
El informe PISA 2025 ha confirmado lo que muchos temían: España no solo retrocede en Matemáticas, Ciencias y Lectura, sino que amplía la distancia con la media europea. El dato es especialmente doloroso porque se produce en un curso en el que la LOMLOE ya está plenamente instaurada. La radiografía de la OCDE dibuja un sistema que pierde fuelle a pasos agigantados.
Los números que duelen
Uno de cada cinco estudiantes españoles (20,3%) tiene origen migrante, cuatro puntos por encima del promedio de la OCDE. La brecha de rendimiento entre alumnado nativo y migrante disminuye drásticamente si se ajusta el dato por nivel socioeconómico, situando a España con una diferencia inferior a la de la OCDE y la UE. Pero ese ajuste es precisamente el centro de la polémica: hay quien sostiene que corregir por renta es como ponerle ruedas a la abuela, es decir, dar por buena una ventaja que no es causa del bajo desempeño, sino consecuencia.
El debate sobre las causas
Las explicaciones van desde la digitalización y el uso de TikTok hasta la falta de exámenes entre ciclos. Algunos análisis apuntan a que la llegada de estudiantes con un nivel muy bajo obliga a adaptar el ritmo de las clases, lo que frena a los alumnos más avanzados. En este contexto, Madrid se erige como la comunidad autónoma con mejor puntuación, un dato que contradice el relato de que la educación pública está en crisis en todas partes por igual.
La sombra de la inmigración
El impacto de la migración se amplía en cada edición. La brecha de rendimiento entre nativos y migrantes se reduce al ajustar por nivel socioeconómico, pero el debate sigue abierto: ¿es la renta la variable clave o hay factores culturales y lingüísticos que pesan más? Lo cierto es que el sistema educativo español se enfrenta a un reto demográfico que no estaba en los manuales.
La pregunta es si el sistema quiere recuperar el nivel o simplemente adaptarse a la mediocridad. Los datos de PISA 2025 sugieren que, de momento, la segunda opción gana por goleada.
