Eyes Wide Shut y el orfismo: la lectura simbólica que Kubrick dejó escondida
La última película de Stanley Kubrick no es una comedia romántica ni un culebrón de celos conyugales. Detrás de la máscara veneciana, la mansión y el ritual nocturno se esconde —según la tesis que defiende un usuario en el hilo, que sostiene que el trasfondo es la vida del propio Kubrick dentro del orfismo— una lectura del director como iniciado en esa corriente mistérica griega que habla de descenso a los infiernos, muerte y resurrección. El material que ha circulado sobre esta interpretación no es un artículo suelto: son
17 capítulos de una serie documental, con fotografías, textos y enlaces de apoyo, elaborados a lo largo de un trabajo que su autor describe como «mucho trabajo detrás».
Qué propone exactamente la lectura órfica de Eyes Wide Shut
La hipótesis de partida es que Kubrick no rodó una parábola sobre la infidelidad, sino un relato de iniciación. El protagonista, Bill Harford, atraviesa un descenso nocturno por un mundo de máscaras, rituales y puertas cerradas que replica el esquema del viaje órfico: el descenso al inframundo, la mirada prohibida y el regreso transformado. La serie dedica sus primeros nueve capítulos a construir ese armazón simbólico antes de entrar en los episodios más discutidos, del décimo al decimosexto, y deja para el
capítulo 17 un cierre que su autor califica de «ciertamente inquietante».
No es una lectura improvisada. El propio planteamiento insiste en que el trasfondo órfico de Kubrick es «muy desconocido» frente a las interpretaciones más manidas, y el volumen del trabajo —más de
800 páginas acabaron convertidas en libro— da una idea de hasta dónde se ha estirado el hilo.
La distribución del material: de YouTube a Archive.org
El recorrido de la serie por las plataformas cuenta por sí solo una parte de la historia. Los capítulos se han ido alojando donde se podía: dos avisos acumulados en YouTube llevaron a descartarlo, la cuenta de Dtube fue cerrada, la de Vimeo también, y en Archive.org una cuenta anterior cayó por un documental sobre el 11-S. La segunda cuenta acabó bloqueada por spam, con reclamación presentada. El resultado es un material que existe, pero repartido y frágil.
Las dos objeciones que se le hacen al método
La crítica más repetida no niega el interés del análisis, sino su rigor. Hay quien sostiene que en varios tramos «se nota el empeño en retorcerlo todo para que encaje en el presupuesto de partida», aunque concede que «se aprende mucho en otras» partes. La conclusión práctica que se extrae de esa postura es selectiva: separar el grano de la paja y quedarse con lo que resiste.
La segunda objeción es de fondo y va más allá del cine: si el análisis simbólico sirve para algo o es una forma de entretenimiento para gente que prefiere descifrar una película de hace más de veinte años antes que actuar sobre lo que denuncia. El contraargumento es que identificar las claves de un relato no equivale a creer que el relato sea la realidad.
Ahí se queda el asunto: una serie de 17 capítulos, un libro de más de 800 páginas y una pregunta sin cerrar sobre cuánto de iniciación órfica hay en Kubrick y cuánto de patrón proyectado a posteriori sobre el fotograma.