
La economía española lleva varios años con tasas de crecimiento que generan titulares positivos y actuaciones mediáticas. El problema es que esas cifras no se traducen en mejoras visibles para la mayoría: muchos trabajadores mantienen su poder adquisitivo o lo han perdido.
El punto de partida: el crecimiento del PIB de España es sólido, pero ese aumento no necesariamente implica un aumento proporcional de lo que llega al bolsillo de las familias. La inflación acumulada desde 2021 supera el 21 %, lo que neutraliza o invierte cualquier subida salarial nominal que hubieras podido tener. Además, durante esos años, el tipo efectivo del IRPF que pagan muchos asalariados ha subido, aunque su “ganancia real” no lo haya hecho.
Para una familia media con hipoteca a tipo variable (Euríbor + diferencial), esto significa que, por un lado, su cuota puede subir al incrementarse el Euríbor, y por otro, aunque el salario haya subido, la inflación le quita poder de compra y los impuestos engordan. Resultado: la “mejora” que aparenta el PIB se queda en los despachos y no en la cocina o en el recibo de la hipoteca.
¿Quién gana entonces?
El análisis muestra tres grupos que salen ganando o al menos salvan mejor la crisis:
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Los que no estaban antes activos en el mercado laboral y ahora sí lo están —en muchos casos, inmigrantes que han llegado a España y han encontrado empleo— se benefician de empezar desde una situación muy baja.
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Los jubilados, ya que sus pensiones se han revalorizado al menos al ritmo de la inflación e incluso por encima para las más bajas. Esto les da un “escudo” frente a la subida de precios.
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Los que poseen vivienda en propiedad o varias, ya que la subida del precio del alquiler y del activo inmobiliario les da un extra de renta o de patrimonio.
Por contra, los asalariados “normales” entre 20 y 64 años son los que más sufren. Aunque puedan tener un empleo, su salario real no sólo no ha mejorado, sino que ha retrocedido. Estudios de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) indican que los salarios reales en España llevan estancados décadas: entre 1994 y 2024 han subido apenas un 2,76 %. Y más recientemente, los sueldos reales están incluso por debajo de los niveles prepandemia.
¿Y por qué crece tanto el PIB si la renta no lo hace?
Porque el crecimiento ha sido extensivo, no intenso. Es decir: se ha incrementado la población activa, se ha acogido más empleo —también de baja cualificación—, se han sumado inmigrantes al mercado laboral, se ha aumentado la cantidad de horas o trabajadores, pero no ha crecido la productividad por trabajador de forma suficiente. Esto quiere decir que la tarta crece porque hay más comensales, no porque cada uno reciba una porción mayor.
Así, aunque haya “mil euros más” en nómina de alguien que hace unos años, ese incremento se lo lleva en parte la inflación, la vivienda más cara, los impuestos nuevos o mayores, o la hipoteca que sube. Mientras tanto, quienes lograron mayor ventaja son los que venían de una situación muy precaria o los que ya poseían activos que incrementan su valor.
Vivienda, personas mayores y brecha generacional
La vivienda abre otra brecha: los jóvenes que están de alquiler se enfrentan a subidas de renta superiores a las de sus salarios. Los mayores de 65 años, mayoritariamente propietarios y muchos con segunda vivienda, han visto dispararse su patrimonio y sus rentas del capital, lo que les brinda cobertura frente al alza de precios. Según datos recientes, los mayores de 65 en España tienen una renta disponible real que ha crecido durante los últimos años, mientras otros grupos han visto retroceder su poder de compra.
Generacionalmente también se agrava la diferencia: quienes tienen entre 55 y 64 años han obtenido aumentos de ingresos más rápidos que los de 25 a 34, y los millennials españoles registran un estancamiento prolongado de su poder adquisitivo.
