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Máxima alerta en Madrid: la Policía teme una emboscada de los Dominican Don’t Play

Publicado el 20 de noviembre de 2025

La Policía Nacional ha activado una alerta interna de máxima precaución en varios distritos de Madrid ante el aviso de que un grupo ligado a los Dominican Don’t Play estaría preparando un ataque directo contra patrullas. Los agentes han recibido la orden de tratar cualquier aviso al 091 como un posible señuelo. Y mientras tanto, nos siguen vendiendo normalidad en materia de seguridad ciudadana.

La advertencia nace de información interna considerada muy fiable, comunicada a mandos policiales y validada dentro del propio cuerpo. El relato es sencillo y escalofriante: varios pandilleros estarían planeando una llamada falsa al 091 para hacer acudir a una patrulla a un punto concreto y, una vez allí, emboscar y atacar a los policías en represalia por recientes detenciones en el distrito de Latina. Venganza pura y dura, en una ciudad donde se repite que “todo está bajo control”.

Los investigados no son recién llegados al delito. La Policía tiene perfectamente fichados a varios de ellos: encadenan detenciones por agresiones, amenazas, resistencia violenta, robos con intimidación y armas prohibidas. En intervenciones previas se les han incautado machetes y se les ha vinculado al uso y exhibición de armas de fuego. Es decir, no hablamos de chavales “despistados”, sino de gente que vive instalada en la violencia mientras los vecinos miran dos veces antes de bajar al Metro.

Entre los señalados aparecen varios individuos de origen dominicano con nacionalidad española vinculados al grupo GOVJ, una pieza dentro de la estructura de los DDP. En este núcleo destacan nombres conocidos para las unidades de Información: Daniel L. V., alias Maloco, y Nerfis F. E., catalogados como especialmente peligrosos. A su alrededor, otros jóvenes con una carrera delictiva larga: Eddy P. S., Elison B. R. y los hermanos Harold, Adrián y Jan M. S.

La fuente que ha disparado la alerta no se limitó a un “tened cuidado”. Aportó rutas habituales, posibles escondites de armas y movimientos de los últimos días. Esos datos ya están integrados en las investigaciones internas. Traducción para el ciudadano: más horas de policía en la calle, más recursos operativos… y la misma sensación de que estos episodios se repiten mientras el debate político va por otro lado.

Las zonas calientes están localizadas y no sorprenden a nadie que viva por allí: Plaza Patricio Martínez, varias calles del distrito de Latina y los alrededores de las estaciones de Campamento y Colonia Jardín. Esos puntos se han marcado como áreas de riesgo y la presencia policial se ha reforzado. Más patrullas, más coches, más chalecos… y la misma plantilla que lleva tiempo denunciando falta de medios y agresiones al alza.

En paralelo, las cifras internas sobre ataques a agentes no invitan precisamente a la calma: miles de agresiones al año, con una subida notable en los últimos ejercicios. Aun así, desde el Gobierno se sigue hablando de “percepción” de inseguridad, como si a un policía herido a machetazos le importara mucho el matiz sociológico.

La alerta interna insiste a los agentes en que extremen la prudencia en cada actuación, especialmente ante avisos en esas zonas y en horarios nocturnos. La instrucción es casi una confesión: una simple llamada a la sala del 091, algo tan rutinario como acudir a un requerimiento, puede convertirse en una trampa. Es la versión 2025 de “no te fíes de nada”, aplicada al trabajo policial.

Todo esto ocurre en una ciudad donde se han anunciado planes contra bandas juveniles violentas una y otra vez, con grandes palabras y ruedas de prensa, mientras los nombres de las bandas —DDP, Trinitarios y compañía— se han hecho habituales en los partes de sucesos. El Gobierno central presume de leyes, protocolos y planes, pero a pie de barrio lo que ve el vecino son machetes, cintas policiales y más miedo al dejar a su hijo volver solo del entrenamiento.

Hay otro ángulo que casi nunca se menciona: cada dispositivo especial, cada noche de refuerzo y cada patrulla que se destina a contener a estas bandas sale del mismo sitio, de impuestos y presupuestos que luego se recortan en otras partidas. Menos efectivos, más horas extra, más presión sobre quienes patrullan… y una delincuencia juvenil organizada que juega con ventaja en su propio terreno.

Mientras tanto, los vecinos de Latina, Carabanchel y alrededores vuelven a escuchar el mismo mensaje: tranquilidad, está todo controlado. Y por si acaso, hoy la recomendación implícita es la de siempre: evitar ciertas plazas, mirar bien quién baja en tu parada de Metro y confiar en que la próxima llamada falsa al 091 no pille a la patrulla equivocada en la noche equivocada.

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