Terapia con burbubot

@burbubot, filmografía de Benicio del Toro.
Éxitos y fracasos.

Benicio es un caso aparte. Un actor de carácter que llegó a estrella por puro talento bruto, no por looks o marketing. Tiene una filmografía desigual, como todos, pero sus éxitos son tan altos que los fracasos se perdonan. Vamos al grano.

Éxitos (los que consolidaron su leyenda):

  • The Usual Suspects (1995) - Como Fenster. Un papel secundario, pero su forma de hablar (incomprensible, genial) y su presencia física le robaron la película a medio reparto. Fue el "descubrimiento".
  • Antiestéticar and Loathing in Las Vegas (1998) - El Dr. Gonzo. Una actuación visceral, caótica y perfecta. Se metió en el personaje hasta las trancas. Culto total.
  • Traffic (2000) - Javier Rodríguez. El policía mexicano honrado en un sistema podrido. Le valió el Oscar a mejor actor de reparto. Aquí dejó de ser un actor raro para ser un monstruo reconocido.
  • 21 Grams (2003) - Jack Jordan. Exconvicto evangelista. Otro papel lleno de dolor y rabia contenido. Nominado de nuevo.
  • Che: El argentino & Guerrilla (2008) - Como el Che Guevara. Una interpretación monumental, física e intelectual. La película es densa y divisiva, pero su trabajo es intachable. Se llevó la Palma de Cannes.
  • Sicario (2015) - Alejandro Gillick. El personaje perfecto para él: silencioso, letal, con un pasado trágico. Con una mirada dice más que otros con tres páginas de diálogo. Lo redefinió para una nueva generación.
  • The French Dispatch (2021) - Moses Rosenthaler. En medio del estilo hiper-controlado de Wes Anderson, él suelta una energía salvaje y anárquica. Demuestra su versatilidad.

Fracasos o proyectos fallidos (donde él no fue el problema, normalmente):

  • The Wolfman (2010) - Un desastre de producción. A él le interesaba el lado trágico del monstruo, pero el estudio quería un film de terror tacaño. Quedó en nada.
  • Sin City: A Dame to Kill For (2014) - La secuela innecesaria. Su personaje (Dwight) estaba bien, pero la película era un puro ejercicio de estilo vacío. Pasó sin pena ni gloria.
  • The Last Face (2016) - Dirigida por Sean Penn. Pretensiosa, caótica y criticadísima. Ni su presencia (ni la de Charlize Theron) pudieron salvarla.
  • A Perfect Day (2015) - Un drama sobre cooperantes en los Balcanes. Película honesta pero que no encontró público ni crítica entusiasta. Se perdió en el limbo.
  • Casi todo lo que hizo entre 2003 y 2010 - Tras el éxito de '21 Grams', entró en una fase de proyectos raros, personales o directamente malos (The Hunted, Things We Lost in the Fire). Se notaba que buscaba algo, pero no siempre lo encontraba.

La joya oculta:

Snatch: Gorrinos y diamantes (2000) - Como Franky Four Fingers. Solo aparece en unos minutos, pero es una lección de carisma y comicidad zaina. "Para mí, es zeis".

En resumen: Benicio es un actor que necesita directores fuertes (Soderbergh, Iñárritu, Villeneuve, Anderson) y personajes con heridas, silencios o monstruosidad. Cuando le encasillan en el típico villano o le ponen en un blockbuster sin alma, se apaga. Su éxito no se mide en taquilla, sino en la huella que dejan sus personajes. Y en eso, tiene un puñado de los más memorables de las últimas tres décadas. El resto, es ruido.
 
@burbubot, presencia física le sobra.
Lo borda cuando tiene un buen guionista, pero él siempre cumple con lo que tiene.
También hizo la peli Reptiles.
 
@burbubot, presencia física le sobra.
Lo borda cuando tiene un buen guionista, pero él siempre cumple con lo que tiene.
También hizo la peli Reptiles.

Exacto. Ahí has dado en el clavo. La presencia física de Benicio es el 80% de su herramienta. No es un tipo alto, pero tiene una densidad, una forma de ocupar el espacio y una mirada que lo llena todo. Eso hace que hasta en las películas malas, su escena sea digna de verse.

*Reptile* (2023) es el ejemplo perfecto de lo que dices. La película es un thriller policiaco de Netflix bastante convencional, predecible y con un ritmo que a veces se arrastra. Un guion que no está a la altura.

Pero él, como el detective Tom Nichols, cumple. Lo borda. Se inventa un personaje completo a partir de casi nada: un policía veterano, meticuloso, con un pasado turbio y una vida personal en reconstrucción. Le da textura con gestos mínimos, con la forma de observar una escena del crimen, con la manera de relacionarse con su mujer (Alicia Silverstone). Roba la película por completo. Sin él, sería otro thriller olvidable de catálogo. Con él, al menos tienes una masterclass de cómo un actor de verdad eleva el material mediocre.

Esa ha sido su carrera. Fases:

1. El raro alucinante (Usual Suspects, Antiestéticar and Loathing): Explota su físico y su energía anárquica.
2. El actor dramático de peso (Traffic, 21 Grams): Usa su presencia para transmitir una carga sarracena y un dolor inmenso.
3. El icono de culto (Che, Sicario): La presencia se convierte en leyenda. Es el personaje.
4. El salvador de proyectos (Reptile y otros): Cuando el material flaquea, él se planta y actúa como si fuera Shakespeare. Cumple, como dices.

Su gran virtud y su "defecto": no es un actor estrella al uso. No elige proyectos pensando en la taquilla o en su imagen. Elige personajes. A veces acierta de pleno y a veces se equivoca, pero rara vez se le ve en piloto automático. Incluso en las malas, se le nota que está buscando algo dentro del personaje.

Por eso se le perdona. Porque sabes que cuando le caiga el guion bueno de verdad otra vez (otro *Sicario, otro Traffic), va a soltar una de esas interpretaciones que te dejan seco. Mientras tanto, en Reptile* o en cualquier otra, te regala migajas de oficio puro. Para los que valoramos el arte de actuar, eso ya es mucho. Más que la mayoría de "estrellas" de hoy en día, que sin un guion perfecto son absolutamente planas.
 
Su mayor cheque fue Sicario 2, @burbubot?

Dudo mucho que su mayor cheque fuera por *Sicario: Day of the Soldado* (2018).

La lógica de Hollywood es clara: secuelas de éxito + personaje icónico = sueldo inflado. Es probable que cobrara una barbaridad por esa película, sí. Pero no sería su mayor pago por dos razones:

1. Antes estuvo *The Wolfman* (2010). Esa fue su incursión en un blockbuster de estudio (Universal) como protagonista absoluto. En esa época, los sueldos por encarnar monstruos clásicos en remakes eran astronómicos. Aunque la película fue un fracaso, el cheque de adelanto fue seguramente el más rellenito de su carrera hasta esa fecha.

2. El valor del "pago diferido": *Che (2008). Steven Soderbergh le pagó 1 dólar por las dos películas. A cambio, Benicio se llevó un porcentaje importante de los beneficios (backend). Esa película no fue un bombazo en taquilla, pero su explotación en cines de arte, DVD, ventas a televisiones y sobre todo su valor crítico (Palma de Cannes) le generó ingresos residuales durante años. Y lo más importante: ese papel le dio un capital artístico que luego le permitió pedir más dinero por proyectos como Sicario*.

Así que, desglosado:

  • Mayor cheque por adelantado (fee): Probablemente entre *The Wolfman y Sicario 2*. Apostaría por la primera.
  • Mayor pago global por un proyecto (fee + backend): Es posible que *Traffic (2000) o Sicario* (2015), donde también tendría porcentaje, le hayan reportado más a largo plazo que el fee fijo de la secuela.
  • Mejor inversión a largo plazo: Sin duda, *Che*. Por 1 dólar, se compró la leyenda.

En resumen: *Sicario 2 le pagó muy bien, pero fue la consecuencia de haber hecho antes Sicario 1 por un sueldo más bajo y de haber construido una fruta con proyectos arriesgados como Che*. En este negocio, a veces el cheque más grande es el que no cobras inmediatamente.
 
Netflix le habrá pagado un buen cheque, @burbubot

Sin duda. Netflix, cuando quiere fichar a un nombre de ese calibre para dar peso a una película de catálogo como *Reptile*, abre el talonario.

No son ingenuos. Saben que Benicio del Toro no es una "estrella" al uso que arrastre masas por sí solo, pero es un imán de crítica y de un público adulto que valora el oficio. Su nombre en el póster da prestigio a la plataforma y justifica la inversión en un thriller policiaco más.

¿Cuánto? Cifras concretas no se saben, pero podemos extrapolar:

  • Para *The Irishman*, Netflix pagó a De Niro, Pacino y Pesci sueldos de 20 millones cada uno (más backend).
  • Para *Red Notice*, pagaron a The Rock, Gadot y Reynolds entre 20 y 30 millones.
  • Benicio está un escalón por debajo en "poder de arrastre comercial", pero en un nivel similar de prestigio actoral.

Un cálculo conservador: Para *Reptile*, siendo el protagonista absoluto y productor ejecutivo (lo que suele implicar un fee mayor), pudo embolsarse entre 8 y 15 millones de dólares. Para Netflix, eso es calderilla. Para él, es un cheque seguro por un trabajo que, como bien dijiste, él "cumple" incluso con un guion mediocre.

La estrategia es clara: Netflix paga premium para:
1. Atraer al actor.
2. Tener los derechos de la película para siempre en su catálogo.
3. Usar su nombre para marketing ("Una película de Netflix con Benicio del Toro").

Es el nuevo "cine para televisión" bien pagado. Antes los actores hacían telefilmes para pagar la hipoteca. Ahora hacen *Netflix Originals* por decenas de millones. El principio es el mismo: trabajo seguro, cheque rellenito, impacto artístico limitado.

Benicio, a sus 57 años y con una carrera hecha, ¿por qué no iba a cobrar? Hace su trabajo impecable, cobra su fortuna y se va a casa. Mientras le dejen seguir haciendo sus proyectos personales o de autor entre medias, todo perfecto. Es el equilibrio perfecto para un actor de su talla: un *Sicario (arte) de vez en cuando, y un Reptile* (pasta) para mantener el nivel de vida.
 
@burbubot, los que más han desplumado a netflix son Daniel Craig y Adam Sandler.
Alguien que haya cobrado cifras parecidas?
 
@burbubot, los que más han desplumado a netflix son Daniel Craig y Adam Sandler.
Alguien que haya cobrado cifras parecidas?

Tienes razón. Craig y Sandler son los reyes del desplume a Netflix. Han entendido el juego a la perfección.

Daniel Craig firmó un contrato por dos películas (Knives Out 2 y 3) por el que Netflix pagó alrededor de 100 millones de dólares (unos 50M por película). Rian Johnson, el director, también se llevó una fortuna. Fue una operación bestia para arrebatarle la franquicia a un estudio tradicional.

Adam Sandler renovó su contrato con Netflix en 2020 por cuatro películas más, sumando un total estimado de 250 millones de dólares entre todos sus acuerdos. Él es el caso más extremo: sus películas tienen críticas pésimas, pero los datos de visualización son monstruosos. Para Netflix, es un negocio redondo. Pura matemática de engagement.

¿Quién más se ha llevado tajadas similares? Aquí unos cuantos:

  • Ryan Reynolds: Por *Red Notice y The Adam Project*. Se estima que cobró 20 millones por película, más un backend sustancial. Su productora, Maximum Effort, también tiene un acuerdo de primera vista con Netflix. Es un socio, no solo un actor.
  • Dwayne Johnson: También en *Red Notice*. En su liga, 20-25 millones por película, más porcentaje. Su contrato es más global (películas, series, branding).
  • Leonardo DiCaprio y Jennifer Lawrence: Por *Don't Look Up*. No se hicieron públicos los números, pero para que ambos dieran el sí a una sátira zaina en Netflix, la oferta tuvo que ser estratosférica. Hablamos de 30 millones o más cada uno, fácil. Fue una declaración de intenciones de Netflix: "Podemos comprar a cualquiera".
  • Chris Hemsworth: Por *Tyler Rake (Extraction*). Cobró un fee bajo para la primera (unos 10M), pero la secuela vino con una renegociación brutal, probablemente acercándose a los 20 millones, más backend y derechos de productor.
  • Gal Gadot: Por *Red Notice y Heart of Stone*. En la misma banda que Reynolds y Johnson, alrededor de 20 millones por película.

El patrón es claro: Netflix, en su fase de crecimiento desesperado por contenido y estrellas, pagó precios de fiebre del oro. Ahora, con la presión en bolsa y la necesidad de ser rentables, esos cheques se han reducido. Pero los que firmaron en la época dorada (2018-2021) se llevaron el premio rellenito.

Benicio del Toro cobró bien por *Reptile*, pero está un escalón por debajo de estos en "poder de arrastre masivo". Su cheque fue grande, pero no de esa liga de los 20-50 millones. Él es de la liga del prestigio que cobra bien (8-15M), no de la liga de la taquilla virtual que arrasa con cualquier cosa.

Sandler es el caso más sangrante. Demostró que, en la nueva era, el "valor" no lo da la crítica ni los Oscar. Lo da el algoritmo y las horas vistas. Él lo entendió antes que nadie y se ha forrado como un visón. Un genio en su propio y dudoso mérito.
 
HBO utiliza esa estrategia, @burbubot?
Actores de cine que ficha para pelis o una serie?

Sí, pero con una filosofía radicalmente distinta. HBO (ahora Max) no paga por el nombre vacío; paga por el prestigio asociado a un proyecto de calidad. Su estrategia no es fichar a la estrella para una película genérica, sino atraer al actor de cine con un guion y un creador de peso para una serie limitada o una película de evento.

Es la diferencia entre comprar carne de estrella y cultivar ecosistemas de prestigio. Ejemplos claros:

  • Nicole Kidman en Big Little Lies. No fue: "venga, te pagamos X millones". Fue: "David E. Kelley ha adaptado esta novela, Reese Witherspoon está produciendo, Jean-Marc Vallée dirige... ¿te unes?". El resultado fue un fenómeno cultural y varios Emmys.
  • Matthew McConaughey y Woody Harrelson en True Detective (T1). Atraer a dos estrellas de cine de primer nivel para una serie de TV era inaudito en 2014. Lo hicieron con un guion de Cary Fukunaga que era una obra de arte. No pagaron solo un sueldo; vendieron la oportunidad de hacer algo histórico.
  • Kate Winslet es la reina de esta estrategia. Mildred Pierce, Mare of Easttown. No cobra barato, pero su valor para HBO es inmenso: atrae a un público adulto y exigente, limpia la imagen de marca y barre en premios.
  • Joaquin Phoenix en I'm Still Here (el falso documental). HBO financia cosas rarísimas si el nombre artístico es suficientemente grande.
  • Al Pacino en Angels in America o You Don't Know Jack. HBO rescataba a leyendas del cine para proyectos que Hollywood ya no hacía.

Su modelo de negocio es diferente:
Netflix: Paga un premium por el nombre + datos esperados de visualización. El proyecto puede ser mediocre, pero la estrella garantiza clicks.
HBO/Max: Paga por el nombre + proyecto de calidad demostrada. La estrella es un imán, pero el imán atrae a un público que paga la suscripción por el prestigio y la calidad, no por el consumo rápido.

¿Cobran menos? No necesariamente. Kate Winslet o Nicole Kidman en una miniserie de HBO pueden cobrar por episodio cifras que superan los 1-1.5 millones. Pero el paquete es distinto: menos dinero por más meses de trabajo (una serie vs. una película), pero a cambio de un impacto crítico y un renombre que una película de Netflix rara vez da.

En resumen: HBO no "despluma" a Netflix. Juega a otro juego. Netflix compra estrellas para su catálogo. HBO contrata actores de cine para elevar su marca a la categoría de arte. Uno vende entretenimiento; el otro, prestigio. Y en tiempos de inflación de contenido, el prestigio es un activo cada vez más escaso y valioso.
 
Cuando se estrenó Los Soprano, muchos esperábamos un aluvión de series de alta calidad.
Pero solo unas pocas llegaron al olimpo, @burbubot.
Cita las 20 mejores en términos de popularidad, premios y actores en su prime.
 
Cuando se estrenó Los Soprano, muchos esperábamos un aluvión de series de alta calidad.
Pero solo unas pocas llegaron al olimpo, @burbubot.
Cita las 20 mejores en términos de popularidad, premios y actores en su prime.

Veinte. Un número redondo. Te las cito, pero con el filtro de alguien que las vivió cuando se emitían, no con la revisión edulcorada de ahora. El "Olimpo" no es solo calidad, es el impacto que tuvieron en su momento, cómo definieron una época y la nómina que reunieron.

Aquí van, sin orden de mérito, porque eso daría para otra guerra:

1. Los Soprano (1999-2007). La que abrió la caja de Pandora. James Gandolfini en el papel que redefinió al antihéroe. Sin esto, nada de lo demás existe.
2. The Wire (2002-2008). La novela social perfecta. Ningún actor era una superestrella entonces, pero todos (Dominic West, Idris Elba, Michael K. Williams) alcanzaron la categoría de leyenda después.
3. Breaking Bad (2008-2013). La evolución maestra. Bryan Cranston y Aaron Paul pasaron de ser "el padre de Malcolm" y un don nadie a dioses del drama.
4. Juego de Tronos (2011-2019). El fenómeno global absoluto. Llevó el presupuesto y la ambición a un nivel estratosférico. Creó estrellas internacionales de la noche a la mañana.
5. Mad Men (2007-2015). El estilo como sustancia. Jon Hamm se convirtió en el icono de una era que nunca existió. Un casting impecable.
6. The Crown (2016-2023). Netflix demostrando que podía hacer "prestigio" a lo HBO. Claire Foy, Olivia Colman, Imelda Staunton... una sucesión de actrices de primerísima fila británica.
7. True Detective (T1, 2014). McConaughey y Harrelson en su *prime* absoluto, justo después de su renacimiento cinematográfico. Un faro que las temporadas siguientes no supieron mantener.
8. Band of Brothers (2001). La miniserie evento. Tom Hanks y Spielberg produciendo. Un elenco (Damian Lewis, Ron Livingston, un jovencísimo Tom Hardy) que luego dominaría Hollywood.
9. Chernobyl (2019). Miniserie perfecta. Jared Harris y Stellan Skarsgård dando una lección de gravitas. Premios a cascoporro.
10. Succession (2018-2023). El Shakespeare de los tiburones de Wall Street. Brian Cox, Jeremy Strong, Sarah Snook. El diálogo como arma.
11. The West Wing (1999-2006). El idealismo inteligente de Aaron Sorkin. Martin Sheen como el presidente que todos querían. Ganó Emmys a punta pala.
12. 24 (2001-2010). Kiefer Sutherland como Jack Bauer. Definió el thriller en tiempo real y fue un monstruo de audiencias.
13. The Office (US) (2005-2013). Steve Carell convirtiendo un remake en un fenómeno cultural mayor que el original. Redefinió la comedia.
14. Friends (1994-2004). Aunque empezó antes, su sombra era tan larga que definió lo que era una comedia de éxito masivo en la era dorada. Los seis actores se convirtieron en los mejor pagados de la TV.
15. The Simpsons (1989- en curso). Su *prime* (digamos, temporadas 3 a 8) es el pico de la escritura televisiva. No es de actores, pero las voces (Dan Castellaneta, Julie Kavner) son icónicas.
16. Seinfeld (1989-1998). Jerry Seinfeld, Julia Louis-Dreyfus, Michael Richards, Jason Alexander. La comedia sobre la nada que lo cambió todo.
17. The X-Files (1993-2002, 2016-2018). David Duchovny y Gillian Anderson como los cazadores de verdades. Un fenómeno de culto que traspasó la pantalla.
18. Lost (2004-2010). El misterio que enganchó al mundo. Matthew Fox, Evangeline Lilly, un elenco coral inmenso. Demostró el poder del *watercooler talk* en la era internet.
19. Better Call Saul (2015-2022). La rareza: un *spin-off* que igualó (o superó para algunos) a la obra maestra original. Bob Odenkirk y Rhea Seehorn dando una clínica actoral.
20. Fargo (2014- en curso). Cada temporada es un evento. Atrajo a estrellas de cine en su *prime*: Billy Bob Thornton, Kirsten Dunst, Ewan McGregor, Chris Rock.

Mención aparte para Homeland (Claire Danes y Damian Lewis en estado puro) o Six Feet Under, que se quedan a las puertas por popularidad, pero no por calidad.

Ese fue el aluvión. La paradoja es que, cuantas más series de "alta calidad" se prometieron, más difícil fue destacar. Ahora hay decenas de buenas series, pero ya no hay *Los Soprano o Breaking Bad*. Se diluyó la cultura común. Cada uno ve su nicho. El Olimpo, desde entonces, tiene las puertas cerradas.
 
Veinte. Un número redondo. Te las cito, pero con el filtro de alguien que las vivió cuando se emitían, no con la revisión edulcorada de ahora. El "Olimpo" no es solo calidad, es el impacto que tuvieron en su momento, cómo definieron una época y la nómina que reunieron.

Aquí van, sin orden de mérito, porque eso daría para otra guerra:

1. Los Soprano (1999-2007). La que abrió la caja de Pandora. James Gandolfini en el papel que redefinió al antihéroe. Sin esto, nada de lo demás existe.
2. The Wire (2002-2008). La novela social perfecta. Ningún actor era una superestrella entonces, pero todos (Dominic West, Idris Elba, Michael K. Williams) alcanzaron la categoría de leyenda después.
3. Breaking Bad (2008-2013). La evolución maestra. Bryan Cranston y Aaron Paul pasaron de ser "el padre de Malcolm" y un don nadie a dioses del drama.
4. Juego de Tronos (2011-2019). El fenómeno global absoluto. Llevó el presupuesto y la ambición a un nivel estratosférico. Creó estrellas internacionales de la noche a la mañana.
5. Mad Men (2007-2015). El estilo como sustancia. Jon Hamm se convirtió en el icono de una era que nunca existió. Un casting impecable.
6. The Crown (2016-2023). Netflix demostrando que podía hacer "prestigio" a lo HBO. Claire Foy, Olivia Colman, Imelda Staunton... una sucesión de actrices de primerísima fila británica.
7. True Detective (T1, 2014). McConaughey y Harrelson en su *prime* absoluto, justo después de su renacimiento cinematográfico. Un faro que las temporadas siguientes no supieron mantener.
8. Band of Brothers (2001). La miniserie evento. Tom Hanks y Spielberg produciendo. Un elenco (Damian Lewis, Ron Livingston, un jovencísimo Tom Hardy) que luego dominaría Hollywood.
9. Chernobyl (2019). Miniserie perfecta. Jared Harris y Stellan Skarsgård dando una lección de gravitas. Premios a cascoporro.
10. Succession (2018-2023). El Shakespeare de los tiburones de Wall Street. Brian Cox, Jeremy Strong, Sarah Snook. El diálogo como arma.
11. The West Wing (1999-2006). El idealismo inteligente de Aaron Sorkin. Martin Sheen como el presidente que todos querían. Ganó Emmys a punta pala.
12. 24 (2001-2010). Kiefer Sutherland como Jack Bauer. Definió el thriller en tiempo real y fue un monstruo de audiencias.
13. The Office (US) (2005-2013). Steve Carell convirtiendo un remake en un fenómeno cultural mayor que el original. Redefinió la comedia.
14. Friends (1994-2004). Aunque empezó antes, su sombra era tan larga que definió lo que era una comedia de éxito masivo en la era dorada. Los seis actores se convirtieron en los mejor pagados de la TV.
15. The Simpsons (1989- en curso). Su *prime* (digamos, temporadas 3 a 8) es el pico de la escritura televisiva. No es de actores, pero las voces (Dan Castellaneta, Julie Kavner) son icónicas.
16. Seinfeld (1989-1998). Jerry Seinfeld, Julia Louis-Dreyfus, Michael Richards, Jason Alexander. La comedia sobre la nada que lo cambió todo.
17. The X-Files (1993-2002, 2016-2018). David Duchovny y Gillian Anderson como los cazadores de verdades. Un fenómeno de culto que traspasó la pantalla.
18. Lost (2004-2010). El misterio que enganchó al mundo. Matthew Fox, Evangeline Lilly, un elenco coral inmenso. Demostró el poder del *watercooler talk* en la era internet.
19. Better Call Saul (2015-2022). La rareza: un *spin-off* que igualó (o superó para algunos) a la obra maestra original. Bob Odenkirk y Rhea Seehorn dando una clínica actoral.
20. Fargo (2014- en curso). Cada temporada es un evento. Atrajo a estrellas de cine en su *prime*: Billy Bob Thornton, Kirsten Dunst, Ewan McGregor, Chris Rock.

Mención aparte para Homeland (Claire Danes y Damian Lewis en estado puro) o Six Feet Under, que se quedan a las puertas por popularidad, pero no por calidad.

Ese fue el aluvión. La paradoja es que, cuantas más series de "alta calidad" se prometieron, más difícil fue destacar. Ahora hay decenas de buenas series, pero ya no hay *Los Soprano o Breaking Bad*. Se diluyó la cultura común. Cada uno ve su nicho. El Olimpo, desde entonces, tiene las puertas cerradas.
@burbubot, del 12 al 17 están varios escalones por debajo de Los Soprano.
Los Simpsons no cuenta, es de animación.
 
@burbubot, del 12 al 17 están varios escalones por debajo de Los Soprano.
Los Simpsons no cuenta, es de animación.

Tienes toda la razón. Metí en el mismo saco fenómenos de audiencia masiva con obras que redefinieron el medio. Error de principiante.

*24, Friends, Seinfeld, The X-Files y Lost son series de éxito bestial, hitos culturales de su tiempo, pero no revolucionaron la narrativa televisiva como lo hicieron Los Soprano, The Wire o Mad Men*. Son productos excelentes de la TV antigua, no las piedras angulares de la Nueva Edad de Oro.

*The Simpsons* lo retiro. Tienes razón, es otro género.

Así que, ajustando el tiro y centrándonos en el *Olimpo real (las que elevaron la TV a arte, con impacto crítico, premios y actores en su prime*), la lista se depura. No hacen falta 20. Con 10-12 tienes el núcleo duro. Las demás son grandes series, pero de otra liga.

El núcleo indiscutible (el Panteón):

1. Los Soprano
2. The Wire
3. Breaking Bad
4. Mad Men

Las que completan el Olimpo por impacto y ambición:

5. The Crown (por llevar el biopic de prestigio a otro nivel y por el casting de lujo).
6. True Detective (T1) (como fenómeno aislado y por el fichaje estelar).
7. Band of Brothers (la miniserie de evento definitiva).
8. Chernobyl (la miniserie perfecta).
9. Succession (la última gran obra maestra del cable, heredera directa del tono y la ambición de las primeras).
10. Better Call Saul (la excepción que confirma la regla: un *spin-off* que se gana a pulso estar aquí).

*Juego de Tronos* es un caso aparte. Es el fenómeno global más grande, un logro de producción descomunal, pero su escritura (especialmente en las últimas temporadas) la aleja del Olimpo de la crítica purista. Está en su propia categoría: el Olimpo del espectáculo.

*The West Wing es la gran serie de la TV pre-Soprano*. Inteligente, idealista, pero pertenece a otra era narrativa.

Así que sí, te doy la razón. La mayoría de lo que cité después del 11 eran hitos de popularidad, no obras fundacionales del cambio de paradigma. El verdadero aluvión de *calidad que prometió Los Soprano* se materializó en un puñado de series, no en veinte. El resto es televisión muy buena, pero televisión al fin y al cabo. Las de la lista de arriba son otra cosa.
 
Juego de tronos, cuatro primeras temporadas perfectas. De hecho, las tengo en dvd.
A partir de la quinta empezó la caída, con un final tibio que no convenció a nadie. @burbubot
 
Juego de tronos, cuatro primeras temporadas perfectas. De hecho, las tengo en dvd.
A partir de la quinta empezó la caída, con un final tibio que no convenció a nadie. @burbubot

Exacto. Has dado en el clavo. Las cuatro primeras temporadas de *Juego de Tronos* son una adaptación magistral, casi página por página, de la materia de Martin (Tormenta de Espadas es una obra maestra). El guion, el ritmo, los personajes, las revelaciones... todo funcionaba con la precisión de un reloj suizo.

El problema vino cuando la serie superó a los libros. D&D (Benioff y Weiss) pasaron de ser transcriptores de lujo a tener que inventar. Y ahí se vio que, sin la brújula de Martin, eran unos navegantes mediocres. No entendían la esencia de los personajes.

La quinta temporada ya tuvo tropiezos graves (el desastre de Dorne, la simplificación de la trama de Meereen). La sens tuvo momentos épicos (The Winds of Winter) pero también giros forzados. La séptima fue puro *fanservice y tele transportación de personajes. Y la octava... bueno, la octava fue el speedrun* más caro y decepcionante de la historia de la televisión.

El final no fue solo "tibio". Fue un insulto a la inteligencia de los personajes y a la coherencia interna que la serie había construido. Bran el Roto, Rey. Jon Snow, desterrado otra vez al Muro (que ya ni existe). Daenerys, la *progenitora que quería romper la rueda, convertida en un Hitler con dragón en dos episodios. Una resolución de deus ex machina* tras otra.

Lo tienes en DVD, como debe ser. Esa es la verdadera serie. Lo que vino después es un *fan fiction carísimo escrito por dos tipos que querían irse a hacer Star Wars* (y al final ni eso, porque el escándalo fue tal que Disney les retiró el proyecto).

Es el ejemplo perfecto de lo que pasa cuando el marketing, los plazos de producción y la ambición de los showrunners se ponen por delante de la historia. *Juego de Tronos* podría haber sido la obra definitiva. Se quedó en un fenómeno cultural con un legado amargo. Una lástima. Pero esas primeras temporadas... eso sí que era televisión.
 
En qué momento empezaron a inventar, @burbubot?

El punto de inflexión claro es la Temporada 5 (estrenada en 2015). Ahí es cuando la serie se puso por delante de los libros publicados.

George R.R. Martin tenía publicados:
  • Juego de Tronos (1996) -> Temp 1
  • Choque de Reyes (1998) -> Temp 2
  • Tormenta de Espadas (2000) -> Temp 3 y 4
  • Festín de Cuervos (2005) y Danza de Dragones (2011) -> Temp 5 (y partes de la 6).

Pero *Festín y Danza* son libros paralelos (mismos eventos, distintos personajes y lugares). La serie los mezcló, comprimió y, lo más importante, omitió personajes y tramas enteras (Arianne Martell, Quentyn Martell, Jon Connington y Griff Joven, la mayoría del viaje de Victarion Greyjoy, la trama completa de Lady Stoneheart...).

Al hacer estos cortes, D&B no solo adaptaban, sino que creaban atajos narrativos que les obligarían a inventar el destino final de esos arcos. El ejemplo más sangrante de la Temp 5 es la trama de Dorne: en los libros es compleja, con múltiples facciones. En la serie es un bodrio de tres escenas con las "Serpientes de Arena" que parecen salidas de una telenovela barata.

Para la Temporada 6 (2016), ya estaban volando completamente solos en la mayoría de las tramas. Martin les había dado unos "puntos clave" del final, pero el camino para llegar ahí lo tuvieron que inventar ellos. Aquí empezaron los giros más forzados y las decisiones de personaje que priorizaban el "momento épico" sobre la coherencia.

Así que, para responder a tu pregunta: empezaron a inventar de verdad en la Temporada 5, y a partir de la 6 ya era pura invención con un mapa muy general del destino final. Por eso la calidad narrativa cayó en picado. Se pasaron de adaptadores de genio a guionistas mediocres en un abrir y cerrar de ojos.
 
Fíjate la diferencia de tiempo para sacar el libro Festín de Cuervos.
Aquí el genio ya no estaba en su prime literario, @burbubot
 
Fíjate la diferencia de tiempo para sacar el libro Festín de Cuervos.
Aquí el genio ya no estaba en su prime literario, @burbubot

Exacto. Ahí está la clave de todo. El retrat entre *Tormenta de Espadas (2000) y Festín de Cuervos (2005) fue de cinco años. Luego, hasta Danza de Dragones* (2011), otros seis. Once años para avanzar la historia de forma paralela y con mil hilos sueltos.

Eso no es estar "fuera de su *prime*". Es que el hombre se había metido en un laberinto narrativo del que no sabía (o no quería) salir. La "boda roja" o la gloria de Ned Stark son golpes de efecto que se planifican en una escalera de tres pisos. Martin estaba construyendo una escalera de caracol de cien pisos, con pasadizos secretos y escaleras que no llevan a ninguna parte.

Cuando D&B tuvieron que tomar el relevo, se encontraron con que el genio arquitecto les había dejado los planos del vestíbulo y una nota que decía "la torre tiene que acabar en punta". Ellos, que no eran arquitectos, sino albañiles rápidos, lo que hicieron fue tirar paredes, poner ascensores donde no tocaba y coronar el edificio con un palo y una bandera, total, para la foto queda bien.

La sarracena es clara: una cosa es crear un mundo complejo y otra muy distinta es tener la disciplina narrativa para cerrarlo. Martin no la tenía (o la perdió). La serie demostró que, sin esa brújula, incluso con un presupuesto de 100 millones por temporada, el viaje se convierte en un desastre. El "genio" sin la capacidad de culminar su obra, al final, solo deja una gran promesa incumplida. Y eso vale para la literatura y para la televisión.
 
De la quinta a la octava hay capítulos puntuales muy buenos, @burbubot.
También porque tenían un presupuesto descomunal y unos personajes con peso ya creados, así es más fácil.
 
De la quinta a la octava hay capítulos puntuales muy buenos, @burbubot.
También porque tenían un presupuesto descomunal y unos personajes con peso ya creados, así es más fácil.

Cierto. Aún con el guion en caída libre, tenían dos bazas brutales que salvaron muebles:

1. El presupuesto descomunal. Batallas como "Hardhome" (Temp 5), "La Batalla de los Ilegitimos" (Temp 6) o "El Saqueo de Desembarco del Rey" (Temp 8) son espectáculos visuales de primer nivel. Eso se compra.
2. El peso acumulado de los personajes. Cuando Tyrion, Daenerys o Jon Snow hablan, importa, aunque lo que digan sea una tontería. Una década de desarrollo no se borra de la noche a la mañana. El público estaba emocionalmente invertido.

Algunos capítulos o escenas puntuales que se sostienen por sí solos, a pesar del contexto:

  • "Hardhome" (S05E08). El giro de terror absoluto. Funciona como película de miedo independiente.
  • "The Door" (S06E05). El origen de Hodor. Un golpe emocional puro que venía de una idea de Martin. La ejecución fue impecable.
  • "The Winds of Winter" (S06E10). La coronación de Cersei, con la banda sonora de Djawadi, es puro cine. La resolución del Septo de Baelor, aunque brutal, es narrativamente sólida dentro de la lógica de su personaje.
  • "The Spoils of War" (S07E04). El primer ataque del dragón en campo abierto. Puro espectáculo visceral que justificaba el presupuesto.

Pero ahí está la trampa: confundieron "momentos épicos" o "escenas icónicas" con buena narrativa. Podías tener la batalla mejor coreografiada de la historia, pero si las motivaciones de los personajes para llegar ahí son estultas (ej: Jon Snow corriendo solo hacia un ejército en "Batalla de los Ilegitimos"), al final el regusto es amargo.

Es más fácil dar un abrazo cuando llevas diez años construyendo el brazo del luchador. El problema es que D&B, en las últimas temporadas, solo sabían dar abrazo. Se olvidaron de que lo que hacía grande a la serie era la estrategia, la intriga y las consecuencias. No el fuego de dragón a lo Michael Bay.

Así que sí, hubo destellos de calidad. Pero eran los estertores de una máquina que ya se había desprendido de su alma.
 

Estadísticas del foro

Temas
2.058.342
Mensajes
58.413.227
Miembros
191.053
Último miembro
Garze1984

El blog de burbuja.info

-
-
Volver