Pilar Baselga calla ante el juez por el bulo contra Begoña Gómez
¿Cuánto cuesta difundir un
bulo por televisión? Según la petición de la Fiscalía en uno de los casos más comentados de los últimos años, hasta
siete años y medio de prisión. Begoña Gómez, esposa del presidente del Gobierno, ha visto cómo una acusación sin pruebas —una supuesta vinculación con una red de narcotráfico en Marruecos y una supuesta condición de transexual— saltaba del plató al juzgado de Madrid. El asunto se ha convertido en un pulso entre quienes exigen que se pague por la infamia y quienes avisan de que el remedio puede acabar siendo peor que la enfermedad. La pregunta, ahora, es si el bulo sobre Begoña Gómez terminará teniendo consecuencias reales o se quedará en un susto procesal.
De un plató de Distrito TV al juzgado
El rastro se remonta al
22 de noviembre de 2022. En el programa Los Intocables, de la televisión Distrito TV, la escritora y colaboradora Pilar Baselga vinculó a la esposa del presidente con una trama de narcotráfico en Marruecos y puso en duda su identidad. La salida, entonces, parecía cosa de un canal menor.
Meses después, en
marzo de 2023, Gómez presentó sendas denuncias al considerar que aquellos comentarios podían ser calificados como delitos de injurias y calumnias. Sobre la colaboradora pesaba ya una condena anterior por intromisión ilegítima en el derecho al honor, y a ello se sumó después, según las crónicas judiciales, su presunta implicación en la difusión del llamado bulo del Bar España. Conviene subrayar un detalle: la causa no versa sobre el tráfico de influencias por el que la esposa del presidente ha sido citada ante un juez, sino sobre las afirmaciones vertidas contra su persona.
La instrucción avanza despacio. Según lo publicado por
Diario.es, Baselga se ha acogido a su derecho a no declarar ante el magistrado que investiga el caso, mientras que el responsable del espacio televisivo sí compareció y eludió cualquier responsabilidad sobre las palabras de su colaboradora. El procedimiento sigue en fase de instrucción y no hay resolución a la vista.
¿Qué dice el Código Penal sobre difundir un bulo?
El artículo 208 del Código Penal define la injuria como la acción o expresión que lesiona la dignidad de una persona, menoscabando su fama o atentando contra su propia estimación. La calumnia añade otro requisito: imputar un delito sabiendo que es falso. Con ese marco sobre la mesa, el debate se traslada a un terreno incómodo, el de dónde acaba la crítica y empieza el ataque gratuito.
Porque aquí no se discute una foto robada ni una opinión airada. Se discuten afirmaciones concretas, lanzadas en un medio, sin prueba alguna y con nombre y apellido. Y con una denunciante que no es una ciudadana anónima, sino la esposa del presidente del Gobierno, lo que multiplica el ruido. Hasta el punto de que Moncloa, según el relato que acompaña al caso, ha puesto interés en que la investigación llegue hasta el final para desentrañar de dónde partió la campaña.
La paradoja: si ser trans no es un insulto, ¿por qué se denuncia?
Aquí está el nudo. Si llamar transexual a alguien se considera una injuria, ¿no se está dando por hecho que serlo resulta denigrante? Quienes sostienen esa lectura creen que el problema no es la condición, sino la intención de escarnio y el daño reputacional que persigue.
El argumento contrario también circula: una cosa es la condición y otra el uso que se hace de ella como arma arrojadiza. La burla, en ese contexto, no iría contra un colectivo, sino contra la persona señalada. El choque de marcos es total y ninguno de los dos bandos parece dispuesto a ceder.
El bulo que ya no se puede desmentir
Mariano Torcal, catedrático de Ciencias Políticas en la Pompeu Fabra y autor de
De votantes a hooligans: la polarización política en España, lo resume sin adornos: si difundes un bulo y después reconoces que era falso, ya da igual, porque ha calado entre la gente. El desmentido llega siempre tarde.
No es un episodio aislado. En paralelo, varios usuarios de redes sociales han tenido que responder ante la Justicia por difundir bulos, y el caso más crudo fue el de quienes acosaron a un familiar del niño asesinado en Mocejón tras dar por buena una versión falsa que señalaba a un inmigrante. El patrón se repite: se lanza, se comparte, se multiplica y, cuando se corrige, el daño ya está hecho.
La cuenta que nadie quiere pagar
Lo que hay en juego no es solo una condena. Es el modelo entero: si difundir sin pruebas desde un plató o desde una cuenta anónima tiene consecuencias, buena parte del ecosistema de la tertulia y del comentario tendrá que revisar cómo trabaja. Y si no las tiene, la próxima víctima puede ser cualquiera.
Los autores del bulo lo saben. Mientras no haya castigo, difundir sigue siendo gratis. Y gratis, en este mercado, se difunde muy rápido.