Sinmiedoanada
Himbersor
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Desde el ELbichito la impresión masiva monetaria ha ido a bolsa, inmuebles y activos escasos que no se pueden producir dándole a un botón como los $.Bueno hoy en día, en los últimos 10 años y desde el 2020 más aún el invertir ha sido un chollo sin tener mucha idea, ha habido muchos sectores, en bolsa, fondos, inmobiliario, criptos, etc, etc.
Ahora esta todo tan inflado que da miedo, pero la devaluacion monetaria sigue su curso.
Y luego están como yo que me considero castrado para las inversiones, después del trauma que me metieron con las punto.com del 2000, por eso no me considero un buen ejemplo, me he perdido muchas oportunidades y aún así de ahorros no ando mal, pero reconozco que soy un mal inversor.
Invertir con la devaluación constante de la moneda es una obligación. Recuerdo que entre 2008- ELbichito no hubo apenas inflación-
Entre el 1 de enero de 2000 y el 1 de enero de 2020, el S&P 500 obtuvo una rentabilidad anualizada aproximada del 6,01% en retorno total (incluyendo dividendos) y del 4,11% en retorno de precio, mientras que el NASDAQ Composite registró una rentabilidad anualizada cercana al 4,02% en retorno de precio.
No hay comparación, los funcionarios son millones que recirculan el dinero siendo un motor de la economía del país. Roig se lo embolsa todo, para los mínimos impuestos de ese beneficio, pagan más las rentas del trabajo, y lo apalanca en banco o en paraísos fiscales.
Comparado.
No hay comparación, los funcionarios son millones que recirculan el dinero siendo un motor de la economía del país. Roig se lo embolsa todo, para los mínimos impuestos de ese beneficio, pagan más las rentas del trabajo, y lo apalanca en banco o en paraísos fiscales.
Comparado.
Como consumidor libre, tengo la capacidad de decidir dónde gasto mi dinero. Puedo elegir ir a Mercadona, a otro supermercado, comprar en una tienda de barrio o simplemente cambiar mis hábitos de consumo. Esa libertad de elección tiene una consecuencia económica importante: cada vez que decido voluntariamente gastar mi dinero en una empresa, estoy premiando —al menos según mi criterio como consumidor— la forma en que esa empresa utiliza sus recursos.
Una empresa como Mercadona no recibe mi dinero por obligación. Tiene que competir cada día para convencerme de que sus productos, precios, calidad y servicio merecen mi elección. Si deja de satisfacer a sus clientes, estos pueden marcharse a la competencia. Por eso, en una economía de mercado, las empresas tienen fuertes incentivos para asignar el capital de manera eficiente: invertir donde creen que podrán satisfacer mejor las necesidades de los consumidores.
El Estado funciona de una manera diferente. Una parte importante de los recursos que administra procede de impuestos obligatorios. Yo no puedo decidir individualmente no financiar determinados gastos públicos simplemente porque considere que ese dinero podría utilizarse mejor de otra manera. El ciudadano entrega una parte de sus recursos y después son las instituciones públicas las que deciden, mediante presupuestos y decisiones políticas, cómo asignarlos. Eso no significa necesariamente que todo gasto público sea ineficiente, pero sí existe una diferencia fundamental: en el mercado la asignación del dinero depende directamente de millones de decisiones voluntarias de consumidores, mientras que en el Estado una parte muy importante de la asignación se realiza mediante decisiones políticas y administrativas.
El caso de Mercadona permite ilustrar esta diferencia. En 2025 la compañía obtuvo un beneficio neto de aproximadamente 1.729 millones de euros y alcanzó una plantilla total de 115.000 trabajadores, después de crear alrededor de 5.000 nuevos empleos durante el ejercicio. Además, distintos estudios sobre su impacto económico estiman que su actividad sostiene un número mucho mayor de empleos de forma indirecta e inducida a través de proveedores, logística y el resto de su cadena de valor.
Y es importante entender qué significa realmente ese beneficio. El beneficio neto no es la cantidad total de dinero que entra en la empresa. Es lo que queda después de pagar proveedores, salarios, alquileres, energía, logística, inversiones, intereses e impuestos. De hecho, el beneficio neto de Mercadona en 2025 representó aproximadamente el 4,5 % de sus ingresos, lo que demuestra que la inmensa mayoría del dinero que mueve la empresa vuelve a la economía en forma de compras a proveedores, empleo, inversiones y otros gastos empresariales.
Además, Mercadona contribuye a la recaudación pública de diferentes maneras. En 2025, según los datos comunicados sobre sus resultados, la empresa pagó aproximadamente 690 millones de euros en impuesto sobre beneficios, con una tasa efectiva del 22,8 %. A esto hay que añadir las cotizaciones a la Seguridad Social soportadas por la empresa, así como otros impuestos y tasas aplicables a su actividad.
Pero la actividad de Mercadona también genera una importante recaudación que la empresa gestiona o recauda indirectamente para las administraciones públicas. Entre estas cantidades se encuentran aproximadamente:
690 millones de euros en impuestos sobre beneficios.
657 millones de euros de IRPF aportados por sus trabajadores y gestionados mediante las correspondientes retenciones.
226 millones de euros en aportaciones de los trabajadores a la Seguridad Social.
719 millones de euros de IVA recaudado e ingresado en relación con su actividad comercial.
En conjunto, estas cifras superan los 2.200 millones de euros. Si se incluyen las cotizaciones empresariales y otros impuestos y tasas soportados directamente por la compañía, la contribución tributaria asociada a Mercadona es todavía mayor. Es fundamental, sin embargo, distinguir entre el impuesto que paga directamente la empresa y los impuestos que recauda o retiene en nombre de consumidores y trabajadores: no todo ese dinero sale del beneficio de Mercadona, pero su actividad económica permite que esas cantidades existan y lleguen a las administraciones públicas.
Si comparamos solamente los aproximadamente 3.400 millones de euros de aportación tributaria y recaudación mencionados para 2025 con los 1.729 millones de beneficio neto, la cifra equivale aproximadamente a dos veces el beneficio neto anual de Mercadona. Es decir, por cada euro de beneficio neto obtenido, alrededor de dos euros adicionales estuvieron relacionados con pagos tributarios, cotizaciones y recaudación fiscal asociada a la actividad de la empresa. Esta comparación debe hacerse con cautela porque incluye conceptos soportados directamente por la empresa junto con impuestos recaudados a trabajadores y consumidores.
Y todavía hay otro elemento importante: los trabajadores tampoco dejan de pagar impuestos cuando reciben su sueldo. Antes de cobrarlo ya se aplican retenciones de IRPF y cotizaciones sociales. Después, cuando utilizan su salario para consumir, vuelven a pagar impuestos indirectos como el IVA y otros impuestos incluidos en determinados bienes y servicios. Lo mismo ocurre con proveedores, transportistas y otras empresas de la cadena económica. Una empresa rentable no solo genera beneficios para sus propietarios: genera salarios, compras a proveedores, inversiones, empleo y una enorme cantidad de actividad económica sobre la que posteriormente se recaudan impuestos.
Por eso considero importante defender la libertad de elección del consumidor. Cuando yo decido libremente comprar en Mercadona, estoy entregando mi dinero a una empresa que ha tenido que competir para conseguirlo. Esa empresa, para seguir existiendo, debe utilizar sus recursos de una manera que satisfaga suficientemente a millones de consumidores. Si se equivoca de forma continuada, pierde clientes y capital.
En cambio, cuando el Estado recauda impuestos obligatoriamente, la relación entre quien entrega el dinero y quien decide cómo utilizarlo es mucho más indirecta. El ciudadano no puede elegir de forma individual qué parte concreta de sus impuestos quiere destinar a cada proyecto ni retirar fácilmente su financiación de una política que considera ineficiente. Por eso creo que existe una diferencia esencial entre el capital asignado mediante decisiones voluntarias de millones de consumidores y el capital asignado mediante decisiones políticas: en el primer caso, la empresa debe convencer constantemente al ciudadano; en el segundo, el ciudadano está obligado a contribuir aunque pueda discrepar profundamente sobre cómo se utiliza su dinero.
La cuestión no es afirmar que el Estado no deba cumplir ninguna función.