Lo hemos dicho ya hace mucho tiempo (pero ha debido quedar hundido en los viejos hilos). Cuando se dio en el 81 el máximo histórico de la plata, no se vendía nada por más del 70% del precio del spot. Así que lo de vender "por el precio de la plata" puede ser imposible.
Sin embargo, lo mejor es introducirse en un círculo de compra-venta. El que te las vende te las tendría que poder comprar. Aquí va un hecho comprobado: Los vendedores más competitivos y con mejores precios suelen ser los mismos que recompran la mercancía que venden con márgenes razonables.
El máximo histórico del precio de la plata aconteció el 21 de enero de 1980, cuando el intradia merodeó los 50 dólares por onza troy.
Tienes que estar registrado para ver este contenido
El recorrido de la plata fue brutal en los dos años previos, motivados principalmente por la actuación de un grupo de inversores liderados por los multimillonarios hermanos Hunt, que "estrangularon" el mercado (corner the market) con sus posiciones en el Comex.
Tienes que estar registrado para ver este contenido
Pero como con los señores que son realmente poderosos no se puede jugar, por muy rico que seas, los que mandan cambiaron arbitrariamente las reglas de juego y ello derivó en un desplome brutal del precio que se hizo latente en el Silver Thursday.
Tienes que estar registrado para ver este contenido
Luego que no se pagará el total del spot, como dice el Montruo tenía varias razones:
- El precio de la plata se había multiplicado varias veces en los dos últimos años.
- Estaba motivado por una especulación financiera que no tenía nada que ver con la demanda real más allá del cumplimiento de unos contratos sobre derivados financieros.
- No existían reservas disponibles ni producción suficiente para poder entregar la plata contratada en el Comex.
De hecho, en aquella época las fundiciones en USA y otros lugares del orbe estaban a tope de trabajo, ya que muchos se beneficiaron del alza de los precios. Pensad que existía mucha moneda con aleación de plata en la mayoría de los países del mundo occidental hasta los años 70 aproximadamente, y que muchos particulares todavía tenían piezas que ante el brutal incremento del metal precioso, salían al mercado.
El concepto de "bullion coin" no existía como tal. Las monedas eran de aleación de plata y cobre. La primera moneda de plata pura .999 de gran tirada y proyección mundial fue la Libertad mexicana en 1982.
Luego para obtener plata pura y aprovecharse de las subidas en Occidente, lo más rápido era fundir moneda y cacharros viejos de plata (desde tenedores hasta candelabros), y los precios se dispararon.
¿Y qué monedas estaban disponibles en España en la época? Pues principalmente los "paquillos", monedas con la efigie del Caudillo de España Francisco Franco Bahamonde de 100 pesetas emitidas en 1966 y acuñadas hasta 1970.
Es cierto que no se alcanzó el precio tope del spot, pero es que en 1980 tampoco era accesible conocerlo a tiempo real, ya que los ordenadores no eran tan accesibles ni asequibles e internet estaba en fase embrionaria.
Pero por las monedas se pagó una pasta gansa:
- Por los paquillos hasta un poco más de 1300 pesetas.
- Por los duros del montón hasta 2000 pesetas.
- Por los 50 Francos franceses hasta 2500 pesetas.
Ojo, hablamos de 1980!!!!!!!!!!!!!!!
Algunas historias curiosas de la época (conozco a los personajes y me relaciono habitualmente con ellos).
1.- Un vendedor de monedas de Barcelona enajenó mil paquillos a finales de 1979 a 1000 pelas la unidad y con ese importe se compró un piso de 70 m2 de segunda mano -en el que todavía vive- en un barrio de clase media de Barcelona.
2.- Un numismático de Barcelona viajaba todos los domingos por la mañana en avión a Sevilla para adquirir paquillos a comerciantes del sur de España. Inicialmente estas piezas las adquiría otro comprador que las pagaba a 300 pesetas, y llegó él desde Barcelona y para hacerse con el mercado, las pagaba a 650 pesetas...y cuando llegaba el lunes, tenía colas a la puerta de su numismática para venderlas entre 1200 y 1250 pesetas.
Merecía la pena viajar a Sevilla, incluso con las tarifas de Iberia, que eran brutales en la época para el ciudadano medio, porque comprando de 50 paquillos ya te ganabas la vida, y cuando compraban 200 ó 300 era un bowling, podías ganar en un día más que muchos trabajadores de la època en tres meses.
3.- Hubo muchos numismáticos que quedaron "enganchados" con el tema de la plata, tras la bajada del metal. Muchos. No es adecuado dar nombres pero los que nos movemos en el mundillo los conocemos. Ese dinero invertido de otra forma les hubiera hecho ricos.
Los paquillos bajaron hasta las 250 pesetas en los años posteriores. Algunos vendieron y otros mantuvieron la mercancía durante muchos años.
Un caso extremo de una persona difunta, también vendedor de monedas, es que un cliente le pidió 500 piezas de 100 pesetas (paquillos) y él se los consiguió recomprándolos a un comerciante-especulador, al precio de 1.300 pesetas, y adelantó el dinero porque creía en la seriedad del cliente, que ya le había comprado con anterioridad. Su margen era ridículo, 10 pesetas por pieza. O sea, que hubo de invertir 1300 pesetas x 500 = 650.000 pelas para intentar obtener un beneficio de 5.000 pelas.
Algunos de vosotros pensaréis que es una bola que os estoy metiendo, o que el comprador era un gilipila que no tenía ni astuta idea de inversiones al colocar tanto capital con un riesgo tan alto y un beneficio tan bajo.
Pero no es así. El comerciante se dejó llevar por los acontecimientos. Ganar 5.000 pesetas en un día era un dinero, se tenía contento a un cliente que repetiría pedidos y además las monedas de plata siempre subían. Si el comprador no pasaba a recoger las piezas en dos semanas valdrían 50 pesetas más, luego el beneficio podría ser ahora de 25.000 pesetas.
¿Y qué aconteció? Pues que se lo pregunten a los Hunt. El desplome de la plata. El cliente que supo de las noticias de bajada no acudió a retirar y pagar los paquillos. El comerciante aguantó las piezas en busca de otros clientes...que nunca llegaron. Desesperado hubo de vender las piezas a otro comerciante pasadas unas semanas a 600 pesetas, o sea que perdió más del 50 % de la inversión.
Paradójicamente, cuando la plata estuvo en máximos nadie pagó por encima de la cotización máxima. Pero cuando este comerciante vendió a 600 pelas, en pérdidas, sí le pagaron por encima del spot, y no se las compraron por el precio internacional de la plata...sino porque el segundo numismático pensó que siempre podría sacarle a un cliente más pasta por una moneda de Franco, que por el importe de la plata.
Pensad que en la época no había tanta información financiera y que había muchos más coleccionistas de moneda de Franco que ahora, y seguidores del Generalísimo que ahora. Eran otros tiempos.
4.- Esta historia es muy interesante. Con este sujeto comparto agradables tardes de dominó, luego la sé de muy buena tinta. El colega es un pillín, pero siempre se aprende de gente como él.
Tras la bajada de la plata, que se prolongó durante años, y la desmonetización de los 50 francos franceses tipo Hércules por parte del Banco de Francia, en Barcelona se podían comprar las piezas a numismáticos a 600 pesetas. El valor teórico del cambio era de 1.250 pesetas (un franco francés valía aproximadamente 25 pesetas)...y a mi adversario de tablero no se le ocurrió otra cosa que cuando subió de compras a Andorra, preguntar en un banco si le podía cambiar esos francos en pesetas (sabiendo de sobras que la moneda ya no tenía valor de cambio).
Y los bancarios andorranos se sorprendieron al ver la pieza que no conocían (ya que esa pieza no se pensó para la circulación ordinaria, sino para para pagar a los jubilados franceses con un dinero que suponía una reserva de valor; nadie las utilizaba para pagar) y se la cambiaron ipso facto.
El siguiente fin de semana volvió...pero esta vez con muchas más piezas. Y se las volvieron a cambiar. La operación se repitió durante muchas semanas. El beneficio era de unas 650 pesetas por pieza, o sea, que algún sábado llegó a ganar la escalofriante cifra de 400.000 pelas...aunque claro, el trabajo no estaba en llevar las piezas, sino en buscar desesperadamente monedas en Barcelona para canjearlas en Andorra.
Las monedas no eran para cambio. Él supone que algunos comerciantes acaudalados se las quedaban por su contenido en plata y su valor estético: como estaban todo el día trabajando y a fín de cuentas se vendían por mucho menos importe de lo que valió la plata en el pasado y no estaba extendida la moneda bullion de plata, pues durante unos meses colocó algunos miles de monedas. Hasta que de un día para otro, le dejaron de comprar...así son las cosas.
Peripecias como éstas nos ocurrirán también a nosotros, los metalíferos, en el futuro. Nunca serán iguales, pero sí tendrán algún que otro paralelismo.