar bien es más difícil de lo que parece, y la arena en los ojos del atacante exige estar más cerca de lo recomendable.