
La gasolina no da tregua. Tras la montaña rusa desde 2022, el litro se ha instalado en niveles altos y, a fecha de 19 de octubre de 2025, ronda los 1,46–1,48 €/l. Con la inflación repuntando al 3,0 % en septiembre, el depósito se ha convertido en otro recibo más que aprieta a familias, autónomos y pymes.
Y lo que viene no apunta a alivio. La UE estrenará en 2027 el nuevo mercado de emisiones (ETS2) para transporte y calefacción. Traducido: los distribuidores de gasolina y diésel pagarán por el CO₂ y lo repercutirán en el surtidor. ¿No era que íbamos a “proteger a los vulnerables”?
La horquilla de cuánto subirá es amplia. Con un precio de 48 €/t de CO₂, el encarecimiento estimado es de unos 11 c€/l en gasolina (13 c€/l en diésel). En un depósito de 50 l, son 5–6 €. Si el CO₂ se va hacia 100–120 €/t —escenario que barajan varios analistas para 2030— el golpe sube a 23–28 c€/l: llenar el tanque costaría 11–14 € más. Y si los precios del crudo acompañan al alza, el camino a los 2 €/l quedaría allanado. Por cierto, se ha diseñado un “freno” que libera permisos si el CO₂ se dispara por encima de 45 €/t, pero no es un techo duro y permite precios más altos cuando haya tensión.
Conviene recordar la factura fiscal actual. Entre IVA e Impuesto Especial de Hidrocarburos, más de un 40 % del precio del litro ya son tributos. Y no es precisamente un impuesto en decadencia: en 2024 la recaudación por Especiales subió un 6,6 %. Dentro del conjunto, el Impuesto sobre Hidrocarburos aumentó ingresos un 2,1 % y el tabaco marcó 6.927 M€, su mayor cifra desde 2012. Hacienda sonríe; el conductor, no tanto.
¿Y la economía real? Los costes energéticos ya se notan en la industria: los precios industriales encadenaron ascensos a comienzos de año y siguen presionando márgenes. Al final, la cadena es sencilla: más costes de transporte, más caro sacar la compra del súper y más difícil cuadrar el mes. La inflación al 3,0 % lo confirma, con los carburantes empujando otra vez.
Para una familia media, la cuenta es clara. Con un coche que gaste 6,5 l/100 km y 1.200 km al mes, hablamos de 78 l. Hoy paga unos 114–116 € mensuales solo en gasolina. Con el ETS2 en 48 €/t, añadiría ~8–9 € al mes. Con un precio del CO₂ en 110 €/t, el sobrecoste subiría a ~18–22 € mensuales. Si además el litro escala a 1,80–1,90 €, el gasto de movilidad se come lo que muchos destinan a ocio o ahorro. Y para transportistas y repartidores, cuyo “combustible” es un coste fijo, el peaje es directo en tarifas o en beneficios.
¿Habrá “compensaciones” para hogares vulnerables? Bruselas habla de un fondo social, pero aquí todavía no hay una hoja de ruta creíble. El Gobierno promete transición justa y transporte público… mientras mantiene una estructura fiscal que convierte cada subida de la gasolina en un multiplicador de ingresos. ¿Alguien va a explicar cómo se va a devolver ese dinero a quienes pagan el depósito?
Otro punto delicado: las expectativas. Si llevas meses viendo 1,45–1,60 €/l, te parece el “precio normal”. Pero la mezcla de CO₂, geopolítica y tipos de cambio puede mover 15–20 c€/l en pocas semanas. A eso súmale el calendario: 2027 está a la vuelta de la esquina para las empresas que deben renovar flota o firmar contratos a varios años. Y la administración, ocupada en anunciar objetivos climáticos, evita concretar un cronograma de medidas que amortigüe el golpe en carretera, logística urbana y reparto de última milla.
Mientras, la casuística española pesa. Empleo disperso, ciudades mal conectadas y parque móvil envejecido. Si la señal de precios es “Conduce menos o paga más” pero no hay alternativa real fuera de Madrid o Barcelona, el mensaje es otro: “Paga más”. Y ya pagamos bastante: entre hipoteca, alquiler, luz y cesta de la compra, la gasolina vuelve a competir por cada euro del mes. ¿Seguro que no había otra forma de diseñar la transición que no pasara por cargar el cubo de impuestos sobre el surtidor?
