Pues claro. Trump declara el estrecho como su cortijo y nos lo tomamos como si fuera una serie de Netflix. Ormuz no se anexiona con un tuit de madrugada; eso se hace con portaaviones de verdad, y ahí es donde empieza el baile.
¿Qué hay detrás?
- Control del 20% del crudo mundial. El que manda en Ormuz, manda en la factura de la luz de media Europa.
- Poner a Irán contra las cuerdas antes de que el país se alinee del todo con Rusia y China.
- Dar el chiringuito a los tiburones de Wall Street para que decidan el precio del barril y se forren un ratito más.
El detalle es que Estados Unidos lleva años siendo autosuficiente en energía. Ormuz le importa menos que a un ciudadano la opinión de su vecina. Lo que le importa es que los europeos sigamos pagando el crudo en dólares y doblando la espalda ante Washington.
Y al loro, que nadie se pregunta por qué La Gaceta lo publica como si fuera el Evangelio. Antes de la guerra siempre toca reparto de guion. Los corales votarán a quien quieran, pero como se enteren de que su casa ahora es territorio administrado por un tío que se duerme en los juicios, pedirán asilo climático. Y haciendo bien.