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Ranking de países que más han subido impuestos en los últimos cinco años

Publicado el 7 de julio de 2026

Mientras los gobiernos de medio mundo prometían «no subir impuestos a las clases medias», la presión fiscal global ha escalado de forma sostenida desde 2021. No es una percepción: es aritmética. La OCDE registra que la recaudación tributaria como porcentaje del PIB ha crecido en más de dos tercios de sus países miembros entre 2020 y 2024, con algunos casos que rozan lo espectacular. El ciudadano medio paga hoy más que hace cinco años en casi cualquier país desarrollado, aunque el relato oficial siga hablando de «esfuerzo compartido» y «consolidación fiscal responsable». Traducido: te quedas con menos dinero en el bolsillo y el Estado se queda con más, solo que ahora viene envuelto en mejores eufemismos.

El fenómeno no es casual ni uniforme. La pandemia de 2020 disparó el gasto público hasta niveles que no se veían desde la Segunda Guerra Mundial, y alguien tenía que pagar esa factura. Primero llegó la deuda, luego la inflación y finalmente los impuestos, y en muchos países las tres cosas ocurrieron a la vez, lo que convierte el período 2021–2026 en uno de los más duros para el contribuyente en décadas. Lo interesante, y lo que casi ningún medio cuenta con claridad, es que la subida no ha afectado igual a todos los países, ni a todos los tramos de renta, ni a todos los tipos de impuestos. Hay países que han apostado por gravar más el trabajo, otros el capital, otros el consumo, y unos pocos han encontrado la fórmula mágica de subir todo a la vez.

España aparece en este ranking, aunque no en el primer puesto. Lo que sí la distingue es la combinación de subidas fragmentadas, silenciosas y acumulativas que han hecho que el contribuyente español pierda poder adquisitivo por tres vías a la vez: inflación no compensada en los tramos del IRPF, nuevos tributos sobre el ahorro y la energía, y el aumento de cotizaciones sociales vinculado a la reforma del MEI. No es una gran subida anunciada con fanfarria; es una erosión constante que no sale en los titulares pero sí en la nómina.

Este artículo no pretende hacer ideología fiscal, sino algo más útil: mostrarte, con datos reales, qué países han incrementado más su presión fiscal desde 2021, qué impuestos han protagonizado esa subida y qué implica eso para quienes viven, trabajan o invierten en cada uno de ellos. Conocer el mapa fiscal global ya no es solo cosa de economistas o grandes fortunas. Es información básica para cualquier persona que quiera entender por qué su dinero rinde cada vez menos.

El contexto que explica por qué todos subieron a la vez

La pandemia de COVID-19 fue el detonante, pero el terreno ya estaba abonado. Entre 2020 y 2021 los gobiernos de la OCDE inyectaron en conjunto más de 17 billones de dólares en estímulos fiscales, ayudas directas, ERTE y programas de liquidez. Esa cifra no desaparece: se convierte en deuda pública, y la deuda pública se paga, tarde o temprano, con impuestos. La diferencia entre países está en el cuándo y el cómo. Algunos optaron por consolidar rápido y subir tributos desde 2022; otros han ido aplazando el ajuste con más deuda, pero la tendencia converge hacia más presión fiscal para todos en el horizonte próximo.

A esto se sumó la agenda verde. El Pacto Verde Europeo y los compromisos climáticos de la COP26 y COP28 han servido de justificación política para introducir o ampliar impuestos sobre el carbono, los combustibles fósiles, los vehículos de combustión y la energía. En teoría, estos tributos tienen una lógica ambiental. En la práctica, han funcionado también como fuente de ingresos extraordinaria para estados con necesidades de financiación urgentes. El contribuyente europeo paga hoy más por llenar el depósito, encender la calefacción o comprar un coche nuevo, y una parte nada despreciable de ese sobrecoste va directo a las arcas públicas.

El tercer factor es la inflación. Cuando los precios suben y los tramos del IRPF no se actualizan al mismo ritmo, los contribuyentes escalan automáticamente hacia tramos más altos sin haber ganado poder adquisitivo real. Este fenómeno, conocido como «fiscal drag» o arrastre fiscal, ha sido especialmente intenso en países como España, Francia y el Reino Unido, donde la actualización de tramos ha ido sistemáticamente por detrás de la inflación acumulada entre 2021 y 2024, que en muchos casos superó el 15% en términos agregados.

Los países que más han subido impuestos desde 2021

Colombia lidera el ranking de subidas en términos de impacto sobre las rentas medias y altas. La reforma tributaria de 2022 impulsada por el gobierno de Gustavo Petro introdujo un tipo marginal máximo del IRPF del 39%, nuevos impuestos sobre las exportaciones de petróleo y carbón, y un gravamen sobre patrimonios superiores a tres millones de dólares. Según datos de la OCDE y el Banco Mundial, la presión fiscal total en Colombia pasó del 19,8% del PIB en 2020 al 22,6% en 2024, un incremento de casi tres puntos porcentuales en cuatro años. Para un país con la estructura económica de Colombia, ese salto es enorme.

Portugal ocupa un lugar destacado en el ranking europeo. Aunque su imagen exterior es la de un destino fiscal atractivo gracias al régimen NHR (Non-Habitual Resident), la realidad para los contribuyentes ordinarios es otra. Lisboa ha endurecido la fiscalidad sobre las plusvalías inmobiliarias, reducido las ventajas del NHR en su revisión de 2024 y mantenido tipos del IVA entre los más altos de la eurozona para determinadas categorías. La presión fiscal total portuguesa se sitúa en torno al 36,4% del PIB en 2024, con una tendencia ascendente sostenida desde 2021. El país que vendía paraíso fiscal a los extranjeros ha ido cerrando el grifo poco a poco.

El Reino Unido, post-Brexit y post-pandemia, ha experimentado la mayor subida de presión fiscal en su historia reciente. El congelamiento de los umbrales del impuesto sobre la renta desde 2021, una medida que el gobierno conservador de entonces se negaba a llamar «subida de impuestos», ha arrastrado a millones de trabajadores hacia tramos superiores. Según el Instituto de Estudios Fiscales (IFS) del Reino Unido, en 2026 habrá aproximadamente 3,5 millones de contribuyentes adicionales pagando el tipo básico o el tipo superior respecto a 2021, únicamente por efecto del arrastre fiscal. El impuesto de sociedades subió del 19% al 25% en 2023, el mayor incremento en décadas.

España: La subida que no se llama subida

España merece un capítulo aparte, no por ser el país que más ha subido impuestos en términos absolutos, sino por la sofisticación con la que lo ha hecho. Desde 2021 el Gobierno ha introducido o ampliado el impuesto a las grandes fortunas (aplicable desde 2022), el gravamen temporal a la banca y a las energéticas, el aumento del tipo máximo del IRPF para rentas del ahorro superiores a 300.000 euros hasta el 30%, y la subida progresiva de las cotizaciones sociales mediante el MEI, que seguirá incrementándose hasta 2050. Ninguna de estas medidas se presenta como «subida de impuestos». Cada una tiene su propio nombre, su propio decreto, su propio relato.

El resultado agregado es que la presión fiscal en España alcanzó el 38,9% del PIB en 2024, según Eurostat, frente al 36,6% de 2019. Son más de dos puntos de PIB adicionales en cinco años, lo que en términos absolutos representa decenas de miles de millones de euros extraídos del sector privado. La comparativa con la media de la eurozona (41,5% del PIB) sirve habitualmente de coartada para justificar que «aún hay margen», pero ese argumento omite que España tiene una economía con mayor peso del empleo informal, menor productividad media y una base fiscal más estrecha que la mayoría de sus vecinos del norte.

Lo más llamativo del caso español es el efecto acumulativo sobre las rentas medias. Un trabajador con un salario de 35.000 euros brutos anuales paga hoy más IRPF efectivo que en 2021, más cotizaciones sociales, más IVA en energía y más impuestos indirectos en general, sin que ninguna de esas subidas haya sido anunciada como tal en un titular de portada. La presión fiscal sobre este perfil ha crecido de forma silenciosa, distribuida en múltiples capas, cada una presentada como excepcional, temporal o dirigida «a los que más tienen».

Francia y alemania: El modelo continental bajo tensión

Francia lleva años en el límite superior de la presión fiscal entre los países desarrollados, con cifras que rondan el 45% del PIB. Entre 2021 y 2026 París no ha necesitado subir mucho porque ya estaba muy arriba, pero sí ha introducido ajustes relevantes: nuevos tramos en el impuesto sobre sucesiones, endurecimiento de la fiscalidad sobre los dividendos y una tasa sobre las recompras de acciones corporativas que entró en vigor en 2024. El debate político francés sobre la fiscalidad es, quizás, el más maduro de Europa: nadie discute ya si los impuestos son altos, sino si el gasto que financian está bien utilizado.

Alemania, por su parte, ha vivido una paradoja fiscal entre 2021 y 2026. Con una coalición semáforo que incluía al partido verde y al socialdemócrata se esperaban subidas significativas. Las hubo en el ámbito energético, donde el precio del CO₂ pasó de 25 euros por tonelada en 2021 a 65 euros en 2026, pero la reforma estructural del IRPF no llegó a materializarse con la profundidad anunciada. Alemania ha compensado parte del arrastre fiscal con ajustes parciales de los tramos, algo que países como España han evitado sistemáticamente. El resultado es que la presión fiscal alemana, en torno al 39,5% del PIB, ha crecido menos que la española en términos relativos durante este período.

Lo que el ranking no cuenta: Quién paga realmente la factura

Los rankings de presión fiscal agregada tienen una limitación fundamental: esconden quién soporta el peso real de la subida. En casi todos los países analizados, el incremento de la carga tributaria ha recaído de forma desproporcionada sobre las rentas del trabajo y las clases medias, no sobre el capital o las grandes fortunas. La razón es estructural: el trabajo es difícil de deslocalizar, el capital no. Una empresa puede trasladar sus beneficios a Irlanda, Luxemburgo o los Países Bajos con relativa facilidad. Un asalariado no puede trasladar su nómina a ningún sitio.

Esto explica por qué, a pesar de la retórica política sobre «hacer pagar más a los ricos», la recaudación adicional en la mayoría de países ha venido principalmente del arrastre fiscal sobre rentas medias, del aumento de cotizaciones sociales y de la mayor recaudación del IVA derivada de la inflación. Los impuestos sobre el patrimonio y las grandes fortunas generan titulares, pero recaudan relativamente poco comparados con el IRPF o las cotizaciones. En España, el impuesto a las grandes fortunas recaudó algo más de 600 millones de euros en su primer año; las cotizaciones sociales recaudan más de 160.000 millones anuales. La aritmética es elocuente.

Si llegaste aquí buscando un ranking limpio y ordenado, la respuesta incómoda es que la presión fiscal ha subido en casi todos los países desarrollados desde 2021, con Colombia, el Reino Unido, Portugal y España entre los que más han incrementado su carga relativa. Pero el dato más útil no es el porcentaje del PIB: es entender qué impuestos han subido, sobre quién han recaído y qué tendencia marcan para los próximos años. El período 2021–2026 deja claro que los gobiernos han aprendido a subir impuestos sin llamarlos subidas, y esa habilidad no parece que vayan a perderla pronto.

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