
La expresión, “bono de inversión”, puede traer confusiones. Para muchas personas, un bono de inversión es una tarjeta de regalo, un incentivo que ofrecen los bancos, las fintech, o las corredoras al abrir una cuenta o al hacer un primer ingreso, y punto.
Para otras, el bono es el antiguo y clásico instrumento de renta fija que emiten algunos gobiernos o algunas empresas como forma de financiarse. Aquí hay que separar claramente ambos sentidos, porque los usos, los riesgos y la forma de evaluar lo que realmente “ganas” varía mucho, dependiendo de a qué nos estemos refiriendo.
Qué es, y qué no es, un “bono de inversión”
En el habla cotidiana, un “bono de inversión” promocional es un beneficio que te otorgarán si cumples con ciertos requisitos como abrir una cuenta, depositar un cierto mínimo de dinero, mantener el dinero depositado por un tiempo determinado o llegar a un cierto volumen de operaciones. No es dinero “regalado”, sino que suele estar sujeto a ventanas temporales, a límites y a condiciones de permanencia.
Diferente es el bono como instrumento de renta fija, aquí nos referimos a un título de deuda, con su cupón, o bien sin él, si se trata de un cupón cero, un plazo que se encuentra determinado, y con los riesgos propios del emisor y del país.
En cualquier caso, entender las condiciones es clave. Tal como sucede en otras industrias, resulta necesario contar con un mínimo de transparencia a través de restricciones claras y términos bien definidos.
Un sano hábito consiste en consultar comparadores que ordenan las condiciones y que nos obligan a leer las exigencias de elegibilidad y canje. En particular, los mercados regulados financieros y el juego online. En entretenimiento digital, como las plataformas de apuestas y los casinos online, hay mucho que tener en cuenta. Sitios como askgamblers.com muestran claramente las exigencias y límites de los bonos promocionales, enseñando en qué debemos fijarnos a la hora de escoger un bono u otro, lo que podemos extrapolar para cualquier industria. Este es un ejercicio de transparencia que resulta conveniente replicar cuando evaluamos el tipo de incentivo financiero que nos puede ofrecer una entidad regulada en su propio ámbito.
Clave 1: Validar en primer lugar al oferente y su supervisión
Antes de hacer cálculos para determinar si un bono promocional «conviene», hay que saber si la entidad emisora está autorizada y qué normativa de publicidad le aplica. Para la región, Colombia puede ser de referencia.
La Superintendencia Financiera de Colombia establece qué debe incluir la publicidad de premios o incentivos, puede impugnar campañas de publicidad si inducen a error o trasladan costes de publicidad al consumidor, y requiere que la información de condiciones sea con la debida completud, comprensión y claridad.
Clave 2: Pasar la letra pequeña al rendimiento efectivo
Una promoción suena bien o se capta bien cuando sólo se lee el beneficio nominal. Para saber si conviene, deberíamos pasarlo a «rendimiento efectivo» teniendo en cuenta todo aquello que atenta contra el mismo.
El primer paso a tener en mente sería detectar las variables que condicionan el canje (monte o cuotas mínimas, plazos de permanencia, ventanas para activar o reclamar el beneficio, exclusiones). En ocasiones, el incentivo se pierde si hay reembolsos anticipados o si no se opera el volumen deseado.
En Latinoamérica la interconexión y el acceso a los servicios siguen extendiéndose, por lo que es más frecuente que las fintechs ofrezcan sistemas de cashback (habilidades para la devolución de un porcentaje del importe de la compra) o de abolición de las tarifas de suscripción durante un período limitado.
La ventaja real se pierde sólo si posteriormente se añaden tarifas de reembolso, comisiones de conservación o márgenes de compra o venta que no sean los próximos.
Clave 3: Si el bono es de renta fija, vigila el riesgo del emisor, su duración y sensibilidad al tipo de interés
Al hablar de bonos como instrumentos de deuda, el análisis es diferente. La rentabilidad esperada no está condicionada por la consecución de una condición promocional, sino que depende de la solvencia del emisor, de la estructura del cupón y de la evolución de los tipos de interés.
En los mercados de Latinoamérica, el riesgo país introduce una nueva capa, las primas exigidas a emisores soberanos y corporativos se pueden mover según la perspectiva macro y la situación fiscal.
Un bono con cupón fijo y larga duración es susceptible a una caída de su precio si aumentan las tasas. Pero un bono indexado a inflación protege el poder adquisitivo, aunque el rendimiento de su pago puede ser más bajo si se desacelera el índice.
Clave 4. Impuestos y costos que modifican el resultado final
En el caso de las promociones, los beneficios pueden estar sujetos a tributación como ingresos o rendimientos, y en el caso de renta fija, los cupones pagarán impuestos de acuerdo con las reglas locales y, en ocasiones, se aplican retenciones en la fuente.
En México, Colombia o Perú hay diferencias relevantes en el tratamiento de intereses, ganancias de capital y dividendos. El costo de la compra de un activo o el rendimiento promocionado deben complementarse con la posible existencia de comisiones de corretaje, de mantenimiento de cuenta, de custodia de títulos, y de los spreads en la ejecución.
Una promoción que promete ahorros en comisiones de entrada puede quedar neutralizada si las comisiones de salida son elevadas o si la plataforma aplica spreads amplios en horarios de baja liquidez.
Clave 5: Transparencia publicitaria y derechos del usuario financiero
LATAM ha ido avanzando en requerir mensajes publicitarios más claros. Una práctica saludable es buscar, dentro de la pieza comercial, una identificación con la entidad que ofrece el bono, las condiciones necesarias para acceder al beneficio y el tiempo de vigencia. Más allá de los topes, las exclusiones, las vías de contacto y de quejas y aclaraciones.
