
Las grandes cadenas avisan: si la demanda se enfría, subirán precios para no tocar el margen. Hablamos de alzas del 3% al 8% en pleno final de año “positivo, pero más estable”. El turismo bate marcas, sí; los presupuestos familiares no tanto.
Minor, Barceló e Iberostar ya han puesto la cifra sobre la mesa. Suben tarifas para proteger rentabilidad y apuntalan la venta directa. La ocupación se estabiliza, pero el ingreso por habitación (RevPAR) y el precio medio (ADR) siguen escalando. En septiembre el ADR en España rondó los 131 € por noche, un 5% más que un año antes; la ocupación, plana. Traducido: pagarás más por lo mismo. ¿No decían que la inflación estaba controlada?
Meliá ve buen tono en Baleares, Canarias y ciudades como Madrid o Bilbao. Minor habla de un +3,2% de precio medio frente a 2024, con Madrid tirando; Sevilla, A Coruña, Zaragoza y Pamplona, al rebufo. Iberostar presume de +10% en ventas y +8% en ADR hasta septiembre, y suma hoteles: el 1 de noviembre incorpora el Riviera Cancún. Barceló proyecta para el cuarto trimestre +12% en ingresos, ADR +4,4% y ocupación media del 77% (cuatro puntos más). RIU, en línea con objetivos, espera RevPAR +7% gracias a otro empujón del precio. Paradores calcula +4% a +6% de ingresos, apoyado en turismo cultural y de interior. El relato se repite: menos volumen extra, más precio.
¿Por qué te importa si no vives de alquilar habitaciones? Porque la inflación que te afecta el fin de semana y en Navidad bebe de ahí. El IPC general repuntó al 3,0% en septiembre y la subyacente se quedó en el 2,4%. El grupo de “restaurantes y hoteles” sigue tensionado en varias comunidades y el Gobierno celebra récord turístico mientras los precios del ocio suben por la vía rápida. Otra vez la foto bonita del PIB… sin la letra pequeña de la mesa de gastos de una familia.
El discurso oficial habla de “moderación” y “consolidación”. En la práctica, las cadenas refuerzan el pricing, empujan venta directa y exprimen la disposición a pagar de mercados emisores como Reino Unido o Alemania. Mientras, el visitante estadounidense afloja por la incertidumbre global y el doméstico sostiene la caja con escapadas cortas. Si la demanda se frena, ajustan precios al alza para no tocar margen. ¿Competencia? Sí, pero con el cartel de “últimas habitaciones” siempre a mano.
Para el bolsillo medio, el choque es claro: gasolina cara, cesta de la compra sin alivios y ahora alojamientos que vuelven a subir justo antes de Navidad. El IPC en septiembre subió tres décimas y, aunque la energía no presiona como en 2022, la parte de servicios —donde entra el hotel— mantiene el fuego lento. En septiembre, con ocupación casi calcada a la de 2024, el RevPAR creció por la simple vía de subir el precio. Y si el año se cierra “de récord”, la tentación de rematar el margen con el puente de diciembre y Nochevieja será demasiado golosa.
