
Parece que el actor Karra Elejalde ha decidido darle un buen meneo al avispero con unas declaraciones que están removiendo conciencias (y alguna que otra silla) en el mundillo cinematográfico. El tema central del debate es su reciente comentario sobre que «cada película no puede tener un tullido, un transexual… no es fiel reflejo de la sociedad». Vamos, que el amigo Elejalde viene a decir que la corrección política y el afán por cumplir cuotas está desvirtuando el arte, convirtiendo las pantallas en un catálogo de diversidad forzada en lugar de reflejar la vida real. Y lo dice alguien que ha estado en el meollo, así que no son palabras al aire de un cualquiera.
Lo que me llama la atención es la valentía de salir a decir esto en un momento donde el miedo a la cancelación es palpable. Se habla de autocensura en los guionistas, del temor a ser vetados por las grandes plataformas y de cómo esto está ahogando la creatividad. Aquí, en el foro, la opinión mayoritaria parece coincidir con Elejalde, viendo en sus palabras una verdad incómoda que muchos piensan pero pocos se atreven a verbalizar. Se critica cómo las agendas ideológicas parecen dictar ahora el qué y el cómo del cine, dejando de lado la calidad o la naturalidad de las historias. Es interesante ver cómo se apunta a que esta tendencia, más que ser una evolución del cine, es una dictated by the market, driven by fear and an overwhelming need to tick boxes. La discusión se adentra en si esta «representación forzada» realmente beneficia a la sociedad o si, por el contrario, crea personajes artificiales que nadie termina de creerse. Se cuestiona si la verdadera diversidad no es la que se impone a golpe de decreto, sino la que surge de forma orgánica de guiones bien construidos y personajes creíbles. Y, claro, no falta quien recuerda que en su día, el cine español tenía otros problemas, pero este de la imposición de cuotas era menos visible.
