Sánchez y Wyoming, reunión de viejas glorias
A ver Pedro, que lo de que Jovenlandia os había hackeado los móviles lo dijisteis vosotros y que vuestra política con ellos ha cambiado lo dicen hasta vuestros socios.
(imagen visible para usuarios registrados)El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez | EFE
No veo nunca, pero nunca nunca, el programa del Wyoming, bastante duro es ya nuestro paso por este valle de lágrimas como para encima imponerme peajes de ese calibre. Lo he hecho esta noche por la entrevista con el presidente del Gobierno y para escribir esta columna, espero que aprecien el sacrificio que hago por ustedes y, sobre todo, las toneladas de vergüenza ajena que he tenido que soportar.
Ya antes de que el marido de Begoña Gómez apareciese en el plató la cosa apuntaba a lo más bajo: el monólogo del presentador del programa fue una avalancha de naftalina que ni un alud en los Alpes, desde los programas de José Luis Moreno en Murcia no veía algo tan casposo, tan falto de gracia y tan sobrado de onanismo intelectual. Pero esperen, soy injusto en esto último: Moreno era mucho más modesto y no iba por la pantalla pavoneándose y diciendo tonterías de esa magnitud, era todo más sencillo y con muchas menos pretensiones. Por otro lado, el humor que hacía con los muñecos estaba, en su época, mucho menos caduco que el de Wyoming ahora, que el tío tiene la gracia en Montana.
Sin embargo, ese Sánchez que no puede –o no quiere– salvar a los ceutíes sí ha hecho todo lo posible por salvar al presentador y pseudohumorista: sus respuestas han sido tan evasivas y tan desvergonzadas que en ciertos momentos al propio Wyoming le ha entrado un poco de pudor y hasta ha hecho alguna repregunta. Insólito.
Lo mejor de la entrevista, para mi gusto, han sido los dos ceutíes a los que les han dado la oportunidad de preguntar. Lo han hecho, sobre todo uno de ellos, sin ningún miramiento. El presidente se ha movido un tanto molesto en su silla, ha puesto su sonrisa más condescendiente –esa con la que alguien que se considera a sí mismo muy importante se hace el bueno al tratar con lo que le parece el lumpen– y le ha dicho al improvisado reportero que "la pregunta que yo le haría a Antonio para responderle sería…" una pregunta con la que, por supuesto, no ha respondido a nada. Todo para el pueblo pero sin el pueblo...