Jotagb: "No hay nada peor en este mundo que ser alemán"
El hilo se enciende con Jotagb. En cuatro mensajes seguidos sentencia que Alemania es
la peor sociedad de Europa, que los alemanes son unos amargados y que no hay nada peor en este mundo que ser alemán. A partir de ahí, la conversación sobre las agujas en los dulces se convierte en un ring sobre a quién hay que culpar.
Qué se ha sabido
En este tramo no aparece ningún dato nuevo sobre el caso. Ni autor, ni investigación, ni alcance. Lo único que se aporta es un enlace a un artículo de
Global Research que habla de millones de niños llenando bolsas de Halloween con caramelos contaminados con arsénico. El enlace lo pega un participante sin más comentario, y nadie lo discute ni lo respalda. El resto es interpretación.
Jotagb cuenta que ha vivido en Alemania y que trabajó con alemanes:
«Parábamos a almorzar y todos callados sin hablar, los días se hacían eternos». De ahí deduce que son lo peor. También afirma que los turcos no tienen esa maldad y que respetan a los niños, y que los responsables son
«alemanes de pura cepa».
DonCrisis apunta que tiene pinta de que eso lo han hecho
«alemanes» y no alemanes, con las comillas haciendo todo el trabajo. silverwindow va en la misma línea:
«Los alemanes no hacen estas cosas. La haceb "los nuevos alemanes"». brotes_verdes lo dice sin rodeos:
«Alemanes llamados Mohammed o Abdul». Covid1ota también se suma:
«Más bien serán los nuevos "alemanes"».
En el otro extremo, paketazo sentencia que son
«atentados de falsa bandera» y que en el foro todos saben que ha sido Israel o Putin. Noksan apunta a
«la derecha-ultraderecha». EXTOUAREG sostiene que lo han hecho porque eran niños blancos,
«que son el objetivo a destruir».
Otzi_Reloaded introduce una hipótesis distinta:
«Es obra de un activista anticaries o un fanático del nutriescore aleccionando a los chavales». Recuerda que en los 80 no dejaban coger cromos a los críos porque tenían droga, y añade que al menos no les han dado fentanilo.
Un enlace a Global Research sobre caramelos contaminados con arsénico se pega sin más contexto y se pierde entre la discusión.
Dónde está la bronca
El choque principal es entre Jotagb y casi todos los demás. Jotagb insiste en que los alemanes son genéticamente amargados y merecen la extinción. Sitezumbanlosoidos le responde:
«No me gustaría ser tu vecino. Tu tambien desprendes amargura». Bonté le llama trolecillo. buhardilla43 le espeta que no tiene ni idea y que los alemanes son una mala sociedad pero sin exagerar.
La otra bronca es sobre la identidad de los culpables. Unos dicen que son alemanes de toda la vida; otros, que son los
«nuevos alemanes», con comillas que señalan a inmigrantes o a ciudadanos de origen turco. Bimb0 lo critica:
«Llamar alemanes a los turcos es de ser gilipollas». Y añade que los padres deben educar a los hijos para no aceptar comida de desconocidos,
«sobre todo ahora que Europa está llena de invasores marrones».
Petruska desvía el foco:
«Pues los holandeses son mucho peor que los alemanes». Bonté responde que de toda Centroeuropa los alemanes son los que mejor caen y que los holandeses son los que menos aprecian a España. Jotagb terció con una anécdota sobre los holandeses y las bicicletas robadas en la Segunda Guerra Mundial, y llamó a Bonté
«folla alemanes con la cara cuadrada». El insulto no se reproduce aquí, pero da cuenta del tono.
Dr.Robert ley entra con una teoría:
«esos "alemanes" eran morenos en realidad», y se define como revisionista. Asegura que los nacional socialistas darían su vida por salvar a un perro. Alguien le responde que merece ser exterminado, y ahí el hilo toca fondo.
Qué cambia respecto a antes
Hasta ahora la discusión era sobre si se podía juzgar a un país entero por un incidente. Ahora el eje se ha movido a la identidad de los culpables. La pregunta ya no es si los alemanes son amargados, sino quién es realmente alemán. Las comillas alrededor de
«alemanes» se convierten en el centro del debate: para unos, señalan a inmigrantes; para otros, a una minoría que no representa al país. La ironía de Jörmundgander, que suelta
«Nadelstrudel» como quien nombra un postre, resume el nivel de desvarío.
La norma de no aceptar comida de desconocidos, que antes era una derivada práctica, ahora se mezcla con el debate sobre la identidad. Kalevala insiste:
«De primero de padres es enseñarles a tus hijos que no acepten nada de desconocidos». Pero Bimb0 la enmarca en su propia teoría sobre los
«invasores marrones». La conversación se ha enredado.
El cálculo que nadie hace
En 40 mensajes no aparece ni una sola fuente que confirme la autoría. El enlace a Global Research habla de arsénico, no de clavos ni agujas, y nadie lo comenta. La noticia original sigue sin verificación. Mientras tanto, los participantes ya han repartido culpas entre alemanes, turcos, israelíes, rusos, la ultraderecha y un activista anticaries. El caso sigue sin resolverse, y el hilo también.