{"id":3120,"date":"2026-06-18T13:57:49","date_gmt":"2026-06-18T13:57:49","guid":{"rendered":"https:\/\/www.burbuja.info\/blog\/paises-que-prometen-reducir-la-deuda-y-la-disparan-el-ranking-del-engano\/"},"modified":"2026-06-18T13:58:00","modified_gmt":"2026-06-18T13:58:00","slug":"paises-que-prometen-reducir-la-deuda-y-la-disparan-el-ranking-del-engano","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.burbuja.info\/blog\/paises-que-prometen-reducir-la-deuda-y-la-disparan-el-ranking-del-engano\/","title":{"rendered":"Pa\u00edses que prometen reducir la deuda y la disparan: El ranking del enga\u00f1o"},"content":{"rendered":"<p><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/www.burbuja.info\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/06\/acai-infografia-1781791079.jpg\" alt=\"\" class=\"acai-header-image\" style=\"width:100%;height:auto;margin-bottom:1.5em;\"><\/p>\n<p>Hay un ritual que se repite con puntualidad casi c\u00f3mica. Cada vez que un gobierno presenta sus presupuestos, aparece en alguna rueda de prensa un ministro de finanzas con cara de circunstancias anunciando que esta vez s\u00ed, que el ajuste es serio, que la deuda p\u00fablica va a bajar. Luego pasan los a\u00f1os, llegan los datos del Eurostat o del FMI, y el resultado es siempre el mismo: la deuda ha subido. No un poco. A veces de forma espectacular. El truco ha funcionado durante d\u00e9cadas porque los ciudadanos tienen memoria corta y los mercados, sorprendentemente, tambi\u00e9n perdonan. Pero los n\u00fameros no mienten, aunque sus autores s\u00ed lo hagan con frecuencia.<\/p>\n<p>La deuda p\u00fablica global super\u00f3 los 100 billones de d\u00f3lares en 2024 seg\u00fan el FMI, una cifra equivalente al 93% del PIB mundial. No es solo un problema de pa\u00edses en desarrollo o de econom\u00edas fr\u00e1giles: es una constante en casi todas las democracias occidentales, donde el ciclo electoral convierte la promesa de austeridad en papel mojado antes de que acabe la legislatura. Lo m\u00e1s llamativo no es que la deuda suba \u2014eso tiene explicaciones estructurales leg\u00edtimas\u2014 sino que los gobiernos prometan sistem\u00e1ticamente lo contrario de lo que luego hacen, y que nadie les pida cuentas de forma efectiva.<\/p>\n<p>Este art\u00edculo no pretende ser una lecci\u00f3n de econom\u00eda acad\u00e9mica, sino exactamente lo que su t\u00edtulo promete: un repaso cr\u00edtico a los pa\u00edses que m\u00e1s han disparado su deuda p\u00fablica despu\u00e9s de anunciar que iban a reducirla, con los datos sobre la mesa y sin eufemismos. Hay una diferencia importante entre un pa\u00eds que reconoce que necesita gastar m\u00e1s y uno que promete ajuste mientras firma cheques en blanco. El primero es honesto. El segundo merece, como m\u00ednimo, una explicaci\u00f3n.<\/p>\n<p>La metodolog\u00eda es sencilla: comparamos las promesas formales recogidas en planes de estabilidad, cartas de intenci\u00f3n al FMI o declaraciones p\u00fablicas de gobiernos con la evoluci\u00f3n real de su deuda como porcentaje del PIB en los a\u00f1os siguientes. El resultado es, en muchos casos, un ejercicio de iron\u00eda que se escribe solo.<\/p>\n<h2>El campe\u00f3n continental: Italia y su deuda eterna<\/h2>\n<p>Italia lleva m\u00e1s de treinta a\u00f1os prometiendo reducir su deuda p\u00fablica. En 1992, cuando firm\u00f3 el Tratado de Maastricht, rondaba el 105% del PIB. En 2024, seg\u00fan Eurostat, supera el 137%. En ese intervalo ha habido gobiernos de izquierda, de derecha, de centro, tecnocr\u00e1ticos y populistas, todos con el mismo denominador com\u00fan: el anuncio solemne de que el ajuste estaba en marcha y la realidad posterior de que no lo estaba. El caso italiano es especialmente revelador porque el pa\u00eds ha estado bajo supervisi\u00f3n directa de la Comisi\u00f3n Europea durante d\u00e9cadas, con procedimientos de d\u00e9ficit excesivo que se abren, se cierran y se vuelven a abrir sin que nada cambie de forma sustancial.<\/p>\n<p>El gobierno de Giorgia Meloni present\u00f3 en 2023 un plan de estabilidad que proyectaba una reducci\u00f3n gradual hasta el 140% del PIB en 2026, lo que ya era una promesa modesta. La realidad ha ido por delante incluso de esa proyecci\u00f3n pesimista. Los intereses de la deuda italiana consumen aproximadamente el 4% del PIB al a\u00f1o, m\u00e1s de lo que el pa\u00eds gasta en educaci\u00f3n. Es el tipo de trampa que los economistas llaman \u00abbola de nieve\u00bb: cuando los intereses crecen m\u00e1s r\u00e1pido que la econom\u00eda, la deuda se autoalimenta aunque el gobierno no gaste un euro m\u00e1s en pol\u00edticas p\u00fablicas. Italia no ha encontrado la forma de salir de ese bucle en tres d\u00e9cadas.<\/p>\n<p>Lo m\u00e1s ir\u00f3nico es que el pa\u00eds tiene super\u00e1vit primario \u2014recauda m\u00e1s de lo que gasta si se excluyen los intereses\u2014 en varios ejercicios recientes. El problema no es el gasto corriente: es la factura acumulada de d\u00e9cadas de promesas incumplidas que ahora se paga en forma de intereses. Dicho de otra manera, Italia est\u00e1 siendo castigada hoy por las mentiras que sus gobiernos contaron hace veinte a\u00f1os.<\/p>\n<h2>Francia: Cuando el rigor fiscal es solo una est\u00e9tica<\/h2>\n<p>Francia tiene un talento particular para presentar la indisciplina fiscal como si fuera una pol\u00edtica deliberada y sofisticada. Su deuda p\u00fablica era del 60% del PIB a principios de los a\u00f1os 2000, cuando el Pacto de Estabilidad europeo fijaba ese umbral como l\u00edmite m\u00e1ximo. En 2024, seg\u00fan Eurostat, supera el 112%. En ese camino, cada gobierno franc\u00e9s ha prometido en alg\u00fan momento volver al 60%, cifra que a estas alturas suena tan realista como prometer volver a la luna en bicicleta.<\/p>\n<p>El caso franc\u00e9s es diferente al italiano en un aspecto clave: Francia no tiene el problema de los intereses desbocados porque se financia a tipos m\u00e1s bajos gracias a su calificaci\u00f3n crediticia. Su problema es m\u00e1s sencillo y, parad\u00f3jicamente, m\u00e1s dif\u00edcil de resolver: gasta m\u00e1s de lo que ingresa de forma sistem\u00e1tica, a\u00f1o tras a\u00f1o, independientemente del color pol\u00edtico del gobierno. El d\u00e9ficit p\u00fablico franc\u00e9s ha estado por encima del 3% del PIB \u2014el l\u00edmite europeo\u2014 durante casi todos los a\u00f1os desde 2008, y la Comisi\u00f3n Europea abri\u00f3 un procedimiento de d\u00e9ficit excesivo contra Francia en 2024, el mismo que ya hab\u00eda tenido que cerrar sin resultados satisfactorios en ocasiones anteriores.<\/p>\n<p>El gobierno de Emmanuel Macron prometi\u00f3 en 2017 modernizar la econom\u00eda francesa y reducir el d\u00e9ficit. En 2024, ese d\u00e9ficit se situ\u00f3 en torno al 5,5% del PIB seg\u00fan las estimaciones de la Comisi\u00f3n Europea, muy por encima de lo comprometido. Macron, que lleg\u00f3 al poder con una ret\u00f3rica marcadamente reformista, deja una deuda p\u00fablica sustancialmente m\u00e1s alta que la que encontr\u00f3. La narrativa del rigor, en su caso, fue sobre todo narrativa.<\/p>\n<h2>Espa\u00f1a: El arte de prometer en bruselas y gastar en casa<\/h2>\n<p>Espa\u00f1a tiene una relaci\u00f3n peculiar con sus compromisos fiscales europeos. Cada primavera, el gobierno env\u00eda a Bruselas un Programa de Estabilidad con proyecciones de reducci\u00f3n de deuda que, con una regularidad llamativa, no se cumplen. La deuda p\u00fablica espa\u00f1ola era del 35% del PIB en 2007, antes de la crisis financiera, y en 2024 se sit\u00faa alrededor del 108% seg\u00fan los datos del Banco de Espa\u00f1a. Ese salto es en parte comprensible \u2014la crisis de 2008 y la pandemia de 2020 fueron choques excepcionales\u2014 pero la trayectoria posterior a la recuperaci\u00f3n no muestra la correcci\u00f3n prometida.<\/p>\n<p>Lo que hace el caso espa\u00f1ol especialmente interesante para los lectores de este blog es la brecha entre el discurso oficial y la realidad estad\u00edstica. El gobierno ha presentado en varias ocasiones proyecciones que mostraban la deuda bajando hasta el 100% o incluso por debajo en el horizonte de cuatro a\u00f1os. Esas proyecciones se incumplen sistem\u00e1ticamente, no porque ocurran cat\u00e1strofes imprevistas, sino porque el gasto corriente crece m\u00e1s r\u00e1pido que los ingresos en a\u00f1os de bonanza econ\u00f3mica. Cuando llega la siguiente crisis, el punto de partida es peor que el anterior.<\/p>\n<p>Pi\u00e9nsalo as\u00ed: si cada vez que el cielo est\u00e1 despejado no ahorras para cuando llueva, y cuando llueve te endeudas, tu deuda solo puede ir en una direcci\u00f3n. Espa\u00f1a lleva dos d\u00e9cadas en ese ciclo, con la particularidad de que los tipos de inter\u00e9s bajos de la era del Banco Central Europeo han anestesiado el dolor. Ahora que los tipos han subido, la factura de intereses empieza a pesar m\u00e1s en los presupuestos, y la promesa de reducir deuda se vuelve cada a\u00f1o un poco m\u00e1s dif\u00edcil de mantener con cara seria.<\/p>\n<h2>Estados unidos: La deuda como pol\u00edtica bipartidista<\/h2>\n<p>Si Europa tiene sus campeones del incumplimiento, Estados Unidos juega en otra liga. La deuda federal estadounidense super\u00f3 los 34 billones de d\u00f3lares a finales de 2023 y sigui\u00f3 creciendo en 2024 hasta aproximarse a los 36 billones, seg\u00fan el Departamento del Tesoro. Lo m\u00e1s llamativo no es la cifra absoluta \u2014dif\u00edcil de visualizar\u2014 sino que tanto republicanos como dem\u00f3cratas han prometido reducirla cuando estaban en la oposici\u00f3n y la han disparado cuando han gobernado. Donald Trump prometi\u00f3 en 2016 eliminar la deuda en ocho a\u00f1os y cuando dej\u00f3 el poder en 2021 hab\u00eda a\u00f1adido casi 8 billones de d\u00f3lares m\u00e1s. Joe Biden no mejor\u00f3 el registro.<\/p>\n<p>El caso estadounidense ilustra una verdad inc\u00f3moda sobre la deuda p\u00fablica en democracias maduras: reducirla requiere recortar gasto o subir impuestos, y ambas opciones tienen costes electorales inmediatos. Los beneficios de la austeridad son difusos y llegan tarde; los costes son concretos y llegan enseguida. Ning\u00fan pol\u00edtico racional \u2014en el sentido de que quiere ser reelegido\u2014 tiene incentivos para hacer ese trabajo. El resultado es que la deuda sube independientemente de qui\u00e9n gobierne, y las promesas de reducirla sirven sobre todo para ganar elecciones, no para gestionar finanzas p\u00fablicas.<\/p>\n<h2>Lo que nadie te cuenta sobre los planes de estabilidad<\/h2>\n<p>Los planes de estabilidad que los gobiernos europeos env\u00edan cada a\u00f1o a la Comisi\u00f3n Europea tienen una caracter\u00edstica que los economistas conocen bien y el p\u00fablico en general ignora: se construyen sobre previsiones de crecimiento sistem\u00e1ticamente optimistas. Varios estudios del FMI han documentado que los gobiernos tienden a sobrestimar el crecimiento futuro en sus proyecciones fiscales, lo que hace que sus compromisos de reducci\u00f3n de deuda parezcan alcanzables sobre el papel aunque no lo sean en la pr\u00e1ctica. No es necesariamente deshonestidad deliberada \u2014aunque a veces lo es\u2014 sino un sesgo estructural: los ministros de finanzas presentan los escenarios que necesitan para que sus n\u00fameros cuadren, no los que la realidad va a producir.<\/p>\n<p>La Comisi\u00f3n Europea, por su parte, ha demostrado una paciencia con los incumplidores que roza la complicidad. El procedimiento de d\u00e9ficit excesivo existe desde el Pacto de Estabilidad de 1997, pero las sanciones formales nunca se han aplicado a ning\u00fan pa\u00eds de la eurozona. El mecanismo de control existe, pero las consecuencias de ignorarlo son esencialmente cero. Cuando el coste del incumplimiento es nulo, el incentivo para cumplir tambi\u00e9n lo es.<\/p>\n<p>La conclusi\u00f3n pr\u00e1ctica para cualquier ciudadano que quiera entender qu\u00e9 va a pasar con la deuda de su pa\u00eds es sencilla: no leas el plan de estabilidad, mira la tendencia hist\u00f3rica. Si un gobierno lleva diez a\u00f1os prometiendo reducir la deuda y no lo ha hecho, la probabilidad de que lo haga en la pr\u00f3xima legislatura es estad\u00edsticamente baja. No porque los pol\u00edticos sean especialmente malvados, sino porque el sistema de incentivos en el que operan hace que la promesa sea f\u00e1cil y el cumplimiento, muy caro. Conocer esa mec\u00e1nica no cambia el resultado, pero al menos evita que te sorprendas cada vez que los n\u00fameros salen como siempre.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hay un ritual que se repite con puntualidad casi c\u00f3mica. 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