La cifra de 20.000 niños desaparecidos al año, a debate
Un informe anual del Ministerio de Interior contabiliza las denuncias por desaparición de menores en España. La cifra que circula en redes y foros —20.000 niños al año— se ha convertido en un lugar común. Pero el dato, leído con cuidado, dice algo muy distinto: la mayoría son fugas de adolescentes que vuelven a casa en horas. Según un cálculo que circula en el debate, el número de niños pequeños desaparecidos sin explicación estaría en dos o tres cifras, no en cinco.
El CNDES y la trampa de las denuncias repetidas
El Centro Nacional de Desaparecidos (CNDES) publica cada año un informe de personas desaparecidas. Ahí aparece la cifra que se repite en redes: alrededor de 15.000 menores, que en algunos años se ha redondeado hasta los 20.000. El problema es que se cuentan
denuncias, no niños distintos. Un mismo adolescente tutelado que se escapa diez veces de un centro de protección genera diez denuncias. El sistema suma expedientes, no personas.
El grueso de esos casos son
fugas voluntarias de chavales de 14 a 17 años. La inmensa mayoría se resuelve en horas o días. El porcentaje de casos cerrados supera el
95%. Después están las sustracciones parentales: un progenitor que se lleva al hijo sin permiso del otro. Son cientos al año, no miles.
¿Cuántos niños pequeños desaparecen sin explicación en España?
Cuando se discrimina por edad y se descartan las fugas y los secuestros familiares, la cifra se desploma. Un cálculo que circula en el debate, hecho a partir de los datos del propio CNDES, sitúa los casos de
menores de 12 años desaparecidos sin explicación entre 100 y 200 al año. Sigue siendo una barbaridad. Pero no son 20.000.
La confusión no es inocente. La cifra redonda y alarmante se comparte sin contexto, y así se convierte en un titular que se repite sin verificar. El resultado es una distorsión que desacredita cualquier crítica seria al sistema de protección.
El coronel y el bulo que se retroalimenta
En el origen de la polémica está la difusión de la cifra por parte de un mando de la Guardia Civil, el coronel Baños de Atocha, que la ha repetido en distintos foros. El dato, sin matices, ha corrido como la pólvora. Y ahí está el problema: cuando una figura de autoridad lanza una cifra sin contexto, el bulo se amplifica y la corrección llega tarde.
Hay quien sostiene que estas soflamas solo consiguen desacreditar cualquier disidencia real frente al sistema. El cálculo fino, desglosado partida a partida, da una diferencia que sorprende. Pero ese trabajo no se hace en un tuit.
El negocio de la alarma
La ansiedad por la desaparición de menores ha generado un mercado. Hay padres que colocan localizadores en las mochilas o en los coleteros de sus hijas. La tecnología tranquiliza, aunque el riesgo real sea estadísticamente diminuto. La percepción manda.
El dato que descoloca no es el de los 20.000. Es que, con todas las denuncias contabilizadas, el sistema sigue sin distinguir entre un niño perdido y un adolescente que se ha ido de casa. Mientras no se separe el grano de la paja, la cifra seguirá sirviendo para vender miedo.