"...Por el contrario, los Gobiernos deberían hacer caso omiso de las bolsas de valores y dejar que el sector financiero se ajuste a lo que la mayoría de sus profesionales afirman creer que es, un mercado sin distorsiones ni la intervención directa del Estado. Y, en lugar de ello, deberían proporcionar a la gente corriente los medios para tener más resiliencia. La mejor forma sería garantizar a todos los miembros de nuestras sociedades una seguridad económica básica.
Hong-Kong ya ha tomado la iniciativa, con un pago único a todos sus ciudadanos de 10.000 dólares HK (alrededor de 1.140 euros) per cápita. Pero ese pago tiene un doble inconveniente. Es una cantidad demasiado pequeña para ofrecer una capacidad sostenible de resistencia y, al mismo tiempo, lo bastante grande como para correr el riesgo de que algunas personas se gasten todo de una vez.
Sería mucho más apropiado aprovechar la situación para introducir un sistema de renta básica, para empezar, al menos, mientras se prolongue la esa época en el 2020 de la que yo le hablo, que dé a cada residente del país una modesta retribución mensual sin condiciones, como derecho. La cantidad mensual podría ajustarse hacia arriba o hacia abajo dependiendo de la gravedad de la recesión, como estabilizador económico automático, para mantener la demanda agregada y proporcionar más resiliencia a las personas, las familias y las comunidades.
La renta básica podría financiarse igual que se financió la expansión cuantitativa, aunque también debería ir asociada a una nueva serie de impuestos ecológicos, empezando por un impuesto al carbono. Es perfectamente factible.
Además, un sistema de renta básica ayudaría a luchar contra la crisis médica y contra la crisis ecológica que define nuestra época. Permitiría a las personas evitar ir a los lugares de trabajo si consideran que hacerlo sería un riesgo para ellas y sus seres queridos. Facilitaría la creación de un espíritu de descrecimiento, algo que quienes estamos indignados y asustados por el calentamiento global y la amenaza de la extinción de la naturaleza queremos tan desesperadamente. Podríamos aprovechar para bajar la velocidad a la que vivimos y, sin llegar a “aislarnos”, al menos sí pasar más tiempo con nuestras familias y en nuestras comunidades locales.
Serán necesarias otras políticas, por supuesto, incluida la disminución del capitalismo de rentas. Pero los que no se enriquecen con las finanzas y las bolsas deberían ser prioritarios, y no quedar a merced de falsas promesas de que hay que reanimar el crecimiento económico por medios más convencionales porque así acabará “filtrándose” y beneficiando a todos. Esta vez no debe haber espejismos. Tenemos que decir a nuestros Gobiernos: “¡Haced algo!”"