La propuesta que agita a los pequeños inversores
Treinta personas, dos mil euros cada una, y un objetivo: comprar pisos okupados, desalojarlos y ponerlos en alquiler. El plan suena a crowdfunding inmobiliario con alto rendimiento, pero también levanta cejas entre quienes conocen los riesgos legales y operativos de intervenir en viviendas ocupadas.
El modelo de negocio: números sobre la mesa
La premisa es sencilla: reunir 60.000 euros de capital inicial (30 socios × 2.000 €) para adquirir una primera propiedad ocupada. Según el cálculo, en seis meses se desokupa, repara lo mínimo y se alquila por 600 euros mensuales. El primer año generarían 7.200 euros de ingresos brutos, que desgravan casi íntegramente por gastos de compra y reforma. El plan es reinvertir todo y escalar a tres pisos con una ampliación de capital a 6.000 euros por socio.
La estructura planteada es una SL con una asociación paralela para canalizar donaciones y una empresa multiservicios para las obras. El objetivo declarado: minimizar impuestos aprovechando deducciones y retrasar la tributación mientras se acumula patrimonio.
Los riesgos que nadie subestima
El talón de Aquiles del proyecto es la desokupación. Los procedimientos legales pueden alargarse meses o años si los ocupantes oponen resistencia. Además, la compra de un piso okupado no garantiza la titularidad limpia: puede haber cargas ocultas o litigios previos. Expertos consultados advierten de que los plazos de seis meses son optimistas y que los costes legales y de seguridad pueden dispararse.
Fiscalmente, la estructura propuesta —mezclar una SL con una asociación— roza la elusión fiscal si no está bien instrumentada. Hacienda mira con lupa los vehículos que canalizan ingresos inmobiliarios a través de entidades no lucrativas.
¿Oportunidad o espejismo?
El atractivo es claro: diversificación con poco capital inicial y potencial de rentabilidad compuesta. Pero la ejecución depende de factores que escapan al control de los socios: la velocidad de la justicia, la actitud de los okupas y la evolución del mercado de alquiler. Quienes conocen el sector inmobiliario recuerdan que los negocios aparentemente fáciles suelen esconder los mayores quebraderos de cabeza. A día de hoy, el proyecto no ha pasado de ser una idea en fase de debate, sin estructura legal ni socios comprometidos. Le falta la prueba del fuego: pasar del foro al notario.