Vaya panorama tienen por delante tanto los bancos como sus clientes. Los primero tienen que buscarse la vida para ser rentables en la era de los tipos negativos y los segundos tendrán que acostumbrarse a las subidas de comisiones y rebaja de los servicios, como por ejemplo el cierre de miles de sucursales. A esto se le une el creciente empuje de la digitalización, el exceso de número de establecimientos que históricamente han tenido las entidades españolas y el efecto concentración por las fusiones amenazan con hacer desaparecer más de 20.000 sucursales a lo largo de la próxima década, según los cálculos de JP Morgan.
España es el segundo país de la Unión Europea, solo por detrás de Francia, que más sucursales tiene con 483 por cada millón de habitantes. Una cifra, además, muy alejada de la media comunitaria que está situada en torno a los 250 establecimientos, según los datos del BCE.
