China prohíbe el bitcoin y el mercado responde con un 10% de subida
¿Puede un gobierno prohibir el bitcoin? China lo intenta cada pocos meses y la respuesta del mercado es siempre la misma: un susto de horas y una subida de días. La última vez, el bitcoin perdió más de un
3% en 24 horas hasta los 42.239 dólares y ethereum se dejó un
7% hasta los 2.860 dólares, según los registros de Coin Metrics. Una semana después ya subía otro 3%. Y al día siguiente, más de un 10%.
Parece una contradicción y no lo es. Lo que se prohibió no fue la tenencia, ni la red, ni el mercado global. Se prohibió lo de siempre: la parte que Pekín cree que puede controlar. El resto siguió funcionando a su ritmo.
¿Cuántas veces ha prohibido China el bitcoin?
Ni el propio mercado lleva la cuenta. La cifra que circula es un
ocho, nueve, ya se pierde la cuenta, y el tono recuerda al día de la marmota: anuncio, desplome breve, titular catastrofista y rebote. La sensación dominante es que el anuncio llega cuando interesa, se dosifica y se repite, y que ya no engaña a nadie.
Hay una explicación más prosaica. Una prohibición anunciada una y otra vez pierde capacidad de sorpresa: el mercado la descuenta antes de que se publique. Años atrás, según se recuerda en el propio debate, una noticia así habría supuesto una corrección del 50%; ahora se queda en un movimiento de un dígito y una semana de paciencia. El propio mercado lo resume con una frase que se repite: un 8% de caída es un día tranquilo en la oficina, y avisen cuando llegue el 60%.
Evergrande y el bitcoin: la correlación que nadie pidió
En paralelo al anuncio chino, el foco informativo se desplazó a Evergrande: cuentas en el extranjero y ningún pago de bonos, según el seguimiento de Bloomberg. La coincidencia temporal bastó para que se montara la teoría de la cortina de humo: la crisis inmobiliaria de una promotora china desviando la atención hacia las criptomonedas.
El argumento se sostiene mal. Son dos frentes distintos, con calendarios distintos y con responsables distintos, y sin embargo aparecieron pegados en el mismo titular. Ese es el problema de fondo: en un mercado que cotiza 24 horas y reacciona a cualquier cosa, dos noticias simultáneas se convierten en una sola causa. La correlación se fabrica sola.
¿Irán los demás países detrás de China?
La duda razonable era si el resto de gobiernos copiaría el guion. La respuesta llegó el
1 de octubre de 2021: Jerome Powell, presidente de la
Reserva Federal, compareció ante la Comisión de Servicios Financieros de la Cámara de Representantes de Estados Unidos y se mostró partidario de
regular el mercado de las criptomonedas, no de prohibirlo. El bitcoin se disparó más de un 10% ese día.
Ahí está el detalle que desarma el relato de la prohibición global. Regular y prohibir son cosas opuestas y la primera potencia financiera eligió la primera. Como sostienen varios participantes, con grandes gestoras manteniendo posiciones en bitcoin un veto coordinado es difícil de sostener: el que prohíbe se queda fuera de un mercado que otros siguen negociando.
Queda el flanco práctico. La minería migra: siempre hay jurisdicciones dispuestas a acoger granjas de cómputo, y el hash rate se recoloca en semanas. Lo que se pierde en un sitio se instala en otro. China no apaga la red, solo se aparta del negocio.
Las reservas de bitcoin que nadie declara
La pieza más incómoda del puzle son las tenencias silenciosas. Bulgaria aparece con
200.000 bitcoins y ni siquiera figura en las listas habituales. Michael Saylor acumula más de
120.000 y se le señala como el tapado estadounidense. A partir de ahí, la especulación: si el activo es un punto geoestratégico, tiene sentido tener la infraestructura preparada en el arroyo antes de que llegue el agua.
En esa lectura encaja la hipótesis del terreno despejado: cerrar el mercado privado para introducir después la moneda digital estatal. Sin confirmación oficial, encaja con el patrón de hermetismo y juego a dos bandas. El inventario completo de quién guarda cuánto, con nombres y cantidades, circula con más detalle del que cabe aquí.
Qué dicen y qué callan los datos de aquella semana
El balance del episodio deja tres cifras que se contradicen entre sí: caída del 3% en bitcoin, caída del 7% en ethereum y repunte del 9% al 10,5% en apenas unos días. La horquilla en torno a los 40.000 dólares se mantuvo todo el tiempo, con la sensación de que había intereses en no dejarla romper ni al alza ni a la baja.
Mientras tanto, la lectura de fondo sigue dividida entre quienes ven una acumulación previa a un ciclo alcista de finales de año y quienes sostienen que cada susto es una oportunidad de compra. Las predicciones más optimistas hablan de 100.000 dólares para Navidad y las más exageradas de 400.000.
La conclusión que se impone es tan poco épica como el propio episodio: el país que lleva años anunciando prohibiciones del bitcoin sigue sin poder pararlo, el mercado que se asustó unas horas acabó celebrando la intervención de la Reserva Federal, y la única cifra que nadie discute es la del vecino que llevaba años diciendo que esto se iba al guano. Sigue esperando.