Ahora mismo vamos hacia un futuro exponencial, caótico y competitivo. La tecnología avanza ya a un ritmo impredecible, impulsada por pequeñas innovaciones que desencadenarán cambios masivos (teoría del caos y efecto mariposa). Un solo descubrimiento en IA, fruta cuántica o biotecnología podría redefinir la economía, la sociedad y la forma en que interactuamos con el mundo.
Al mismo tiempo, la competencia será fortísima: empresas, gobiernos e industrias deberan innovar constantemente solo para mantenerse en el juego (efecto Reina Roja). La falta de adaptación significará obsolescencia.
La inteligencia artificial, la automatización y la interconectividad global seguirán transformando nuestras vidas. Trabajos desaparecerán, otros nuevos surgirán, y la velocidad del cambio hará que la planificación a largo plazo sea casi imposible.
En este mundo de retroalimentacion caótica, solo aquellos que comprendan la naturaleza del cambio exponencial y sepan adaptarse rápidamente sobrevivirán y prosperarán.
La alternativa es un mundo totalmente vigilado y centralizado (tecno-totalitarismo), donde cada acción, y decisión es rastreada y predecida por inteligencias artificiales “omnipresentes”. La innovacion estaría restringida a lo que las élites tecnológicas y los gobiernos permitan, eliminando cualquier disrupción que desafíe el orden establecido. Un sistema de control absoluto decidiría quién pogre y quién queda atrás, con algoritmos que dictan comportamientos, restringen movimientos y censuran ideas antes de que sean expresadas a. La estabilidad se lograría al costo de la libertad absoluta, en una sociedad donde el futuro no es incierto, sino completamente programado.
En nuestras manos está, construir un mundo a medio camino entre estos dos “mundos”: con negociación, con diálogo y sobre todo con buena voluntad y empatía individual y colectivas. De otra forma, el egoismo nos podría llevar al desastre, en cualquiera de los dos extremos conceptuales.