
¿Qué pasaría si los sueldos en España acabaran siendo prácticamente iguales para todos, sin importar formación, experiencia o productividad? Lo que suena a ciencia ficción está cada vez más cerca. Y no necesariamente como una buena noticia. En los últimos años, el salario mínimo interprofesional (SMI) se ha acercado peligrosamente al salario más frecuente del país, reduciendo la diferencia a apenas un 3%. Una cifra insólita en nuestra historia económica reciente.
Para hacernos una idea, en 2018 esa brecha era del 39,3%. Y si echamos aún más la vista atrás, en 2009 era del 77%. Hoy, en términos reales (ajustados a la inflación), el sueldo más habitual apenas supera en 400 euros anuales al SMI. Una convergencia acelerada que ha provocado un achatamiento de la estructura salarial sin precedentes en España.
¿Qué ha pasado con los sueldos en España?
Todo comienza con una intención loable: elevar el SMI hasta el 60% del salario medio, como recomienda la Carta Social Europea. De hecho, desde 2018 el salario mínimo ha subido un 46%, mientras los sueldos medios y modales apenas han variado… o directamente han bajado en términos reales.
Según el economista Fernando Pinto, el salario más frecuente en España ha perdido un 21% de poder adquisitivo desde 2018, mientras que el SMI, aun con sus subidas, ha perdido terreno frente a la inflación acumulada (que roza el 23% desde 2019). Resultado: muchos trabajadores cobran hoy prácticamente lo mismo, aunque su experiencia o productividad sean muy distintas.
Un país donde ganar más ya no compensa
El gran problema es que una estructura salarial tan plana desincentiva el esfuerzo, la formación y la productividad. Si formarte o asumir más responsabilidades no se traduce en un sueldo mayor, ¿qué motivo hay para mejorar? Esta es la base de lo que los economistas llaman la «trampa del SMI»: cuando los sueldos tienden a igualarse por abajo y no por arriba.
Además, este fenómeno genera otros efectos preocupantes:
-
Reduce la movilidad salarial y profesional.
-
Aumenta la economía sumergida, sobre todo entre colectivos poco productivos.
-
Impulsa la automatización de empleos de baja cualificación.
-
Disminuye la recaudación fiscal a largo plazo.
-
Dificulta la creación de una clase media sólida y estable.
En palabras de Pinto, «estamos consolidando un mercado laboral rígido y poco meritocrático, donde el salario no refleja el valor económico del trabajo».
¿Subir el SMI es el problema?
No necesariamente. Economistas como Raymond Torres (Funcas) o Laurine Pividal (Coface) coinciden en que España partía de niveles salariales muy bajos, y que muchas de las subidas del SMI han sido necesarias y positivas. Incluso han contribuido a reducir la desigualdad y mejorar el consumo interno, beneficiando especialmente a los sectores con menor renta disponible.
El problema, según los expertos, no está en las subidas del SMI en sí, sino en lo que no ha pasado con el resto de salarios. La productividad se ha estancado, y con ella, los sueldos más frecuentes. Si el SMI sube y los demás no, la estructura salarial se aplana, y eso tiene consecuencias estructurales.
¿Cómo lo hacen otros países?
Alemania, por ejemplo, tiene un SMI más alto que España, pero también una política de fijación de salarios mínima basada en productividad y evolución económica, no solo en decisiones políticas. Aquí, en cambio, el salario mínimo ha sido tradicionalmente un arma electoral más que una herramienta técnica.
La ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, ha propuesto crear un comité de expertos para diseñar un modelo más estable y técnico de actualización del SMI. Sin embargo, sus recomendaciones no son vinculantes y el Ejecutivo puede ignorarlas. Algo que, de hecho, ya ha ocurrido.
¿Y ahora qué?
La OCDE advierte que el salario mínimo en España ha subido un 3,1% en términos reales entre 2021 y 2025. Pero los sueldos reales (en general) han bajado un 4,2% en el mismo periodo. Es decir, sube el suelo, pero no el techo.
Según los últimos datos del INE, más del 54% de los trabajadores en España cobra entre 1 y 2 veces el SMI, cuando hace una década lo normal era ganar entre 2 y 3 veces esa cantidad. Una señal clara de cómo se está estrechando el rango salarial. Más igualdad, sí, pero a costa de una menor renta media.
