Hezbolá amenaza a los cristianos del Líbano
Según un tuit de ACOM, el líder de Hezbolá, Hassan Nasrallah, ha amenazado a los cristianos del Líbano. La acusación no es nueva, pero el contexto la vuelve más grave: según informaciones que circulan, el grupo chií estaría colocando misiles cerca de iglesias para provocar ataques israelíes y, al mismo tiempo, se habría negado a que los desplazados del sur se alojen en colegios de barrios cristianos. La comunidad internacional mira hacia otro lado. En España, el eco de este pulso se traduce en un debate que mezcla geopolítica, religión y memoria histórica.
El Líbano, de país próspero a Estado fallido
El Líbano fue un país de mayoría cristiana. Hoy los cristianos son minoría y viven con miedo. Según un testimonio recogido en el debate, los cristianos abrieron las puertas a los musulmanes, les dieron la bienvenida y los incluyeron en el Gobierno. El resultado, décadas después, es un Estado capturado por una milicia chií que responde a Teherán. La misma dinámica se repite en otros países: en Siria, los cristianos han pasado de representar el 10% de la población en 1991 al 3% en la actualidad, según datos del Índice de Persecución de Cristianos. En Israel, en cambio, la población cristiana crece: 182.000 en 2021, con un aumento del 1,4%, y 2022 cerró con un incremento similar.
La trampa de los misiles junto a las iglesias
La acusación es concreta: Hezbolá coloca lanzaderas junto a templos cristianos para disuadir a Israel. Si Tel Aviv ataca, mueren cristianos. Si no ataca, los misiles siguen ahí. Es la vieja táctica del escudo humano, aplicada ahora sobre una comunidad que ya fue masacrada en 1840 y 1860 por drusos y otomanos, y que sufrió la hambruna de 1915. El presentador libanés Marcel Ghanem lo dijo en su programa: «Quienes deberían avergonzarse son aquellos que colocaron armas entre los civiles». La cita circula en redes y resume el hartazgo de una parte de la sociedad libanesa.
Cristianos frente a chiíes: una alianza imposible
En el debate se cruzan dos lecturas. Una sostiene que los cristianos del Líbano son traidores por no aliarse con Hezbolá contra Israel. Otra recuerda que los chiíes no son los suníes y que la persecución religiosa no distingue entre ramas. Los datos apuntan a lo segundo: en los países de mayoría islámica, los cristianos no tienen plenos derechos religiosos; en Israel, sí. La lista de países que más persiguen a los cristianos está encabezada por Estados islámicos. No es una opinión: es un patrón que se repite desde el norte de África hasta Indonesia.
El precedente que nadie quiere repetir[/SIZE]
La historia ofrece un espejo incómodo. En el siglo VII, los monjes que atendían a los peregrinos en Tierra Santa acabaron organizándose militarmente para protegerlos. Nacieron las órdenes cruzadas. La misma secuencia —tolerancia, abuso, reacción— se está repitiendo ahora. La diferencia es que entonces había reinos cristianos capaces de intervenir. Hoy, los cristianos del Líbano están solos. Algunos analistas sostienen que Israel podría encontrar en las milicias cristianas un aliado táctico. Otros creen que esa alianza es una fantasía. Lo que está claro es que Hezbolá no distingue entre cristianos y judíos cuando se trata de mantener su control sobre el territorio.
¿Qué pasa con los desplazados del sur?
La chispa más reciente es el rechazo de barrios cristianos como Ain El-Remmaneh a acoger a desplazados del sur, mayoritariamente chiíes. Hezbolá lo ha interpretado como una declaración de hostilidad. Según informaciones que circulan, el grupo ya ha empezado a «cazar» cristianos que se niegan a colaborar. La tensión étnica y religiosa está servida. En un país sin presidente desde hace años y con un ejército incapaz de imponer orden, la comunidad cristiana queda a merced de una milicia que actúa como Estado dentro del Estado.
La pregunta no es si Hezbolá respeta a los cristianos. La pregunta es cuánto tardará el resto del mundo en darse cuenta de que el Líbano ya no es un país, sino un campo de batalla con bandera. Y mientras tanto, los cristianos siguen allí, rezando para que el próximo misil no caiga sobre su iglesia.