
Madrid prepara un cambio que va directo al bolsillo de millones de conductores: el impuesto que pagas por tu coche dependerá de la pegatina de la DGT pegada en el parabrisas. Los vehículos sin etiqueta y con distintivo B y C pagarán más, mientras que los ECO y Cero, los teóricamente “limpios”, podrían incluso librarse de la tasa. Otra vuelta de tuerca a un sistema de etiquetas que todo el mundo critica… salvo quienes recaudan.
Hoy, circular ya está lleno de restricciones según la letra de tu coche; pronto también marcará cuánto pagas cada año al Ayuntamiento. En España hay unos 10 millones de coches sin etiqueta, otros 10 millones con etiqueta C y unos 8 millones con etiqueta B. Es decir, la mitad del parque móvil en el disparadero. Y no son precisamente los coches de los barrios más ricos los que suelen llevar pegatinas viejas o ninguna.
El sector del automóvil lleva años señalando lo obvio: el sistema de etiquetas es un lío. Premia a híbridos ligeros de más de 600 caballos con una pegatina ECO gracias a un motorcito eléctrico de apoyo y mete en Cero a híbridos enchufables que, usados “a la española” —es decir, casi siempre en modo gasolina— acaban contaminando más que muchos coches con B o C. Mientras, un compacto diésel o gasolina de hace diez años, que hace pocos kilómetros al año, queda demonizado solo por fecha de matriculación.
Aun así, nadie toca el invento. Los fabricantes han adaptado sus gamas a estas pegatinas, las ciudades las usan para decidir quién entra y quién no, y el Gobierno las ha convertido en dogma climático barato. Revisarlas de verdad sería admitir que se han equivocado durante años y enfadar a medio sector del motor. Así que se opta por lo más sencillo: subir impuestos a partir de un sistema que se reconoce como chapucero, pero que viene de maravilla para pasar la gorra.
Madrid quiere ir por delante con una tasa ligada a la etiqueta que sustituiría al clásico impuesto de circulación, el “numerito”. La idea oficial es que “quien contamina paga más” y que los coches menos contaminantes paguen menos. Sobre el papel suena bien; en la práctica, significa que los coches sin etiqueta y buena parte de los B y C verán cómo su recibo sube, mientras los ECO y Cero respiran tranquilos. Es decir, pagará más quien tiene un coche viejo porque no puede permitirse uno nuevo… justo el discurso contrario al de la “justicia social” que se oye desde Moncloa.
El chiste se completa con otro detalle: el propio reglamento de movilidad de la capital prevé revisar las etiquetas en un plazo corto. Y a la vez, el Gobierno estudia a nivel estatal un nuevo impuesto ambiental que ya no miraría la pegatina, sino las emisiones reales de cada coche, algo que podría borrar las ventajas de muchos ECO y Cero actuales. O sea, se diseña un castigo fiscal sobre un sistema que se sabe que va a cambiar, y en paralelo se cocina otro tributo que puede dejar descolocado a quien se compró un híbrido “porque era lo que pedían”.
Mientras tanto, el mensaje al ciudadano es sencillo: si no puedes pagar un coche nuevo con etiqueta bonita, prepárate para rascarte más el bolsillo. Quien vive a 40 kilómetros del centro, entra a Madrid a trabajar y aparca en la calle, verá cómo se le juntan Zonas de Bajas Emisiones, restricciones a los coches sin etiqueta y ahora un impuesto anual más caro. ¿De verdad es solo una política verde o también una forma silenciosa de hacer caja con los de siempre?
Y todavía falta ver qué pasará cuando se revise el sistema de pegatinas y algunos modelos que hoy son ECO de repente dejen de serlo. Los que se endeudaron para comprar un híbrido “para poder entrar en la ciudad” pueden descubrir dentro de pocos años que ya no disfrutan de ventajas, pero el préstamo sigue llegando puntual cada mes.
