Ante un escenario de guerra nos encontramos con la limpieza sistemática de la población masculina (más ganancia para los hombres que sobrevivan de la guerra), otra política que en el más favorable de los casos podría ser la más deseable para esa mayoría, canalizar viejos rencores con el enemigo, y otras cosas que han supuesto para esta sociedad una olla a presión que no puede más entre sus problemas internos y externos. Recordad lo ocurrido con el 11M, o lo que pasó con Carrero, la crisis del ladrillo, etc. Pero también los problemas internos: crisis varias, política. O algo más individual como las rencillas y cuentas pendientes que tenéis con alguien que os miró mal en una fiesta, aquel otro que se acostó con tu exnovia, o la envidia que te tuvo aquel amigo por ascender en la empresa, etc. El hartazgo con la actualidad es tal, que se desea un reinicio cuanto antes para, aun con tragar con lustros o incluso décadas paupérrimas, establecer un nuevo sistema lejos de la democracia actual (donde hay irregularidades) o los líderes son ridículos. Incluso para el que se queda en casa de toda la vida (ese solterón o solterona que se quedaba en casa toda la vida y del que rumoreaban era el […] del pueblo) que ni siquiera puede bajar al estanco sin que le atraquen con el precio del tabaco, o la falta de calidad de los bollos, etc. es una vida dura, ya que todo va a menos, menos seguridad, menos dinero y menos todo.