Cuatro años de GNU/Linux: del arranque dual al SSD al límite
¿Se puede hibernar Windows y Linux a la vez en el mismo ordenador? Sobre el papel, sí. En un mini PC Shuttle Slim de 2015 —Celeron de dos núcleos a 1,5 GHz, 16 GB de RAM y disco SSD— la respuesta fue un no durante meses. Esa es la primera parada de una experiencia con GNU/Linux que se ha prolongado cuatro años y que ha pasado por la hibernación imposible, el desgaste del SSD y hasta un cambio de cable de vídeo.
El punto de partida: instalar Ubuntu 22.04.1 dejando Windows 10 22H2 en arranque dual con GRUB. Ubuntu hiberna sin problema, una vez calculado el offset que va al fichero de GRUB. Windows no. Al ejecutar shutdown -h, la máquina responde con un escueto
«El sistema no puede encontrar el archivo especificado (2)».
¿Por qué Windows no hiberna con Linux instalado?
El fichero hiberfil.sys existe en la partición de Windows. Redimensionarlo al tamaño de la RAM —al principio ocupaba un 40% de esa cifra— no sirve de nada. La explicación que maneja el caso es que la partición marcada como activa es la que aloja GRUB, y eso Windows no lo digiere. Cambiar la partición activa permitiría quizá hibernar Windows, pero dejaría a Ubuntu sin arranque. La cuadratura del círculo.
Las vías habituales se probaron sin éxito: desactivar y reactivar el servicio de hibernación por consola con powercfg.exe /hibernate off y on. Tampoco sonó la flauta. Los 90 GB libres en la partición y los 16 GB de memoria descartan el problema de espacio. Se llegó a sugerir, medio en broma, cargarse Windows y virtualizarlo dentro de Linux.
El SSD que se traga 50 GB de escritura diaria
El aviso llegó más tarde:
40.600 GiB escritos y subiendo a razón de 50 gigas diarios, porque el equipo lleva muchas horas encendido. El fabricante cifra el límite del disco en 160.000 GiB. Queda margen, pero la preocupación es real.
Parte de la solución pasa por TRIM. Las distribuciones con systemd ya lo ejecutan solas —una vez a la semana o de forma continua con la opción discard—, así que programarlo a mano con cron es una reliquia de otra época. La otra vía, más doméstica, es no tener solo un disco: los SSD mueren sin avisar y los mecánicos al menos dan síntomas.
Swappiness, la swap y 25 GB para hibernar
Aquí entra el baile de cifras. Con vm.swappiness en 60 (valor por defecto), la swap empieza a usarse al llenar el 40% de la RAM. Puesto a 0, es como si no existiera: el sistema la ignora y alguna aplicación acaba muriendo. Con el valor en 5, la swap vuelve a moverse y nada perece.
La lectura de free -h no ayuda a tranquilizar:
15 GiB totales, 5,8 GiB usados, 410 MiB libres y 9,3 GiB en caché. El monitor del sistema dice otra cosa —13,5 GB, un 81,4%— y parece más creíble para quien apila tres navegadores, mensajería, reproductores y un cliente de computación distribuida a la vez. Para poder hibernar se crearon 25 GB de swap.
Wayland mueve las ventanas y agota la RAM
El protocolo de visualización moderno trae dos regalos. El primero: algunas ventanas maximizadas se desplazan hacia abajo tras apagarse la pantalla y reanudarse. El segundo, peor: la memoria se va consumiendo poco a poco hasta que, al superar el 80%, alguna aplicación muere. Con
pipas, el resultado es volver a Xorg.
Y no hay plan B cómodo. Xorg está muy parcheado y apenas queda gente dispuesta a entenderlo. Los controladores propietarios para tarjetas gráficas tampoco lo ponen fácil.
De dos Windows a dos Linux: Ubuntu, Artix y Linux Mint
El arranque dual terminó en divorcio: Windows fuera, y en su lugar un segundo Linux. Primero Artix, la hermana de Arch sin systemd, con arranque dinit y KDE Plasma. La instalación fue razonable, salvo un PipeWire que se arrancaba dos veces y dejaba el sonido muerto. Después llegó Linux Mint, y ahí el asunto se asentó:
va de lujo.
El balance entre distros sorprende poco. El consumo de memoria acaba siendo parecido si se iguala lo que corre por debajo: un antivirus como ClamAV se come un giga él solo. Las diferencias reales aparecen en la comunidad, no en el escritorio.
Flatpak, AUR y el disco que se llena
Para instalar Microsoft Teams o Mp3Gain, el camino corto es Flatpak. El problema es que los paquetes ocupan un horror de disco. La alternativa en Artix es el AUR, donde ambos están como binarios y sin compilar. El consumo de CPU al 100% por los procesos renderer de los navegadores es harina de otro costal: síntoma de renderizado por software.
El cable que arruinaba la TDT en HD
Anécdota acumulada: la imagen pixelada de los canales HD de la TDT, presente en Windows y en casi todas las distribuciones. La causa no era el software. Era un
cable VGA analógico. Cambiado por uno DVI-D, el problema desapareció.
Cuatro años, varias distribuciones, una placa base reparada por 70 euros y un SSD que aún respira. La conclusión es tan modesta como reveladora: casi ninguno de los problemas era culpa de Linux.
Casi.