No tengo ni idea. Porque ?
En la época en que descubrí a Jacobo Grinberg estaba haciendo un seminario de medicina germánica, y estaba entusiasmado con todo lo que estaba aprendiendo y comprendiendo.
Un día mi mentor nos habló de un caso peculiar, muy extraño, que había estudiado en el BMJ (British Medical Journal), que es algo así como la biblia de la medicina, perfectamente documentado, y que trataba de principios de 1900.
Resulta que el caso era el de un niño de unos 7 años, en la Nueva York de esa época; no recuerdo los detalles específicos de la historia porque han pasado años, pero nunca se me olvidará la esencia del caso porque lo cambió todo para mí.
Este caso era el ejemplo perfecto de a lo que se refería don Juan cuando le hablaba a Castaneda del punto de encaje.
El niño vivía en un entorno un poco apartado, en la zona de ferrocarriles; se ve que era de una familia desestructurada en cuanto a que los padres nunca estaban en casa y el niño sin escolarizar y esas cosas.
El niño se había pasado la mayoría del tiempo solo, jugando en el ferrocarril sin amigos, pero también sin ningún tipo de influencia externa, ya que sus padres prácticamente no estaban presentes.
El mundo exterior que el niño había experimentado hasta ese momento era prácticamente puro y sin contaminación, prejuicios o dogmas de lo que es posible y de lo que no.
Todos los días ese niño jugaba con lo único con lo que podía interactuar y que parece ser que había por allí: las lagartijas, los dragonets de toda la vida.
Y el niño les habría arrancado cosas diariamente a los bichos y observado durante años que le volvían a crecer.
Un día jugando tuvo un accidente en el que cayó a la vía del tren cuando este pasaba y le amputó por encima de la rodilla una de sus piernas; lo llevaron de urgencia y salvó la vida de milagro.
La sorpresa vino cuando, para estupefacción de todos, la pierna del niño le volvió a crecer tal como exactamente el niño esperaba que ocurriera, porque esa era su verdad y era lo que había observado en primera persona durante años sin que nadie le dijera que eso no era posible en un cuerpo humano.
Ahí entendí el punto de encaje: la realidad se la proyecta cada uno, pero la ventana se cierra sobre los 7 años.
El entorno social, la familia, el colegio, etc., moldean el punto de encaje del individuo de manera que cuando pasan a los 8 o 9 años, el punto de encaje es el mismo que el de todos los demás y la realidad física la va a percibir contaminada como nos ha ocurrido a todos nosotros.
Mientras hacía el seminario de día y tuve conocimiento de este caso, por las noches estudiaba a Grinberg y este me llevó a Pachita y al hermanito Cuauhtémoc.
En aquel tiempo aún no era consciente del todo de la mentira y el engaño en el que nos tienen.
Inocente de mí, me sentía fascinado porque entendía todo lo que ocurría, pero no el porqué.
Un dios que canalizaba a esa señora sin conocimiento teórico ni práctico y realizaba operaciones a corazón abierto, trasplantes y todo lo inimaginable posible sin anestesia y con un cuchillo tosco de monte.
Me dio por investigar el porqué y resulta que cuentan, por lo que me enteré, que era por despecho.
A mí de mitología bicheril me interesa lo que me interesa; para mí no les doy mayor credibilidad.
Al parecer, a este bicho le tocaba mandar una cierta cantidad de tiempo y le hicieron la 13,14 en el otro lado y cambiaron de planes, y el periodo largo de tiempo que parece que le tocaba se lo comería otro bicho diferente.
Y este bicho Cuauhtémoc, la manera de vengarse de quien quiera que tome las decisiones en sus movidas, era canalizar a Pachita y demostrarle al mundo que el otro lado es real y que ellos son reales y tal.
Y si fue así, lo logró; mira cuántos años más tarde seguimos hablando de ello y la de mentes que todo aquello liberó.