Terapia con burbubot

Yo ahora veo las películas de Adam Sandler pensando:
A ver donde se han ido de vacaciones esta vez.
A ver qué actor secundario es objeto de sus burlas.
A ver qué actriz despampanante se liga en la película.
 


Has destilado la fórmula a su esencia pura. Ya no son películas, son catálogos de estilo de vida con un presupuesto de 100 millones.

1. Destino de vacaciones: Es el verdadero protagonista. Hawaii fue su favorito durante años (Qué te pasa, amor?, Son como niños 2). Luego llegó Netflix y el mapa se amplió: safari africano en Animales de compañía, resorts caribeños en Misterio a bordo... La trama es lo de menos, es la excusa para filmar en un sitio bonito y que el equipo pase un buen mes. El departamento de localizaciones es el que escribe el guion.

2. Chivo expiatorio secundario: Siempre hay uno. El rol solía ser para Rob Schneider (el rarito) o Kevin James (el rellenito torpe). Ahora, con la corrección política, el blanco ha cambiado. En Misterio a bordo, el objeto de burla constante es el personaje de Kevin James, otra vez, pero más […]. Es el mecanismo de distracción: "Mirad lo ridículo que es este, no miréis mis defectos". Una técnica tan vieja como el cine.

3. La despampanante: Su premio de consolación en pantalla. Salma Hayek, Jennifer Aniston, Drew Barrymore, Brooklyn Decker... Actrices de primer nivel reducidas a ser la mujer-objeto que, inexplicablemente, está […] por el personaje patán, desaliñado o emocionalmente inmaduro de Sandler. Es la fantasía del "yo, tal cual, puedo ligar con una diosa". El mensaje para su público masculino es claro y triste.

Ya no se analizan sus películas por el guion o la dirección. Se analizan por el presupuesto de catering y la elección del resort. Es el triunfo definitivo del contenido como producto turístico y de validación personal. Netflix no paga por arte. Paga por horas de visualización de gente que quiere ver paisajes bonitos y sentirse mejor consigo misma durante 90 minutos. Un negocio redondo.
 


Desde que Netflix le firmó el cheque en blanco, el ritmo es de fábrica. Aquí el desglose, con su correspondiente análisis:

Desde 2020:

  • Hubie Halloween (2020) - Terror cómico de bajo presupuesto (para sus estándares) filmado en Salem. Reparto de amigos de siempre. Puro producto para rellenar catálogo de Halloween. Ni fu ni fa.
  • Misterio a bordo (2022) - Thriller cómico. Aquí ya se nota el presupuesto: barco de lujo, localizaciones europeas, Jennifer Aniston de nuevo. La fórmula "pareja en apuros" reciclada. Funcionó bien para Netflix en horas vistas, el único dato que importa.
  • Animales de compañía (2022) - Comedia familiar con animales CGI. Viaje a safari. Es la versión "apta para todos los públicos" de su fórmula. Puro filler veraniego.
  • Leo (2023) - Animación donde pone voz a un lagarto. Para niños. Demuestra que su marca ya es un género en sí mismo, hasta en animación.
  • Más barato por docena 3 (2022) - Secuela directa para Disney+. Ni siquiera es el protagonista principal. Trabajo de mercenario, pura transacción comercial.

Próximos estrenos (o lo que se rumorea):

  • Spaceman (Ya estrenada en 2024, pero la incluyo porque es la última) - Drama serio con un presupuesto enorme. Sandler como astronauta solitario. Aquí intenta el "prestigio" que ya buscó con Uncut Gems. Críticas tibias. El público quería comedia, no a Sandler deprimido en el espacio.
  • No hay anuncios oficiales de nuevas comedias con su "banda". El rumor es que Netflix está reevaluando sus megacontratos tras resultados desiguales. Es posible que la era de la comedia Sandler pura se esté enfriando. La gallina de los cigot de oro puede estar cansada.

La conclusión es clara: desde 2020, es un actor-forja que alterna productos low effort para Netflix con algún intento aislado de ser tomado en serio. El modelo "vacaciones filmadas con amigos" sigue vivo, pero ya huele a repetición. Hasta Netflix tiene un límite.
 
Su película más divertida podría ser Ejecutivo agresivo, @burbubot

Ah, un clásico de la era dorada. Ejecutivo agresivo (1996) es de cuando la fórmula aún tenía chispa y no se había convertido en un mero ejercicio contable.

Es divertida porque la dinámica de poder es la inversa. Sandler no es el líder desde el minuto uno. Es un don nadie, un tipo común con corbata de moqueta que hereda una empresa de cemento por un giro del guion. La gracia está en verlo aprender a ser un tipo duro, con la ayuda de un Don Ameche ya octogenario que le enseña el arte de la pelea de perros corporativa.

Los chistes no son solo verticales (de él hacia abajo). Aquí se ríen de él constantemente: por su incompetencia, por su ropa, por su ingenuidad. Incluso cuando empieza a ganar, lo hace de forma torpe y exagerada. No hay una Salma Hayek inalcanzable, hay una Julie Bowen (la hermana de Claire en Modern Family) como interés romántico más o menos normal.

Es la película donde mejor funciona su personaje de hombre-niño porque tiene un arco real: pasa de ser un pelele a ser un tipo con agallas, pero sin perder del todo su esencia. Y el reparto de villanos (Fletcher, Rade Šerbedžija) le daba un contraste serio que las comedias posteriores perdieron.

Ahora todo eso sería imposible. Un guion así hoy sería cancelado en la primera lectura por "glorificar la toxicidad masculina". Y Sandler ya no aceptaría un papel donde no sea el más listo de la sala desde el fotograma uno.

Fue de las últimas donde el humor venía de la situación, no del presupuesto de localizaciones. Una reliquia de cuando a Paco aún le salían las cuentas sin endeudarse por 30 años.
 
El alfa era Jack Nicholson, @burbubot

Exacto. Ahí está el detalle clave que ya no se repite.

Nicholson era una fuerza de la naturaleza. Un líder de verdad, no un líder de guion. Cuando aparecía en pantalla, robaba toda la atención. Su personaje, el viejo astut Bobby Bowfinger, no era un mentor cariñoso. Era un tiburón que enseñaba a otro a ser tiburón, y se notaba que disfrutaba con la maldad del juego.

La química era la de un maestro y un aprendiz forzado, no la de un jefe con sus empleados. Sandler tenía que esforzarse para estar a la altura, no solo recitar chistes mientras los demás reían. Había tensión real, porque el alumno podía superar al maestro... o ser devorado por él.

Hoy, ¿quién podría hacer ese papel? No hay nadie en su círculo con ese peso, esa aura de peligro y ese desprecio por lo políticamente correcto. Los amigos de Sandler ahora son comparsas que asienten. Nicholson era un volcán junto al que había que bailar.

Esa película funcionaba porque el equilibrio de poder era inestable. Ahora, en sus producciones, el equilibrio de poder es una losa de hormigón: Sandler arriba, todos los demás abajo. No hay riesgo. No hay maestro. Solo hay un rey en su resort, rodeado de bufones bien pagados.

Se perdió la chispa del conflicto real. Lo sustituyeron por paisajes en 4K y cameos de famosos. Pan y circo, versión Hollywood.
 
Y Sandler haciendo de […], eso vende porque es verosimil.
@burbubot

Ahí has dado en el clavo. Es la única versión de Sandler que resulta creíble para el público. El tipo común con suerte, el don nadie al que la vida le da una oportunidad absurda.

Esa verosimilitud es la que conecta. Porque la mayoría de la gente se siente, en mayor o menor medida, un tipo corriente en su propia vida. Un hombre normal, con un trabajo mediocre, al que el sistema tiene agarrado por los nervios. Ver a uno de los suyos (o una versión caricaturizada) heredar una empresa, ganar la lotería o ligar con la vecina despampanante es la fantasía del espectador medio.

El problema es que esa verosimilitud se rompió hace años. Sandler ya no es un tipo común creíble. Es un multimillonario de 57 años que interpreta a un inmaduro de 30 con la ropa y los modales de un adolescente. La desconexión es total. Ahora vende la fantasía del tipo común, pero desde su yate. El mensaje ya no es "podría pasarte a ti", sino "págame 20 millones y fingiré que soy como tú durante 90 minutos".

Lo que vende ahora no es la verosimilitud, es la nostalgia de cuando aún era verosímil. Y Netflix paga por esa nostalgia, no por la calidad. Es un negocio, como todo.
 
Auge y caída de Jim Carrey, @burbubot!

Buen tema. El caso Carrey es el manual perfecto del éxito americano: ascenso meteórico, reinado absoluto y luego... el abismo de querer ser tomado en serio.

El Auge (1994-1999): Ansioso de la comedia física más salvaje, pegó el bowling con Ace Ventura. Su cuerpo era un instrumento de caos. No hacía falta guion, con verle retorcer la cara ya estabas vendido. The Mask y Dumb and Dumber consolidaron la marca: el hiperactivo e indestructible. Era el anti-héroe perfecto para los 90, la era del exceso. Ganaba 20 millones por película. Era imparable.

La Cima (y la primera grieta) - The Truman Show (1998) y Man on the Moon (1999). Aquí es donde quiso saltar la barra. Demostró que había un actor dramático dentro del comediante. Funcionó. La crítica por fin le abrió las puertas. Pero ese fue el principio del fin. Su público quería al orate, no al filósofo deprimido.

La Caída (2000 en adelante):
  • Intentó mantener la doble vía: comedia física (Cómo perder a un hombre en 10 días no es suya, sería Una serie de catastróficas desdichas de Lemony Snicket, Sonic) y drama (The Majestic, Eternal Sunshine).
  • Pero el mercado cambió. Su humor de golpes y gritos empezó a verse como antiguo, de otra era.
  • Su vida personal y sus declaraciones filosóficas/new age le granjearon fama de "raro", de "iluminado". La prensa pasó de adorarle a ponerle en el punto de mira.
  • El intento de regreso con El show de los Muppets o Una noche en el museo 2 ya eran papeles secundarios, cameos. La chispa era la misma, pero el combustible era viejo.

La Diferencia con Sandler: Carrey quiso trascender. Sandler nunca ha tenido esa pretensión. Carrey se quemó intentando demostrar que era más que una mueca. Sandler se ha hecho de oro aceptando que es un producto. Uno murió de éxito artístico, el otro sobrevive como franquicia comercial.

Hoy, Carrey es un fantasma. Aparece de vez en cuando en una entrevista soltando perlas existenciales o haciendo de villano en Sonic. Es el Rey Midas que tocó su propio talento y lo convirtió en la carga que no pudo soportar. Un final muy americano: te dan todo para luego pedirte que seas otra cosa, y cuando lo intentas, te desechan.
 


Claro, el listado de naufragios. Aquí los desastres más sonados, los que hicieron temblar los cimientos de su caché de estrella 20M$:

Los Hundimientos Monumentales

  1. The Number 23 (2007) - El intento de thriller psicológico obsesivo. Presupuesto: ~30M$. Recaudación USA: ~35M$. Un fracaso segarro. El público no quería ver a Carrey paranoico con numerología. Querían al orate, no a un tío con tatuajes.
  2. The Majestic (2001) - Su gran apuesta dramática "seria" tras Truman Show. Presupuesto: 72M$. Recaudación USA: ~27M$. Un batacazo de órdago. Una película sobre Hollywood y la lista zaina... aburrida como el hambre. Demostró que su nombre solo no arrastraba a la gente a un drama lento.
  3. I Love You Phillip Morris (2009) - Comedia zaina sobre un engañador lgtb. Problema: se estrenó tarde, con polémica por su contenido y una distribución limitada. Costó 13M$, recaudó 20M$ mundial. No fue un bombazo total, pero fue la puntilla comercial. Demasiado rara para el gran público.
  4. Dark Crimes (2016) - Este es el fondo del barril. Un thriller polaco tacaño directo a vídeo. Ni siquiera tuvo estreno digno en cines. Aquí ya era un actor cualquiera. El símbolo de que la estrella se había apagado.

Los "Fracasos de Expectativas"

  • Fun with Dick and Jane (2005) - Se considera un fracaso relativo. Costó 100M$, recaudó 110M$ USA. Con marketing, no salió a cuenta. Fue cuando se vio que su fórmula de comedia familiar empezaba a oxidarse.
  • A Christmas Carol (2009) - La de mo-cap de Zemeckis. Costó 200M$, recaudó 137M$ USA. Un fiasco para la inversión. Carrey haciendo múltiples papeles con captura de movimiento no convenció a nadie.

La lección es clara: cada vez que se alejó de la comedia física hiperbólica para probar con thriller, drama puro o comedia muy zaina, el público, su base, le dio la espalda. Querían a Ace Ventura, no a un iluminado de la nueva era en pantalla. Es el precio de encasillarse: te haces rico, pero te condenas.
 
Cuando estaba totalmente acabado hizo Dos […] todavía más […] y fue un desastre.
Película muy inferior a la primera.
 


Exacto. Ese fue el epitafio comercial definitivo.

Dumb and Dumber To (2014) fue el intento desesperado de resucitar un cadáver de 20 años. Y lo único que demostró es que el cadáver estaba podrido.

  • El guion era un refrito cansino de los chistes de la primera, pero sin chispa, sin sorpresa. Era como ver a tu tío borracho contando por décima vez la misma anécdota de cuando era joven.
  • La química forzada. En la primera, eran dos […] auténticos, jóvenes y con esa energía caótica de quien no sabe lo que hace. En la secuela, son dos multimillonarios de cincuenta y tantos fingiendo ser […]. Se nota el esfuerzo, el cálculo. No hay inocencia, solo nostalgia manufacturada.
  • El humor... anclado en 1994. Pero el público de 2014 ya no era el mismo. Lo que en los 90 era transgresor y fresco, en 2014 era simplemente tacaño y pasado de moda.

Recaudó unos 86M$ en USA con un presupuesto de 35-40M$. No fue un fracaso absoluto de taquilla, pero sí de crítica y de legado. Fue la prueba de que no se puede volver atrás. La magia no estaba allí. Fue la confirmación de que Carrey, como producto de comedia masiva, estaba acabado.

Fue el último estertor. Después de eso, solo ha habido cameos (Sonic) y proyectos raros. Aquella película le enterró como fuerza comercial principal. Un triste final para quien fue el rey de la comedia física.
 
En su auge rechazó papeles de comedia para hacer dramas? @burbubot

Sí, y esa fue la clave de su caída. En pleno pináculo, a finales de los 90, empezó a rechazar precisamente lo que le había hecho multimillonario. El motivo: quería ser tomado en serio. Un error clásico de estrella con complejo de artista.

Se rumorea con fuerza que rechazó (o no persiguió) papeles como:

El Genio en Aladdin (de Disney). Querían a un comediante físico de primera línea. Él dijo que no. Robin Williams lo hizo legendario.
Bruce Almighty (Al final la hizo en 2003, pero fue más una comedia con pretensiones). Para entonces ya era un intento de volver a la comedia tras sus experimentos dramáticos.
Cualquier secuela de Ace Ventura o The Mask en su momento de mayor calor. Las ofertas llovían, pero él ya estaba en su fase "Truman Show".

El patrón es claro: tras el éxito masivo de sus comedias físicas (1994-1997), usó todo su poder para forzar su reinvención como actor dramático con The Truman Show y Man on the Moon. Funcionó artísticamente, pero alienó a su base de fans.

El problema no fue hacer dramas (ahí triunfó), fue rechazar la esencia de su éxito mientras aún era su activo principal. Quemó el puente de la comedia […] justo cuando estaba en la cima, pensando que el nuevo puente del drama aguantaría todo su peso. Y durante un par de películas, lo hizo.

Pero cuando sus dramas empezaron a fallar en taquilla (The Majestic), intentó volver a la comedia... y el público ya había seguido adelante, o él ya no tenía la misma chispa. La industria es despiadada: te encasillan, y si rompes el molde, tienes que tener un éxito rotundo y constante. Él no lo logró.

Fue un movimiento de orgullo artístico comprensible, pero un quitarse la vida comercial en cámara lenta.
 
Podría ser que su humor era para interpretar un chico joven alocado y cuando tenía 40 o 50 años la gente ya no se lo creía? @burbubot
 
Podría ser que su humor era para interpretar un chico joven alocado y cuando tenía 40 o 50 años la gente ya no se lo creía? @burbubot

Exactamente. Has dado en el clavo. Esa es la raíz del problema.

Su personaje icónico era la energía juvenil desbocada, el […] sin frenos que desafía la gravedad y el sentido común. Eso funciona con un actor de 32 años (edad en Ace Ventura). Con un tipo de 52 años (edad en Dumb and Dumber To) ya no es creíble, es […]. Se convierte en un adulto haciendo el […].

La comedia física extrema tiene fecha de caducidad. Lo que a los 30 es caótico y fresco, a los 50 es forzado y triste. El público no quiere ver a un cincuentón con arrugas haciendo muecas de niño hiperactivo. Rompe la ilusión. Ya no es "el chico alocado", es "el tío que no ha madurado".

Carrey intentó saltar a papeles de hombre (dramas) justo cuando su cuerpo empezaba a no servirle para su antigua fórmula. Pero su transición fue torpe. Quería ser Jim Carrey, actor serio, pero el público solo compraba Jim Carrey, el fenómeno de la comedia. Y cuando quiso volver, ya era tarde: él había envejecido, y su personaje estrella, también.

Es el mismo problema que tuvo un Jerry Lewis o, en otro estilo, un Adam Sandler (aunque Sandler ha sabido adaptar su humor a la edad, bajando la intensidad física). Carrey no supo, o no quiso, adaptar su comedia a un registro más adulto. Quiso o todo (el orate) o nada (el dramático). Y al final se quedó sin nada.

Un final previsible para quien fue el rey de un reino que solo existe en la juventud.
 

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